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Sultanes del tuit

La irrupción en la escena política de las nuevas formaciones viene de la mano de la onda expansiva producida por los medios de comunicación y las redes sociales. Así, Podemos no puede entenderse sin la omnipresencia mediática de Pablo Iglesias en los platós de televisión, al que siguieron los demás líderes de la formación morada. También por el buen manejo y difusión de los mensajes lanzados a través de Twitter, fundamentalmente, por sus dirigentes, militantes, simpatizantes, bien coordinados por sus community managers.

Además, existe una convergencia del populismo español y del catalán (independentismo), cuyo objetivo es establecer una alianza estratégica para tratar de enterrar el sistema democrático nacido con la Constitución de 1978, tras el convulso y fructífero periodo de la Transición. Algunas de sus señas de identidad son estas:

  • Ambos hablan en nombre y representación de “La Gente”, en un caso, y del “Pueblo Catalán”, en el otro, a pesar de que los resultados electorales les niegan la mayoría en sus respectivos ámbitos.
  • Los discursos de unos y otros están trufados (¿trucados?) de oratoria revolucionaria y/o de llamamientos a la desobediencia civil (como sucede en Venezuela, pero de signo político contrario).
  • Sus actuaciones tienen lugar, principalmente, en el espacio de esa Democracia Virtual que han construido a golpe de perfomances parlamentarias y callejeras, paseíllos de líderes políticos varios, fotos de familias de lo más pintorescas, y anuncios de referéndums anunciados -que no convocados- ad nauseam.

Todo ello con el propósito no manifestado de copar las frecuencias de las ondas de radio y los rayos catódicos de la televisión, amén de agotar el papel de la prensa diaria e invadir el TimeLine de Twitter.

Sin embargo, la revolución esbozada por Podemos y la independencia de Cataluña anunciada por Junts pel Sí y la CUP, no cuentan con los recursos humanos suficientes para tomar el Estado al asalto: en cuanto se pone en riesgo el patrimonio de aquellos que han de liderar las presuntas revoluciones y rebeldías, se inicia el procés de las sucesivas deserciones en las filas insurgentes. De esta manera, Guillermo Zapata y otros concejales de Ahora Madrid se van del partido para no tener que aportar parte de su sueldo a la causa, y ha comenzado ya el goteo de consellers y otros cargos públicos de la Generalitat Catalana que abandonan el barco a la deriva cuyo puerto es la Ítaca independiente, pero que puede encallar en los farallones donde se cobran las sanciones pecuniarias a sus navegantes.

¡Con lo bien que iba todo cuando se trataba de lanzar tuits vejatorios contra víctimas del terrorismo y del machismo, así como contra los judíos!..

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Mensajes, acciones y omisiones (como el racaneo a la hora de homenajear a Miguel Ángel Blanco), cuyos contenidos -y silencios- también responden a las querencias ideológicas del colectivo podemita, porque:

  1. Se denigra a víctimas del terrorismo ya que se está al lado de la estrategia de ETA, tal y como manifestó Pablo Iglesias en una herriko taberna de Pamplona, el 6 de junio de 2013: «ETA se dio cuenta desde el principio de que, por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española» (Iñaki Ezkerra, Los totalitarismos blandos). De esta manera, se legitima el rechazo a la democracia española por no reconocer el Derecho a la Autodeterminación, un derecho inexistente en las constituciones occidentales y negado reciente y explícitamente al procés catalán por el exsecretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon.
  2. Los judíos pueden ser objeto de sorna si, por ejemplo, se está a favor de la causa palestina, que se extiende a la admiración por el universo musulmán, lo que lleva a no suscribir el Pacto Antiyihadista (contra Dáesh) -suscrito por el Gobierno español, el PSOE, Ciudadanos y otros partidos políticos-, tras recibir fondos del régimen iraní, además de otros regímenes dudosamente democráticos.

¡Cuánto se disfrutaba, también, mientras se construía con juegos de palabras y frases desafiantes la Torre de Babel de la República Catalana Independiente de su Casa (la Cataluña que, mayoritariamente, no desea la independencia)!..

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Carles Puigdemont en el escenario con Sopa de Cabra

Mas, cuando se acerca el momento de poner la pluma sobre el papel para aprobar la ley que impugne la Constitución Española, y que conlleve la respuesta del Estado en su defensa mediante la imposición de penas pecuniarias contra los autores del desafío, da comienzo el baile de la yenka de los políticos  soberanistas para “echarse a un lado” y ceder el paso a los valientes.

