Convergencia para tumbar la democracia

El eco de las notas y el texto antifranquista de L’estaca, del ahora empresario enólogo Lluís Llach (“segur que tomba, tomba, tomba…”), componía la melodía musical con la que concluía la Asamblea Ciudadana podemita de Vistalegre II. Eran maneras de kumbayá fraternal y fondo de purga estalinista contra el sector de la transversalidad errejonista. Antes y después, han proseguido los paseíllos de autoridades y simpatizantes de la causa independentista catalana en apoyo de los principales líderes de la misma (Podemos también se ha manifestado a favor del denominado derecho a decidir), que desembocan ante las puertas solemnes de los tribunales de justicia españoles.

Ambos movimientos de masas son ejemplos de la convergencia de intereses políticos entre el populismo español y el independentismo catalán (la rama autónoma del populismo), a la hora de intentar liquidar el sistema constitucional de 1978, ahora etiquetado como #RégimenDel78 (“si tires fort ella caurà…”) por aquellos líderes de Podemos que, a duras penas, habían nacido con él. Es decir, se intenta acabar con el sistema democrático al que contribuyeron decisivamente las fuerzas catalanistas (con Miquel Roca como padre de la Constitución) y el pueblo catalán en su conjunto en el momento de votar muy mayoritariamente dicha Constitución. También el catalanismo contribuyó en el diseño y el desarrollo de las bases constitucionales a través de la siempre determinante Convergència i Unió, por lo que el encaje de Cataluña en España supuso importantes beneficios para aquel territorio autonómico, en cuanto a inversiones del Estado y al establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica, siempre pactados con las formaciones catalanistas.

Esta singularidad del espaciotiempo político -que define lo español políticamente correcto– en la que conviven lo más plácidamente posible la izquierda antisistema (y de las CUP) con la derecha catalana más insolidaria, surge a consecuencia de la crisis económica y del quebranto de la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, así como de la mengua de los recursos de las Administraciones Públicas y, con ellas, los de las Comunidades Autónomas. En el fragor de la batalla política -a la cual han contribuido a potenciar los omnipresentes y omnipotentes medios de comunicación de masas- entra en escena el movimiento populista que reclama más igualdad social, y vuelve a la misma el irredentismo catalán, insolidario en cuanto pretende la máxima desigualdad autonómica, o sea, la independencia respecto de los demás pueblos que constituyen el Estado Español, ahora que vienen mal dadas.

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(Fuente: Diario crítico)

No es el único momento en el que fuerzas políticas catalanas han pretendido pirarse de España, ni será el último:

  • La guerra dels Segadors de 1640, supuso un breve periodo de independencia con 11 años de insufrible integración en Francia, un Estado más centralista que el español.
  • El Tancament de caixes de 1899, con la célebre sentencia de Manuel Durán i Basno ens entendran mai“. El grito de “Abaix els lladres“, o los silbidos a la Marcha Real  denunciados por Segismundo Moret en 1901.
  • La proclamación en 1934 del Estat Català en la República Federal española, realizada por Lluís Companys…

Es evidente que la corrupción ha supuesto el debilitamiento del bipartismo imperfecto, con el crecimiento de Podemos y Ciudadanos a costa de los partidos de gobierno (PP y PSOE), involucrados en casos de corrupción que han tenido lugar durante la época de bonanza económica, pero que la lentitud de la justicia y la voracidad de audiencias de los medios de comunicación han hecho bien presentes en nuestro afán.

También és clar i català que la corrupción autóctona (la de fuerza política del #RègimDel80: la CiU de Jordi Pujol) ha servido de detonante para la puesta en marcha de un procés de desconexión con España que bien podría desarrollarse bajo el título español de la película de Woody Allen: Coge el dinero y corre… (que la justicia española -para más señas- nos pisa los talones. Si logramos la independencia “ens podrem alliberar…” de ese yugo tan indeseable).

En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Bajo la pátina de progresismo y democracia, se ocultan los viejos relatos (de terror) que, por aquel entonces, “l’avi Siset em parlava“…

 

 

 

 

 

 

“No es No” al “Sí o Sí”

Hay quien sostiene que no existen las casualidades. En el transcurso de pocas horas, hemos asistido al acto de presentación de la candidatura de Pedro Sánchez, dentro del proceso de primarias para elegir al próximo Secretario General del PSOE, horas después de que la Fiscalía anunciara que iba a investigar las declaraciones del exjuez Santi Vidal, en las que comunicaba que la Generalitat Catalana había obtenido ilegalmente los datos fiscales de los catalanes, entre otras lindezas, dentro del procés anticonstitucional. Con ello, se ha constatado que “por la boca muere el juez” (como cargo, además de como senador de ERC).