Porque hay que ser conscientes de que solo existen dos vías para reformar o echar a tierra el sistema constitucional actual:

  • Seguir los cauces y procedimientos señalados en la Constitución para su reforma.
  • Realizar un alzamiento contra el orden vigente del que no se puede descartar la utilización de la violencia armada, con las correspondientes pérdidas de bienes materiales y del bien más preciado: la vida humana.

No obstante, dado el grado de conformismo de los ciudadanos españoles (catalanes incluidos) con los estándares de nivel de vida alcanzados (más ahora, que empezamos a salir de la grave crisis económica), parece que corren malos tiempos para la lírica revolucionaria y la épica rebelde, más si sus protagonistas han de ser la burguesía catalana y las clases medias -conservadoras por naturaleza-, por muy afectadas que hayan sido por la crisis económica y/o involucradas en los pingües beneficios obtenidos del sistema corrupto del 3% pujolista.

Matar y morir por causas de dudosa justeza social y ética, no son acciones propias de estos mundos sutiles-ingrávidos-y-gentiles-como pompas de jabón que nos ha tocado vivir.

Y, ante todo, no podemos olvidar que la pela és la pela… Y si esta se halla en peligro, no cabe más que exclamar: campi qui  pugui!

 

(Fuente de la fotografía: El País)

#40AñosDeDemocracia ante la izquierda ‘ceniza’

En los medios de comunicación y, fundamentalmente, en las redes sociales hemos asistido a la contraprogramación llevada a cabo por Podemos y sus confluencias –Compromís incluido- para intentar empañar la celebración institucional de los cuarenta años de las primeras elecciones democráticas, que tuvieron lugar el 15 de junio de 1977.

Una actuación más de la denominada “izquierda ceniza” tendente a identificar la fructífera etapa de democracia española como un mero apéndice del régimen franquista. No en vano, ha sido bautizado el sistema democrático nacido de la Transición y de la Constitución Española de 1978 como el “régimen del 78”.

El apelativo de “ceniza” se corresponde con un movimiento político que vive de sembrar de “peros” las buenas noticias sobre los avances económicos y sociales que, tras la lenta recuperación de la crisis de 2008, comienzan a proliferar en los medios de comunicación y, en menor medida, en los hogares españoles con el incremento de la actividad económica y la disminución del paro. Pájaros de mal agüero, se han nutrido de la miseria producida por la crisis y de la putrefacción provocada por los casos de corrupción política que han salido recientemente a la palestra judicial y mediática, aunque los hechos tuvieron lugar en una época anterior a dicha crisis. Con estos mimbres han construido sus discursos y sus perfomances mediáticas, así como mediante la crítica de los logros en materia de derechos humanos y de bienestar social conquistados durante la difícil Transición y la no menos complicada etapa democrática, cuyo inicio lo podemos establecer en las elecciones del 15 de junio de 1977.

La izquierda ceniza se postula como heredera de las fuerzas  constitutivas del Frente Popular pergeñado durante la caótica II República que, en última instancia, fue derrotada por el General Franco, un dictador que mantuvo su poder absoluto con mano de hierro, y al que la izquierda ceniza nunca le perdonará que diera su último suspiro en la cama, ante la alegría -fruto de la impotencia- demostrada por las fuerzas opositoras a su régimen. Ahora, cuando hace más de cuarenta años de la muerte del dictador, esa izquierda pretende vencer a Franco y sus régimen, mediante dos  iniciativas políticas:

  • Trasladar los restos mortales del Caudillo desde el Valle de los Caídos a alguna propiedad de su familia, en cuanto culmen de una tendencia macabra a mirar hacia las cunetas donde se supone que yacen centenares de víctimas de la represión franquista.
  • Vencer a la dictadura a través de una operación ideológica que consiste en identificar al sistema democrático actual como una prolongación del régimen franquista, para lo cual hay que realizar una enmienda a la totalidad a la Transición y sus secuelas democráticas. “Abrir el candado de la Transición” fue la expresión utilizada por el líder máximo de la izquierda ceniza: Pablo Manuel Iglesias Turrión, al que pretende disputar ese espacio político el doblemente secretario general del PSOE Pedro Sánchez.

La izquierda ceniza, cual Ave Fénix, renace de los rescoldos que quedaron tras la extinción de la Revolución Soviética, y que tiene su símbolo más preclaro en la Caída del Muro de Berlín, allá por el año 1989. Una izquierda que ha quedado huérfana de un proyecto de liberación de la Humanidad presente y futura, cuya impotencia le hace volver los ojos hacia el pasado histórico al objeto de fajarse con su fantasma, y porfiar por vencer a aquellos personajes que considera como herederos de las fuerzas triunfantes en ese pasado, ahora ya “maldito”.