Es evidente que la política española (¿solo la española?) vive tiempos inestables ligados al protagonismo de políticos ligeros de cascos:

  1. No ha mucho, el mismísimo Pedro Sánchez, en su calidad de Secretario General de los socialistas, se escudó en el célebre eslogan “No es No” (al actual Gobierno de Mariano Rajoy) para rehuir sus responsabilidades ante los sucesivos récords históricos de peores resultados de su partido, al tiempo que pretendía conquistar el poder mediante pactos con Ciudadanos, Podemos y con el sursum corda. Todo bien ilustrado con un amplísimo repertorio de poses y fotos para la posteridad, y de paseíllos ante las cámaras de televisión de líderes la mar de antitaurinos.
  2. Desde la otrora Marca Hispánica, el actual Molt Honorable Carles Puigdemont bajo la égida (con visos de secuestro) de la ERC de Oriol Junqueras y las CUP de Anna Gabriel, lanza el grito de guerra de “Referéndum, Sí o Sí”, a pesar de que, aunque las fuerzas políticas independentistas han logrado la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya, perdieron el referéndum solapado en el que quisieron convertir las elecciones autonómicas del 27-S-2015. Con la puesta en marcha del procés, los líderes soberanistas han demostrado fehacientemente su firme vocación de expolíticos, con el Astut Mas a la cabeza, al calor de las ascuas del ‘procés’, o al sentir la frialdad a la hora de dar cuenta de sus actos ilegales ante la Justicia española (la única).

El “No es No” de las huestes de Pedro Sánchez ha ocasionado una de las más graves crisis en el seno del PSOE, y mantuvo a todo el país en vilo, con gobierno en funciones durante casi un año. Lo del Gobierno se ha (medio)arreglado a costa de profundizar la crisis socialista que apunta hacia el proceso de primarias y la celebración del Congreso Federal antes del verano.

Por su parte, el “Sí o Sí” ha provocado los siguientes cataclismos políticos:

  • La desaparición de Convergència i Unió como coalición hegemónica en Cataluña durante más de 30 años, además de decisiva para la gobernabilidad del Estado Español, ya fuera para facilitar gobiernos socialistas o del PP mediante la correspondiente negociación de privilegios para el pueblo catalán.
  • La progresiva jibarización de Convergència, ahora travestida en P(D)eCat (de soberbia e insolidaridad).
  • La división profunda de la sociedad catalana en dos mitades políticas casi iguales.
  • El más grave reto planteado al Estado, ya que atañe a su integridad territorial.

Casualmente, el bocazas de Vidal ha anunciado la supuesta conjunción planetaria entre los posicionamientos políticos de Pedro Sánchez y los soberanistas, ambos proclives a la transgresión de unos cuantos principios democráticos. En el caso del sanchismo, se vulneró el principio no escrito de facilitar el gobierno a la fuerza política más votada, además de esconder pactos secretos a la luz deslumbrante de las omnipresentes cámaras de televisión.

Los independentistas catalanes rompen la lealtad a un sistema constitucional en el que fueron decisivos para su implantación y buen funcionamiento, además de pasarse por el forro el principio fundamental de sometimiento de las autoridades al imperio de la ley y del derecho. Bajo la apariencia de un procés soberanista se esconde, tal vez, el intento de romper con la legalidad española, con la pretensión de declarar la insumisión a un sistema legal que ya tiene en el punto de mira a los responsables del (presunto) régimen corrupto del Problema del 3%, anunciado en su día por Pasqual Maragall.

Sabemos que en la era de la información imperan los pensamientos expresados en 140 caracteres y los eslóganes de lo más ocurrente y variado. También que el debate político se ha convertido en puro teatro.

Al final, en política todo parece desembocar en mera forma vacía de contenidos, en buena parte ocultos a la sociedad. Tarea de todos será desenmascarar estas agendas ocultas que tienen como objetivo derrumbar el sistema democrático.

(Fotografía: eldiario.es)

 

 

La política como religión, con perdón

Es evidente que el proceso de secularización social también ha invadido el terreno de la política. No solo es un fenómeno ubicado en el espectro de la izquierda que se reclama atea y antirreligiosa (aquella que no quiere ver crucifijos en las aulas, y apuesta por las bodas civiles y los bautizos cívicos), sino que ya se extiende a todas las fuerzas políticas.

Este proceso contra el sentimiento religioso viene a sustituir a la energía revolucionaria en los brazos de los parias de la Tierra y en las mentes de los intelectuales comprometidos. Durante los primeros momentos de la crisis de 2008, vivimos cierta incertidumbre sobre la viabilidad del sistema capitalista, productor eficaz de bienes y servicios, y distribuidor de bienestar social a amplias capas de la sociedad, en épocas de bonanza económica, aunque también es amplificador poderoso de la desigualdad social y la miseria durante los ciclos de crisis profundas.

Desterrado, por ahora, el cambio revolucionario, los ojos de los políticos reformistas se han vuelto sobre el fenómeno de la corrupción, en cuanto causa y efecto de los males que afectan a ese sistema socioeconómico tan injusto. Además, la lucha contra la corrupción posee la virtualidad de poner ojos y cara a los responsables máximos del statu quo nefando, aquellos que se han aprovechado de las oportunidades facilitadas por el sistema y que, con ello, han provocado el shock del tinglado financiero y de la economía en general.