De esta manera, si las Cortes Generales organizan un acto para celebrar los #40AñosDeDemocracia, la izquierda impotente se ve en la necesidad de montar un espectáculo en desagravio de las víctimas del franquismo, mediante una estética retro y cutre, como un deja vu de exhibición de carteles con fotos (en blanco y negro, ¡cómo no!) de esas víctimas y gestos reconcentrados de puños revolucionarios en alto y a la altura de las sienes. Y una etiqueta de Twitter que sintetiza el sentido del homenaje, en cuanto rechazo total de un sistema democrático del que se postula su origen franquista, la protección de figuras de ese régimen y el olvido de las víctimas del mismo: #40AñosDeImpunidad. Enfrentamiento contra reconciliación, de nuevo. ¡Cómo si no hubiésemos tenido bastante con 40 años de dictadura, nacida de un lustro de caos republicano!..

Desde el ámbito de lo que damos en llamar “izquierda” o “progresismo”, ¿ya no hay nadie capaz de contraponer a los pensamientos cenizos y la estética retrógrada y cutre, ciertas dosis de alegría en el presente y de optimismo en el futuro? Entre estas dos propuestas ideológicas hallamos la encrucijada de nuestro presente. Una se nutre de la fuerza absorbente de un pasado ya concluso. La otra, de las ansias de proyección en un futuro, siempre incierto por naturaleza, pero donde habría que reservar un espacio, por pequeño que sea, para el cultivo de la esperanza.

 

(Fuente de la fotografía: Eldiario.es)

Cuando #LaGente se mete en política

El Estado de las Autonomías es uno de los pilares en los que se sustenta el sistema constitucional español. Las autonomías fueron erigidas como reivindicación política de los derechos de las comunidades históricas, y en cuanto Administraciones Públicas más próximas al ciudadano, potenciadoras y coordinadoras de las Administraciones más cercanas, los municipios.

Como secuela de la profunda crisis económica, ha sido puesto en cuestión este Estado de las Autonomías, pues han salido a flote sus disfuncionalidades y algunas personas con mentalidad centralista han intentado imputarles los problemas del déficit y de la deuda públicos, aunque el ataque más fuerte contra ese Estado está protagonitado por el movimiento independentista catalàn.

Es cierto que el desarrollo del sistema autonómico ha generado una serie de sinergias negativas, como pueden ser la excesiva competitividad que se ha establecido entre las diferentes autonomías, a los efectos de acaparar competencias y recursos públicos, lo que ha llevado a un estado generalizado en el que imperan las reclamaciones por supuestos agravios comparativos que, en general, conducen al sentimiento del victimismo.

El transcurso del tiempo nos da una imagen del proceso autonómico según la cual, con la aprobación de la Constitución Española de 1978 y los Estatutos de Autonomía que le siguieron, se habría dado el pistoletazo de salida en la competición por equipos autonómicos, hacia la mayor acumulación posible de competencias y poder territorial, aunque fuera a costa de perder de vista la necesaria solidaridad entre los pueblos hispánicos, producto de los imprescindibles acuerdos y pactos entre los entes autonómicos y el Estado.

Así, hemos llegado a una situación en la que, a consecuencia de la crisis económica, conviven un sistema de financiación injusto y un (no) reparto de los recursos que pertenecen a todos (el agua, por ejemplo). En este sentido, es conveniente recordar cómo las asociaciones de regantes y usuarios, principales interesados en la buena gestión del agua, como bien común, llegaron a acuerdos para la concreción del Plan Hidrológico Nacional a través del trasvase de aguas del río Ebro. Acuerdos que fueron ignorados por el Gobierno de Zapatero a la hora de derogar los artículos de la Ley del PHN que contemplaban dicho trasvase.

Intereses partidistas y empoderamiento de determinados gobiernos autonómicos amigos, se impusieron al consenso y a la resolución de problemas estructurales graves de otras autonomías, consideradas como enemigas políticas (de diferente signo partidario) y, por lo tanto, víctimas propiciatorias de los pactos alcanzados entre los partidos que sustentaban al Gobierno de España y a las Comunidades Autónomas beneficiarias.

Aunque pueda parecer un contrasentido, es posible que la mayor facilidad para llegar a acuerdos en el seno de los diferentes sectores de la sociedad civil -en comparación con los partidos políticos-, se deba a que las organizaciones ciudadanas persiguen aquello que los autores de La urna rota califican como ‘intereses contrapuestos‘, con los que se pueden enhebrar transacciones y pactos, en lugar de la utópica persecución de un ‘interés general‘ en cuanto “ilusión metafísica en la que se refugia el legislador” que, a menudo, esconde meros intereses de partido. En determinados momentos es conveniente romper las amarras de los intereses partidistas, tejidos con la pulsión de conquista y mantenimiento del poder, así como para el establecimiento de alianzas con las fuerzas que les pueden ayudar en ese objetivo, a su vez enrocadas en sus propios intereses partidistas, por lo que resulta difícil salir de esa espiral que gira en torno al ombligo donde se miran los partidos.

Así, podemos afrontar los desequilibrios políticos y territoriales más allá del prisma político partidista -aunque sin voluntad de sustituirlo-, desde la perspectiva de la vertebración de la sociedad civil, a los efectos de darle la vuelta a la tortilla organizativa del Estado y conseguir un mejor ordenamiento jurídico y práctico en materia de régimen electoral, financiación, distribución de recursos públicos y transparencia en el funcionamiento de la Administración Pública y de los partidos políticos, así como el fortalecimiento de esa sociedad civil que, a estas alturas de la corrida constitucional, aún no parece haber alcanzado la mayoría de edad para llegar a ser sujeto consciente y responsable, activo y determinante en la adopción del rumbo hacia el que debe dirigir sus pasos la sociedad española.

Es evidente que la sociedad civil se vertebra a través de vías organizativas y comunicacionales, tanto informales como formales. La omnipresencia de las redes sociales ha de facilitar la vertebración de la sociedad civil, sobre todo entre los sectores con perfiles semejantes [Vid. artículo ¿Dónde va #LaGente?] y dentro del ámbito más informal, sin descartar su utilización en las estructuras formales (estables).

Como antes hemos dicho, la vertebración para la participación de la ciudadanía en el ámbito socio-político, ha de sustentarse en la base del municipio, en cuanto entidad pública más cercana al ciudadano, para -a través de las entidades supramunicipales como las mancomunidades y comarcas, obtener una vertebración estable de la sociedad civil, siempre conectada y siempre dispuesta a ser colaboradora y crítica con la Administración Autonómica correspondiente. (Por cierto, el papel que han de jugar, o no, las Diputaciones Provinciales, podría ser objeto de discusión).

Una vez conseguida esta estructuración autonómica ciudadana, debe favorecerse el engarce de la estructura autonómica con el Estado. Ahí, tal vez, podría jugar un papel relevante el Senado, esa institución que no acaba de encontrar un lugar claro en el organigrama salido de la Constitución, a pesar de ser concebido como órgano de representación territorial. El establecimiento de los foros adecuados para la coordinación de los diferentes territorios -en cuanto espacios habitados por ciudadanos, con culturas e intereses propios y, muchas veces, enfrentados-, podría ser una de sus competencias más importantes.

(Fotografía: Official Press. Plantà al tomb de la falla municipal de València 2017)

Convergencia para tumbar la democracia

El eco de las notas y el texto antifranquista de L’estaca, del ahora empresario enólogo Lluís Llach (“segur que tomba, tomba, tomba…”), componía la melodía musical con la que concluía la Asamblea Ciudadana podemita de Vistalegre II. Eran maneras de kumbayá fraternal y fondo de purga estalinista contra el sector de la transversalidad errejonista. Antes y después, han proseguido los paseíllos de autoridades y simpatizantes de la causa independentista catalana en apoyo de los principales líderes de la misma (Podemos también se ha manifestado a favor del denominado derecho a decidir), que desembocan ante las puertas solemnes de los tribunales de justicia españoles.

Ambos movimientos de masas son ejemplos de la convergencia de intereses políticos entre el populismo español y el independentismo catalán (la rama autónoma del populismo), a la hora de intentar liquidar el sistema constitucional de 1978, ahora etiquetado como #RégimenDel78 (“si tires fort ella caurà…”) por aquellos líderes de Podemos que, a duras penas, habían nacido con él. Es decir, se intenta acabar con el sistema democrático al que contribuyeron decisivamente las fuerzas catalanistas (con Miquel Roca como padre de la Constitución) y el pueblo catalán en su conjunto en el momento de votar muy mayoritariamente dicha Constitución. También el catalanismo contribuyó en el diseño y el desarrollo de las bases constitucionales a través de la siempre determinante Convergència i Unió, por lo que el encaje de Cataluña en España supuso importantes beneficios para aquel territorio autonómico, en cuanto a inversiones del Estado y al establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica, siempre pactados con las formaciones catalanistas.