Pero la corrupción no es un concepto exclusivo de un sistema socioeconómico. En la realidad física, la corrupción se predica de un cuerpo sano que se deteriora por la enfermedad y por el paso del tiempo. Según los postulados religiosos, la corrupción atañe a un alma inmaculada que se pierde por el pecado.

Entre la impotencia revolucionaria y las tendencias secularizadoras de la sociedad, resurge con fuerza la doctrina ideológica de búsqueda de la perfección (¿espiritual?) del sistema realmente existente -y sin alternativa posible-, a través del esfuerzo por alcanzar su pureza máxima. Ello se pretende conseguir por medio de las políticas de transparencia de las actuaciones de los cargos públicos, y de la lucha contra los casos de corrupción. Sin embargo, estas políticas rehuyen el esfuerzo por plantear propuestas viables a las deficiencias socioeconómicas del sistema y, en la mayoría de las ocasiones, suponen una mera actitud de desgaste del adversario político, al objeto de hacerse con el poder.

Esta inclinación hacia la religiosidad en el campo de la política, se salda con la proliferación de declaraciones públicas por las que se pide perdón por los pecados cometidos en el presente o en pasado, por los mismos declarantes, o sus correligionarios y afines. Investidos de la Gracia otorgada por las urnas, los oficiantes de los ritos de la nueva religión exigen el perdón sincero de los gobernantes hacia La Gente, ese nuevo tótem político elevado a los altares de la democracia virtual, al cual se debe veneración absoluta y completa sumisión.

Lo acabamos de observar con las disculpas ofrecidas por el Ministro de Fomento a las personas atascadas en el temporal de nieve por las penosidades padecidas, así como con el perdón dirigido a los familiares de las víctimas del Yak-42 de la Ministra de Defensa María Dolores de Cospedal, con motivo del dictamen del Consejo de Estado sobre las responsabilidad del Gobierno de Aznar y, particularmente, del ex Ministro de Defensa Federico Trillo.

Como síntoma de lo políticamente correcto, las izquierdas demandan perentoriamente a las derechas que condenen dictaduras del pasado, y la Iglesia pide perdón por la condena de la Inquisición a Galileo Galilei (de eso hace ya unos cuantos años)… Por este camino, no habrá suficiente perdón en la faz de la Tierra para exculpar todos los males causados por los humanos sobre otros humanos, desde el momento iniciático en que Caín mató a su hermano Abel con la quijada de un burro.

Mas, todo pecado lleva aparejada su correspondiente penitencia. Y en la nueva política, esta se sustancia mediante la asunción de responsabilidades políticas… o la cárcel. Pues, debemos tener bien presente, que la beatitud de los sacerdotes de la pureza política se complementa a la perfección con la crueldad implacable dispensada a los adversarios ideológicos.

 

 

 

2017 se escribe con “S” de Susana, Socialismo y Secesión

En el horizonte del nuevo año divisamos dos fenómenos que, no por antiguos, van a dejar de marcar la agenda politica: el posicionamiento político e ideológico del PSOE y el desenlace del órdago soberanista catalán al Estado español. Estos dos movimientos políticos serán claves para el mantenimiento o la reforma del sistema constitucional nacido en 1978. De momento, los grandes actores de la escena política se limitan a jugar al escondite inglés:

  • La Gestora del PSOE y Susana Díaz (eterna candidata a presidir el PSOE) para alejar la fecha de celebración del Congreso Federal y así disipar con el transcurso del tiempo el presunto liderazgo de Pedro Sánchez, de trazas populistas.
  • El independentismo catalán para amagar con dar y, a la vez, tratar de esconder sus cartas. Con esta jugada se intenta salir del callejón sin salida al que han conducido a sus líderes más destacados (camino a los banquillos de los Tribunales de Justicia, por transguesores de la ley y desobedientes de las sentencias judiciales), al Parlament y a toda la sociedad catalana.

Estos pueden ser los descartes político del año en curso:

Uno. El socialismo se encuentra en la encrucijada para definir su posicionamiento ante los pros y contras que presenta el sistema capitalista. A medio y largo plazo, el PSOE deberá definir su posicionamiento político entre estas coordenadas ideológicas:

Socialdemocracia.

Papel clásico jugado por los partidos socialistas europeos, en cuanto a administradores desideologizados del capitalismo y reformistas responsables con sensibilidad hacia la redistribución social de la riqueza.

Deriva hacia la izquierda populista.

Alternativa propugnada por el ex secretario general Pedro Sánchez que, al objeto de competir con Podemos para liderar a la izquierda política y seducir a la militancia y al electorado más radicalizados, condujo al PSOE hacia el inmovilismo irresponsable con el eslogan “No es No”

Pergeñar nuevas teoría y prácticas que permitan superar los inconvenientes del capitalismo y avanzar hacia una sociedad más próspera e igualitaria.

Este último supuesto requeriría la incorporación al proyecto socialista de intelectuales solventes, además de dirigentes y militantes identificados con un proyecto político audaz y responsable a la vez.

 

Dos. Sobre los postulados del secesionismo catalán cabe preguntarse:

¿Continuará el secuestro de la media Cataluña no separatista por la otra media Cataluña independentista? ¿Los parlamentarios soberanistas continuarán reivindicando que #72SomTots, que la escasa mayoría de escaños separatistas ha de imponerse sobre la también escasa mayoría de electores que se expresaron en contra de la independencia en las elecciones del 27 de setiembre de 2015, convocadas con vocación plebiscitaria?

¿Será posible alcanzar el consenso necesario para conseguir el equilibrio entre un Estado central descentralizado y unas nacionalidades y regiones capaces de satisfacer los sentimientos de pertenencia a una tierra y la prestación eficiente de los servicios públicos?

Al respecto, cabe recordar que las fuerzas catalanistas contribuyeron de manera determinante en la consecución de los acuerdos fundamentales en los que descansa el régimen constitucional y, con él, el Estado de las Autonomías, mediante la participación destacada en la elaboración del texto constitucional y en la definición del actual sistema de financiación autonómica. Cuando las cosas han venido mal dadas, como consecuencia de la crisis económica y la debacle del imperio corrupto de los Pujol, el nacionalismo catalán moderado se ha convertido en independentista. Por ahora, la mirada de Oriol Junqueras -entelada por la emoción provocada por el procés– ha logrado la confusión de flequillos de Carles Puigdemont, situado a su derecha, y de Anna Gabriel, que se sale del sistema.

De lo que podemos estar seguros es de que se seguirán vertiendo ríos de tinta particularistas e insolidarios, sobre la hoja de ruta que intenta romper los consensos alcanzados durante la Transición, así como el principio de solidaridad interterritorial. También és clar i català que -a río revuelto- el nacionalismo catalán conquistará una posición de fuerza para negociar con el Estado privilegios en materia de financiación e inversiones: nada nuevo bajo el sol.

 

Tres. Quien no se esconde es el PP, como partido conservador. Junto con Ciudadanos -y en parte con el PSOE- se limita (que no es poco) a consensuar las medidas socioeconómicas que permitan  la supervivencia del Gobierno de Mariano Rajoy, y el mejor funcionamiento del sistema.

Mientras, ¿los valencianos nos limitaremos -como siempre- a verlas pasar para que, al final de la fiesta nacional, nos digan  a cuánto ascienden los dispendios de la juerga ajena?

 

Parlamentos de kumbayá y sobaquillo

Además de por la jerga pseudorrevolucionaria y sus soflamas demagógicas, las nuevas formaciones que provienen del movimiento de los indignados son conocidas por la exhibición pública de atuendos informales, peinados estrambóticos y, si corresponde, la utilización de la más  burda tecnología digital (vía axila sospechosa) al objeto de comprobar los niveles de resistencia odorífera de determinado cuerpo sumergido en un Parlamento, en este caso, el catalán.

No podemos olvidar que ese movimiento (anti)político tenía como eslogan principal el “no nos representan”, por lo que resulta coherente su reiterada demostración de falta de respeto hacia las instituciones a las que acaban de acceder y donde reside la soberanía del pueblo, al parecer, ente diferente en su argumentario político al de la gente, en cuanto sujeto colectivo ideal al cual dicen representar.

Precisamente, ahora que están dentro de los Parlamentos necesitan emitir signos sobre la continuidad con el movimiento indignado, al objeto de marcar diferencias con la denostada “casta” política. De ahí la sentada de Pablo Iglesias con los jóvenes -y no tan jórvenes- periodistas sobre una lujosa moqueta en el incomparable marco del Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, la cual ofrecía una imagen que bien podría ser entresacada del Sermón de la Montaña o de un corro de boys scouts alrededor de la hoguera. Para rematar la faena solo faltó que el superstar arrancara a su guitarra los acordes del Kumbayá, a los que respondería el canto espiritual de la prensa, rendida a sus encantos…

No obstante, estas actuaciones de los herederos de la indignación solo son perpetradas en las sedes de las instituciones y ante la presencia del Rey como Jefe del Estado, por ejemplo. En otros lugares y circunstancias, como en la gala de entrega de los Premios Goya del cine español, se impone el esmoquin ante los colegas del mundo de la farándula. De esta forma, se establece un claro indicador del respeto que se profesa (o no) hacia instituciones, personajes y personas.

Ante la falta de alternativas políticas rigurosas al sistema vigente, y para superar la disyuntiva entre democracia formal y democracia real, los líderes de Podemos han optado por potenciar la democracia informal. Por ello, necesitan dar la nota -día sí, día también- al objeto de ser objetivo preferente de otras cámaras, ya sean fotográficas o de televisión. Ora se presentan con un bebé a una sesión parlamentaria; ora acuden montados en sus bicicletas al Congreso; ora se besan -reiteradamente- en los labios por el hemiciclo o los pasillos del Parlamento. En definitiva, todo pura pose; lo suyo es puro teatro. Nada de “ora”, poco de “labora”. Pero para la prensa son sus personajes favoritos, pues son suministradores generosos de imágenes chocantes y frases ingeniosas, en definitiva de todo aquello que es noticiable dada su originalidad.