Esta singularidad del espaciotiempo político -que define lo español políticamente correcto– en la que conviven lo más plácidamente posible la izquierda antisistema (y de las CUP) con la derecha catalana más insolidaria, surge a consecuencia de la crisis económica y del quebranto de la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, así como de la mengua de los recursos de las Administraciones Públicas y, con ellas, los de las Comunidades Autónomas. En el fragor de la batalla política -a la cual han contribuido a potenciar los omnipresentes y omnipotentes medios de comunicación de masas- entra en escena el movimiento populista que reclama más igualdad social, y vuelve a la misma el irredentismo catalán, insolidario en cuanto pretende la máxima desigualdad autonómica, o sea, la independencia respecto de los demás pueblos que constituyen el Estado Español, ahora que vienen mal dadas.

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(Fuente: Diario crítico)

No es el único momento en el que fuerzas políticas catalanas han pretendido pirarse de España, ni será el último:

  • La guerra dels Segadors de 1640, supuso un breve periodo de independencia con 11 años de insufrible integración en Francia, un Estado más centralista que el español.
  • El Tancament de caixes de 1899, con la célebre sentencia de Manuel Durán i Basno ens entendran mai“. El grito de “Abaix els lladres“, o los silbidos a la Marcha Real  denunciados por Segismundo Moret en 1901.
  • La proclamación en 1934 del Estat Català en la República Federal española, realizada por Lluís Companys…

Es evidente que la corrupción ha supuesto el debilitamiento del bipartismo imperfecto, con el crecimiento de Podemos y Ciudadanos a costa de los partidos de gobierno (PP y PSOE), involucrados en casos de corrupción que han tenido lugar durante la época de bonanza económica, pero que la lentitud de la justicia y la voracidad de audiencias de los medios de comunicación han hecho bien presentes en nuestro afán.

También és clar i català que la corrupción autóctona (la de fuerza política del #RègimDel80: la CiU de Jordi Pujol) ha servido de detonante para la puesta en marcha de un procés de desconexión con España que bien podría desarrollarse bajo el título español de la película de Woody Allen: Coge el dinero y corre… (que la justicia española -para más señas- nos pisa los talones. Si logramos la independencia “ens podrem alliberar…” de ese yugo tan indeseable).

En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Bajo la pátina de progresismo y democracia, se ocultan los viejos relatos (de terror) que, por aquel entonces, “l’avi Siset em parlava“…

 

 

 

 

 

 

Cuatro Cosas que Podemos (y Debemos) Saber sobre la Constitución Española

1.- Franco murió en la cama. Ya sea por la fuerte represión tras la derrota en la Guerra Civil, su inveterada división y/o el conformismo de la mayoría del pueblo español, el paso de la dictadura franquista a la democracia se produjo como consecuencia del pacto entre los restos políticos del franquismo y los partidos demócratas opositores, para recorrer una vía pacífica que culminó con la entrada en vigor de la Constitución Española en 1978. Ante el actual reto independentista planteado por las fuerzas catalanistas y de izquierda, cabe recordar que en la elaboración del texto constitucional intervinieron dos Padres de la Constitución -de un total de siete- que eran catalanes: Miquel Roca i Junyent, del grupo catalán (CiU) y Jordi Solé Tura (PSUCPC, después PSCPSOE).

2.- La Constitución española  obtuvo el voto muy mayoritario del pueblo español. Como datos curiosos, a continuación se indican los resultados electorales del referéndum para la ratificación de la Constitución en las dos nacionalidades más guerrilleras y en aquella cuyo himno empieza con la archiconocida estrofa que dice así: “para ofrendar nuevas glorias a España”. Estos son los porcentajes:

  • Cataluña. Sí: 90,46%. No: 4,61%. Abstención: 32,09% (¿cabe mayor apoyo de un pueblo, identificado con la norma suprema?).
  • Euskadi. Sí: 69,81%. No: 23,53%. Abstención: 55,34% (el PNV optó por la abstención).
  • Comunidad Valenciana. Sí: 88,84%. No: 6,97%. Abstención: 25,86%.

Tal ha sido la identificación del nacionalismo catalán con el sistema constitucional, que aquel se constituyó como fuerza política determinante para la gobernabilidad del Estado (ya fuere con gobiernos del PSOE o del PP), por lo que obtuvo a cambio privilegios en materia de inversiones, mayor autonomía en materias de educación y tributaria, así como que el establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica siempre se llevara a cabo con el plácet catalanista. Ahora que, con la crisis, vienen mal dadas… (Euskadi y Navarra, por su parte, ya van bien con sus conciertos económicos, tan insolidarios).

3.- La gente de esa época (por entonces ya había gente) votamos en un mismo lote la Monarquía Parlamentaria, como forma de gobierno; el Estado Social y Democrático de Derecho; la unidad de España y el Estado Autonómico. Con ello, se deseaba encarar un futuro de esperanza y relegar para la Historia la Guerra Civil, la dictadura franquista y la añoranza del sistema democrático de la República plagada de divisiones sociopolíticas y de hechos políticos violentos.

4.- Como consecuencia de los efectos nocivos de la crisis económica, las fuerzas nacidas del movimiento de la indignación mediática, en coalición con el oportunismo secesionista y sus comprensivos aliados, alzan la voz sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma en profundidad de la Constitución (cuando no enmendarla en su totalidad). Al respecto, se puede constatar:

  1. La Constitución española establece los sistemas para llevar a cabo su reforma, los cuales precisan de amplios consensos parlamentarios.
  2. En la mayoría de las ocasiones, más que de reformas constitucionales, hace falta poner los recursos necesarios para hacer efectivas las disposiciones que garantizan derechos individuales y colectivos, como por ejemplo:
  • Acceso a una vivienda y a un trabajo dignos
  • Independencia y funcionamiento eficaz del Poder Judicial.
  • Financiación autonómica (el bochornoso caso de la infrafinanciación de la Comunidad Valenciana lo trato más en profundidad en la entrada Ni financiación, ni RTVV, ni ministros: El pueblo valenciano, fuera de la Constitución: http://wp.me/p4n4JW-h9 ).
  • Descentralización del Estado para evitar duplicidades administrativas y hacer más eficiente el sistema.
  • Solidaridad interterritorial que ponga sobre el tapete autonómico no solo el trasvase de dinero de las Comunidades ricas a las pobres, sino también de recursos físicos tan vitales como el agua, por ejemplo.

[5. Si hay alguien ahí, y que desee profundizar en el debate sobre la reforma constitucional, encontrará una sucinta propuesta en la entrada Se les está pasando el arroz (a #JuntspelSeny, de la Tierra Media): http://wp.me/p5yGMp-3P ].

 

 

Se les está pasando el arroz (a #JuntspelSeny de la Tierra Media)

 

Fue José Ferrater Mora el que en sus Formas de vida catalana (1944) planteó la idea de que históricamente Cataluña ha estado presa de una obsesión que constituye una enfermedad: la dependencia del pasado, un pasado construido en término de agravios y heridas morales que han contribuido a fabricar una memoria victimista vinculada siempre al discurso político del presente. Presente y pasado instrumentalizándose mutuamente.

Los paradigmas explicativos de la historia de Cataluña han sido muchos. El historiador Jaume Vicens Vives [Notícia de Catalunya] encerró la historia de Cataluña en los arquetipos antropológicos del seny y la rauxa. El seny, como sinónimo de sentido común, la prudencia y el pragmatismo; la rauxa como determinación irreflexiva que en la práctica se ha venido utilizando con el sentido de pasión, de violencia abrupta, de volcánica fiebre que lo arrasa todo.
(Ricardo García Cárcel, La herencia del pasado. Las memorias históricas de España, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2013).

Como indicábamos en el artículo “¿Qué ha sido de Junts pel Seny?” { http://wp.me/p5yGMp-ff  }, la coalición #JuntspelSí, en connivencia con la CUP (juntos suman algo menos de la mitad de los votos en las últimas elecciones autonómicas), se rebela contra el Estado Español y pretende/n llevar a cabo el llamado Proceso de Desconexión.
Este proceso separatista no deja de representar un nuevo hito histórico de la rauxa catalana, que enlaza, entre otros, con los siguientes:

La guerra dels Segadors de 1640, que supuso un breve periodo de independencia y 11 años de integración en Francia, con vuelta al hogar hispánico después de comprobar que el Estado francés aún era más centralista que el español.
-La Nueva Planta, impuesta por Felipe V.
El Tancament de caixes de 1899, con la célebre sentencia de Manuel Durán i Basno ens entendran mai“; el grito de “Abaix els lladres“, o los silbidos a la Marcha Real [¿a qué me suena eso?], denunciados por Segismundo Moret en 1901.
-La proclamación en 1934 del Estat Català en la República Federal española, realizada por Lluís Companys.
La Constitución española de 1978 pretendió dar carpetazo definitivo a estas batallas dialécticas, políticas y militares, llevadas a cabo entre Cataluña y España. A partir de ese momento, se pensó que estaba realizado el encaje de Cataluña en España, ya que se produjeron una serie de acontecimientos políticos que así parecían corroborarlo:
Miquel Roca (por el Grupo Catalán) y Jordi Solé-Tura (por el Partido Comunista), interpretaron el papel de Padres de la Constitución Española.
La Constitución fue votada favorablemente por el 91% del electorado catalán.
Los gobiernos de España, tanto del PSOE, como del PP, contaron con el apoyo constante de la CiU de Jordi Pujol.
Los modelos de financiación autonómica de 2001 y 2009 respondieron a los requerimientos de los respectivos gobiernos catalanes.

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(El Pacto del Majestic. Fuente: El País)

Como contraprestación a ese encaje estatal, Cataluña, además, recibió buen número de inversiones, de las que cabe destacar la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992… y siempre se realizó una interpretación favorable de los Reglamentos del Congreso y del Senado para conceder grupo propio a CiU.
La crisis económica y la revelación de una presunta trama de corrupción que parece impregnar a la Administración catalana y al partido del Govern, han tirado por tierra este largo periodo de seny y de bonanza política y económica, aunque ello no obsta para que se continúe demandando al Estado del que desean separarse dinero del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), y CDC -aunque camuflada- pidió la tradicional constitución de grupo propio al Congreso y al Senado, aunque no cumplía con los requisitos exigidos a tal fin (las Mesas del Congreso y del Senado acabaron por denegárselo).
Desde Valencia (ese territorio que todos los días aparece en las pantallas de TV3 conectado a esa Media-Cataluña que desea desconectarse, y que podría representar un papel mediador entre Madrid y Barcelona), se realizan unas propuestas jurídico-políticas, que podrían ayudar a la recuperación del seny que había caracterizado a la sociedad catalana, aunque parece que ya es tarde para recuperarlo:

-Consensuar una modificación simple de la Constitución española, que contemplara, entre otros, los siguientes apartados:
·Añadir la disposición adicional quinta, en el sentido de reconocer la definición de Cataluña como nación, contemplada en el Preámbulo del Estatut Català.
.Modificación del art. 69, sobre el Senado, a fin de que la circunscripción para las elecciones de los senadores sea la Comunidad o la Ciudad Autónoma. También podría establecerse que la sede de esta Cámara legislativa resida en Barcelona.
·Cualquier otra reforma legal que dé consistencia al nuevo sistema…

-Paralelamente, se abriría un proceso de construcción de un nuevo modelo de financiación justo, y que pudiera servir de base para ulteriores modificaciones legislativas y constitucionales.

La resolución traumática del Brexit, así como los autos y las sentencias de los diferentes Tribunales de Justicia, que tiran por tierra buena parte de las expectativas de creación de las estructuras estatales de Cataluña, deberían haber significado un llamamiento a la gente de seny de la clase política catalana, para proponer los remedios capaces de atajar las espirales de agresividad política y de desobediencia, que amenazan con hacer trastabillar el sistema democrático nacido en 1978. También los contactos políticos para intentar lograr la investidura del Presidente del Gobierno Español, podrían haber supuesto un hito histórico en el camino de actualizar el marco constitucional y lograr la pacificación del clima político en Cataluña y el resto de España.

Sin embargo, obcecados en estirar al límite la cuerda con el Estado español, los independentistas catalanes no se dan cuenta de que se les está pasando el arroz… y que cada vez les resultará más difícil volver a meter la cuchara en la olla española.

 

 

‘Personaje Real’. Con motivo del segundo aniversario como Felipe VI

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Enric Mestre, con el título de su obra ‘Personaje Real‘, nos hace dudar: ¿Quiere ser “Real”, o “real”, el personaje que ha sido plasmado en cerámica? La acepción más común haría inclinarnos hacia el “personaje real”, utilizado en contraposición al “personaje de ficción”, aunque cualquier personaje no deja de ser una representación de una persona, es decir, es una persona virtual . Dado que “persona” era también la máscara del actor en la tragedia grecorromana, estamos a punto de perdernos por el laberinto de las identidades virtuales.

No obstante, personaje es “personalidad destacada, prominente”, y las tres protuberancias que coronan su cabeza (¿representación de las tres personas de la Santísima Trinidad?), se constituyen como pararrayos o antena que capta la energía del cielo y que, canalizada a través de líneas y relés, la transmite hacia la tierra, y viceversa: ¿Diálogo entre el consciente y el subconsciente en la mente de los humanos? ¿Sistema detector de estrellas en el firmamento que anuncian prodigios y distribuyen la ilusión en la tierra?