Constatado su más rotundo éxito mediático, en cuanto Flautista de Hamelín reconvertido en perroflauta ocasional de esmoquin y moqueta, Pablemos superstar se siente capaz de llevar a todo aquel que siga sus pasos hacia el abismo, hacia la nada

 

Cuatro Cosas que Podemos (y Debemos) Saber sobre la Constitución Española

1.- Franco murió en la cama. Ya sea por la fuerte represión tras la derrota en la Guerra Civil, su inveterada división y/o el conformismo de la mayoría del pueblo español, el paso de la dictadura franquista a la democracia se produjo como consecuencia del pacto entre los restos políticos del franquismo y los partidos demócratas opositores, para recorrer una vía pacífica que culminó con la entrada en vigor de la Constitución Española en 1978. Ante el actual reto independentista planteado por las fuerzas catalanistas y de izquierda, cabe recordar que en la elaboración del texto constitucional intervinieron dos Padres de la Constitución -de un total de siete- que eran catalanes: Miquel Roca i Junyent, del grupo catalán (CiU) y Jordi Solé Tura (PSUCPC, después PSCPSOE).

2.- La Constitución española  obtuvo el voto muy mayoritario del pueblo español. Como datos curiosos, a continuación se indican los resultados electorales del referéndum para la ratificación de la Constitución en las dos nacionalidades más guerrilleras y en aquella cuyo himno empieza con la archiconocida estrofa que dice así: “para ofrendar nuevas glorias a España”. Estos son los porcentajes:

  • Cataluña. Sí: 90,46%. No: 4,61%. Abstención: 32,09% (¿cabe mayor apoyo de un pueblo, identificado con la norma suprema?).
  • Euskadi. Sí: 69,81%. No: 23,53%. Abstención: 55,34% (el PNV optó por la abstención).
  • Comunidad Valenciana. Sí: 88,84%. No: 6,97%. Abstención: 25,86%.

Tal ha sido la identificación del nacionalismo catalán con el sistema constitucional, que aquel se constituyó como fuerza política determinante para la gobernabilidad del Estado (ya fuere con gobiernos del PSOE o del PP), por lo que obtuvo a cambio privilegios en materia de inversiones, mayor autonomía en materias de educación y tributaria, así como que el establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica siempre se llevara a cabo con el plácet catalanista. Ahora que, con la crisis, vienen mal dadas… (Euskadi y Navarra, por su parte, ya van bien con sus conciertos económicos, tan insolidarios).

3.- La gente de esa época (por entonces ya había gente) votamos en un mismo lote la Monarquía Parlamentaria, como forma de gobierno; el Estado Social y Democrático de Derecho; la unidad de España y el Estado Autonómico. Con ello, se deseaba encarar un futuro de esperanza y relegar para la Historia la Guerra Civil, la dictadura franquista y la añoranza del sistema democrático de la República plagada de divisiones sociopolíticas y de hechos políticos violentos.

4.- Como consecuencia de los efectos nocivos de la crisis económica, las fuerzas nacidas del movimiento de la indignación mediática, en coalición con el oportunismo secesionista y sus comprensivos aliados, alzan la voz sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma en profundidad de la Constitución (cuando no enmendarla en su totalidad). Al respecto, se puede constatar:

  1. La Constitución española establece los sistemas para llevar a cabo su reforma, los cuales precisan de amplios consensos parlamentarios.
  2. En la mayoría de las ocasiones, más que de reformas constitucionales, hace falta poner los recursos necesarios para hacer efectivas las disposiciones que garantizan derechos individuales y colectivos, como por ejemplo:
  • Acceso a una vivienda y a un trabajo dignos
  • Independencia y funcionamiento eficaz del Poder Judicial.
  • Financiación autonómica (el bochornoso caso de la infrafinanciación de la Comunidad Valenciana lo trato más en profundidad en la entrada Ni financiación, ni RTVV, ni ministros: El pueblo valenciano, fuera de la Constitución: http://wp.me/p4n4JW-h9 ).
  • Descentralización del Estado para evitar duplicidades administrativas y hacer más eficiente el sistema.
  • Solidaridad interterritorial que ponga sobre el tapete autonómico no solo el trasvase de dinero de las Comunidades ricas a las pobres, sino también de recursos físicos tan vitales como el agua, por ejemplo.

[5. Si hay alguien ahí, y que desee profundizar en el debate sobre la reforma constitucional, encontrará una sucinta propuesta en la entrada Se les está pasando el arroz (a #JuntspelSeny, de la Tierra Media): http://wp.me/p5yGMp-3P ].

 

 

En España se enterraba muy bien

Puede parecer un contrasentido más de la racionalidad humana, pero los hechos lo constatan: en general, los humanos dispensamos un mejor trato a los muertos que a los vivos. “En España se entierra muy bien”, se atrevía a decir el exdirigente socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

Pues, cada vez con mayor frecuencia, observamos los espectáculos ofrecidos como homenaje en memoria de las personas muertas, incluidos los aplausos multitudinarios que se tributan al paso del féretro (¡como si el difunto -ya convertido en símbolo inerte de su vida y milagros, y amuleto contra nuestra propia muerte- pudiera escucharlos!).

Mas, como ya comienza a ser criticado este trato preferente hacia los muertos en detrimento de los vivos, van implantándose los homenajes a las personas aún vivas. Sin embargo, ser objeto de semejante tributo bien pudiera ser síntoma de mala salud: probablemente algún ser estimado ha detectado que tus días en este mundo traidor están a punto de agotarse, y por eso te preparan la despedida que te mereces.

También resulta evidente que, en todo momento, el difunto siempre supera en bondad y sabiduría al vivo; por lo menos así se manifiesta en los elogios y adulaciones que se dirigen hacia el muerto y que tanto regateamos al vivo. Este forma parte del mundo, participa en la lucha por la competencia para intentar sobrevivir y flotar; en cambio la persona muerta se aparta de nuestro trayecto vital y ya no representa ningún obstáculo en nuestra marcha que, a menudo, consideramos triunfal.

Además, los muertos se convierten en aldabonazo, en símbolo, de nuestra existencia finita, y eso representa otro motivo para la reverencia que les dispensamos. Los muertos abren la senda que más tarde deberemos recorrer los que fuimos testigos de su tránsito hacia el interior del ataúd. En este sentido, el respeto manifestado en los ritos del entierro suponen una especie de exorcismo de nuestras propias muertes, un hecho que la conciencia considera inevitable, pero que nuestro instinto de supervivencia intenta negarle su certificado de veracidad.

Ay, si cuidáramos tan bien a los vivos como hacemos con los muertos!; otra sería la faz de la sociedad humana. Un nuevo lema (parafraseando el mensaje cristiano) podría cambiar el signo de la especie humana: “Respeta al vivo, así como respetas al muerto”, porque -podríamos añadir- tarde o temprano te tocará hacer el muerto.

P.D.: Naturalmente, estas reflexiones sobre principios éticos de nuestra sociedad han quedado obsoletas con la llegada a España -y al mundo entero- de la nueva e indignada política. La trágica muerte (¡existe alguna muerte que no sea trágica!) de Rita Barberá ha aflorado a la superficie mediática el odio reconcentrado que determinadas personas y fuerzas políticas ya manifestaban en vida de la exalcaldesa de Valencia y senadora.

Así, los líderes de Podemos, por ejemplo, no se han cortado ni un pelo de sus coletas pseudorevolucionarias, a la hora de sentenciar que la política fallecida era una “corrupta” (a pesar de no tener ninguna sentencia judicial que así lo dictaminara) y negarse, por ello, a observar el minuto de silencio que le tributó el Congreso de los Diputados, como respeto a un referente del sistema democrático español y valenciano.

Ay, si a Rita Barberá se le hubiese respetado, como mínimo, el derecho de presunción de inocencia que corresponde a todo ser humano, hasta que la muerte la separara del resto de la humanidad (aún) viviente… y más allá…

Una democracia virtual y ‘trumposa’

En esta época que nos ha tocado vivir constatamos fenómenos políticos y mediáticos como los encarnados en  Silvio Berlusconi, primero, y  Donald Trump, últimamente. Son personas carismáticas procedentes del mundo empresarial y con una fuerte presencia en los medios de comunicación, tanto en lo que respecta a su propiedad como en lo referente a la presencia en los mismos. Con ello, y  transmitiendo mensajes que masajean los oídos de la gente -más o menos indignada con la clase política tradicional-, han conseguido el máximo poder político en sus países.

Paradójicamente, estos magnates (conservadores) de la empresa y la política internacional han  acabado unidos, por los rayos catódicos, a otros líderes mediáticos, por ejemplo, a los del partido de los indignados españoles (¿de izquierdas?, ¿socialdemócratas?, ¿de los de abajo?, ¿transversales?), es decir, Podemos.

Ante estos fenómenos de la vida política y mediática, hemos de preguntarnos: ¿Estamos asistiendo a la construcción de una realidad político-mediática virtual, o de política-plasma, alternativa al sistema político actual?

Porque, inmersos como estamos en la sociedad de la información, los líderes políticos que saben utilizar los resortes que dirigen aquella (radio, televisión y redes sociales) consiguen los objetivos que se proponen, desde una fuerte presencia institucional hasta la obtención de la presidencia de gobiernos de países importantes. De esta manera, Berlusconi consiguió ser Presidente de Italia, como ahora Trump ha logrado la Presidencia de los Estados Unidos. Del mismo modo, no se puede entender la emergencia en el ámbito político español de Podemos, si no tenemos en cuenta la omnipresencia de dicho partido en los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión.

En este sentido, y centrándonos en la realidad española, parece que  los principales medios de comunicación privados y determinadas fuerzas políticas emergentes, entre las cuales destaca Podemos, están enfrascados en la consolidación de una realidad virtual paralela a la de la política real, aquella que se despliega en el Congreso y el Senado, además de en los distintos parlamentos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones provinciales, sedes de los partidos políticos, etc. Se trata de un fenómeno hermano del que representa la economía virtual (o especulativa), respecto de la economía real, y que tantos quebraderos de cabeza está causando a la clase política y, principalmente, al ciudadano de a pie (buena parte de los economistas consideran a la crisis financiera como causa detonante de la crisis económica actual).

Tanto la una (la economía virtual), como la otra (la política virtual) funcionan con un mecanismo propio generador de burbujas (fuertes expansiones que las alejan de los parámetros reales) que, cuando alcanzan determinados niveles de saturación, se pinchan. En ese preciso instante, los signos de la realidad se imponen y se destruyen los castillos de naipes con los que se ha jugado la partida de la realidad virtual.

También es común a las virtualidades económicas y políticas el fenómeno de expansión por contagio viral: transmisión exponencial de los datos a través de los sistemas de información dominados por el Big Data y las redes sociales.

Mas, en la realidad virtual política, se ha llevado el Gato el Agua la nueva generación de políticos que provienen, en buena parte, del colectivo de los  indignados, pronto convertidos en casta-plasma, por mor de su omnipresencia en los  medios de comunicación de titularidad privada y, de rebote, por contagio viral, en los mass media públicos. Así puede explicarse que, antes de la fundación de Podemos, su futuro líder  Pablo Iglesias  ya actuara como auténtico  superstar en los principales canales de televisión privada. Después se produjo la presencia mediática de otros líderes de su movimiento como  Tania Sánchez, para a continuación -con la creación de Podemos como partido político- intensificar la visualización de esta organización recién nacida.

Ello ayuda a explicar el crecimiento exponencial de esta fuerza política, a partir del logro de cinco representantes elegidos por el pueblo en la elecciones al Parlamento Europeo de 2014 (conseguidos, por cierto, con un programa que prometía el oro y el moro, como la jubilación a los 60 años, y que acarició los oídos de 1.250.000 votantes españoles, sensibles a los efectos nefastos de la crisis e inclinados a señalar como culpables de la misma a la clase política real, ahora transformada en “casta”).

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Y, en este nuevo terreno de juego virtual, las apariciones televisivas y las encuestas (con datos de lo mas variado y fluctuante; como hechas a medida) pretenden sustituir a las urnas, esas cajas transparentes con ranura en su parte superior, en las que se recoge el voto secreto que ha de elegir a las personas que “SÍ nos representan” en las instituciones donde reside la soberanía nacional y la voluntad del cuerpo electoral.

No debe extrañarnos que el fenómeno de la política virtual prolifere en esta  sociedad del espectáculo que nos ha tocado vivir, donde predominan las actitudes infantiloides de buena parte de la ciudadanía -que tan solo anhela la diversión y el entretenimiento-, como causa o efecto, entre otras cosas, de que los niños se han convertido en los “Reyes de la casa”.

Pues, a pesar de que parece existir una gran efervescencia social y política, esta sociedad manifiesta una gran carencia de sentido de responsabilidad respecto de la marcha de la sociedad y de compromiso político, sindical y civil; en realidad son colectivos bastante reducidos en número los que bajan a la arena político-social. La calle, siempre es una inmensa minoría respecto de la gente, aunque los dueños de aquella, a menudo, se erigen en representantes de esta, y  los medios de comunicación se manifiestan como la caja de resonancia de ese ruido social. El resto de la población se limita a ver los programas televisivos donde se representan las contiendas políticas en forma de debates y tertulias -si puede ser- bien subidas de tono, pero en las que  la sangre nunca llega al río.

Al final,  el máximo esfuerzo realizado por la gran mayoría de los ciudadanos en materia política, consiste en dirigir el dedo acusador contra la casta (apacible chivo expiatorio en el que se concentran todos los males y todas las culpas), dar pábulo a sus desmanes (casos de corrupción realizados por algunos de sus representantes durante la época de bonanza económica), en los círculos de amistad y de trabajo, así como en las redes sociales. Y contar chistes, muchos chistes; y transmitir muchos  memes en las redes sociales, en los que las víctimas de la chanza son aquéllos que “SÍ nos representan” (como mínimo, hasta que dejen de representarnos, si así lo decidimos las personas que depositamos una papeleta en una caja transparente, con ranura en su parte superior, y que damos en llamar “urna”).

Los Ferraz se abstienen. La Segunda Transición echa a andar (con P.D. a la valenciana)

Debate cruento y pletórico de emoción. Lo que es un principio democrático: que gobierne la lista más votada (que además ha llegado a reunir un total de 170 escaños, a 6 de la mayoría absoluta), se ha convertido en el seno del PSOE en una lucha cuerpo a cuerpo, que ha provocado la dimisión traumática de Pedro Sánchez como secretario general, la constitución de una Gestora, y la generación de un movimiento militante contrario a facilitar el gobierno del PP de Mariano Rajoy  que cuenta con la complicidad de dirigentes socialistas singulares, con el PSC de Miquel Iceta a la cabeza (el problema catalán siempre presente).

La crisis económica ha generado buenas dosis de indignación  (¡qué profunda emoción… aconsejaba Stéphane Hessel a los jóvenes en su libro ¡Indignaos!) ante las miserias producidas por aquella. Mas las crisis, por definición, siempre se han manifestado mediante problemas sociales y personales, empobrecimiento de las capas sociales más desfavorecidas, y miseria.

Y la emoción, como factor predominante para encarar las alternativas a la crisis, se ha instalado en la sociedad con la colaboración inestimable de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales  que, en la era del reinado de la información han azuzado a la clase política con la toma de medidas impopulares que han tenido que adoptar ante la crisis (obligados por los organismos europeos y la  Troika) y los casos de corrupción que se produjeron en la época de bonanza económica anterior a aquella.

Desde la racionalidad política no se entienden las enérgicas protestas que surgen de buena parte de la militancia del PSOE y algunos de sus dirigentes, al objeto de que los socialistas no hubiesen facilitado un gobierno del PP (con su abstención, no con su voto favorable), ya que -según manifiestaban- un partido de  izquierdas no puede ser cómplice de un gobierno de  derechas.  Se deseaba un gobierno de izquierdas que acabara con lo que consideran una política económica nefasta, austericida, llevada a cabo por el gobierno de derechas. Pero, parece que esos militantes exaltados y podemizados, auxiliados por los líderes podemitas, no caen en la cuenta de que cualquier clase de gobierno, del color que sea, no puede dejar de aplicar las medidas dictadas por la UE y la Troika. ¿Por qué no elevan su mirada hacia el Olimpo?

Sucedió que en Grecia un gobierno muy de izquierdas -de la Syriza de Alexis Tsipras-, tras ganar un referéndum donde se planteaba no cumplir las directrices austericidas que venían de Bruselas,  ha tenido que tragar con dichas imposiciones (agravadas) y, entre otras medidas antisociales, ha rebajado un 30% las pensiones de sus jubilados. Es decir, este gobierno tan de izquierdas ha tenido que tomar las medidas que hubiese adoptado un gobierno de derechas. O tal vez más…

A la vista de los hechos, ¡menos lobos! Esta difícil situación política requiere más dosis de racionalidad y menos de emoción. Es la receta que parece querer aplicar el Comité Federal socialista en su reunión del 23 de octubre. Con la abstención del grupo socialista en el Congreso para que pueda ser investido Mariano Rajoy, la política española puede entrar en una nueva fase a la búsqueda de consensos que permitan llevar a cabo las reformas que precisa la sociedad española, en materias tan sensibles como educación, legislación laboral, financiación autonómica, reforma constitucional… lo que se ha venido en denominar Segunda Transición. Por segunda vez en la Historia de España, de la necesidad de los débiles en conflicto puede surgir la virtud que transmita la fuerza al sistema democrático. Todo ello, dentro de los cauces institucionales propios de cualquier sistema democrático que se precie de serlo.

Solo así se podrán desenmascarar los posicionamientos demagógicos y profundamente antidemocráticos de los dirigentes de Podemos, enrocados en la llamada a la emoción (seducir o dar miedo es su alternativa) y a la revuelta callejera (la vía institucional parece que les ha salido rana al no haber obtenido los apoyos que esperaban de los electores) que, por cierto, cada vez será más menguante conforme se vayan diluyendo los efectos de una crisis de la que empezamos a salir, aunque ello no debe hacernos caer en la comodidad intelectual de dejar de buscar las reformas o las alternativas viables al Sistema, que permitan mayores cotas de bienestar para la ciudadanía.

P.D. (a la valenciana): Crece la figura de Susana Díaz como lideresa del PSOE, pero no podemos olvidar que actualmente es la Presidenta de la Junta de Andalucía, por lo que es seguro que, como principal impulsora de la abstención que ha de facilitar el gobierno de Mariano Rajoy, aprovechará el servicio prestado para la gobernabilidad de España con el fin de conseguir un posicionamiento óptimo de Andalucía en las negociaciones sobre sistema de financiación autonómico, inversiones del Estado…  Además, tenemos planteado el reto soberanista catalán. Existen la Agenda Vasca y la Canaria, que han de servir de base a las negociaciones con el Gobierno de España. 

Por ello,  los partidos que apoyan al Consell (PSPV i Compromís) deberán saber posicionarse y maniobrar para que los intereses del pueblo valenciano sean contemplados en cualquier foro de negociación con el Estado español¿Dónde está la Agenda Valenciana?

(Foto de la cabecera: Susana Díaz y Javier Fernández en el Comité Federal del PSOE. Fuente: El Confidencial)