En fin, la docena de botones que engalanan el cuello, y sobre todo, la “r” mayúscula, y la seriedad mostrada por la figura, ayudan a configurar el “Personaje Real” del maestro valenciano.

Monarca, en cuanto conexión entre las fuerzas divinas y las humanas; “Rey por la Gracia de Dios”; carisma en competencia histórica, incluso cruenta, con el del Papa de Roma, y el de otras castas sacerdotales más antiguas.

Según el artículo 56 de la Constitución Española, “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”. Por lo tanto, el Rey como símbolo de todo un pueblo que necesita la presencia de personalidades que reflejen los aspectos positivos de la comunidad, así como la de personas convertidas en símbolos de las debilidades humanos. Éstos son denominados ‘chivos expiatorios‘ (vid. ‘Chivos expiatorios de la crisis’ http://wp.me/p5yGMp-I).

Felipe VI, que hoy cumple dos años como jefe de un Estado aconfesional, se proclamó “Rey constitucional” para marcar la línea roja respecto del papel de su padre, Juan Carlos I, en cuanto sucesor de Franco en la Jefatura del Estado y que, por ello, debe quedar sujeto a la soberanía del pueblo. Es más, en un intento de huir del enquistamiento institucional -del pasado-, puso su liderazgo al servicio del proceso de modernización de su pueblo.

Monarca cibernético -y cibernauta- que, sin dejar de nutrirse de la energía transmitida por el carisma tradicional de la institución, apuesta por “impulsar las Nuevas Tecnologías, la ciencia y la investigación, que son hoy las verdaderas energías creadoras de riqueza” . Tal vez por ello, la obra de Enric Mestre se adelantó al momento presente y el Personaje Real puede ser entendido como circuito que facilita la transmisión de datos, dentro de un sistema socioeconómico que, día tras día, incrementa su complejidad, y cuya más inmediata constatación se produce en este endiablado escenario que hace casi imposible la elección del Presidente del Gobierno español.

Y, en Cataluña, Carles Puigdemont -sucesor de Artur/Astut Mas-, Presidente de la real Generalitat Catalana,  anhela actuar como Presidente de la República Catalana virtual, al tiempo que pone en jaque a la realidad del presente Estado español, junto con las fuerzas políticas de nuevo cuño que provienen del movimiento de una espiral ciudadana, cuyos orígenes parten de un 15-M e inauguraron una ruta imparable, recorrida por el poderoso sentimiento de la indignación.

Visto este maremágnum político desde Valencia, se observa cómo el pueblo valenciano inicia el camino de salida de una persistente resignación, ante un estado de cosas insatisfactorio que, entre otras cuestiones, condena a una Comunidad pobre (su renta per cápita es inferior a la media estatal) a aportar recursos a otras Comunidades, algunas con renta per cápita superior a la media (vid. ‘Ratman’s Gallery (VII)’: El finançament valencià http://wp.me/p4n4JW-eb). Además, contempla con perplejidad como algunas de esas mismas Comunidades más ricas que la valenciana, y que reciben parte de la aportación valenciana, niegan su solidaridad en materia de recursos de los que son excedentarias, como es el caso de la distribución de agua a los territorios que la necesitan frecuentemente.

Ante las fuerzas contrarias que exhiben las Comunidades guerrilleras, por una parte, y las Comunidades subvencionadas, por la otra, me planteo si los valencianos seremos capaces de introducir nuestros bits de anhelos comunitarios en el corazón del sistema.

Felipe VI dijo en su proclamación como Rey que “en esta España unida y diversa cabemos todos”. Sin embargo, los valencianos somos los más diversos de esta España diversa, y esto no nos resulta nada divertido. Al objeto de revertir este Posicionamiento de sumisión en el ámbito estatal (vid. ‘Posiciona-miento’ http://wp.me/p4n4JW-5y), los valencianos tenemos que luchar contra nuestro tradicional meninfotisme y poner nuestro esfuerzo solidario en la mejora del bienestar social de nuestra Comunidad, así como en la potenciación del Estado del Bienestar y de las Autonomías (cada vez más polarizado entre ricos y no tan ricos, así como entre las fuerzas centrífugas, del 9-N, y las centrípetas, de todo el año).

Que, aunque podemos caber todos en una España democrática y plural, no es justo, ni necesario, que unos tengamos que vivir más apretujaos que los otros.

 

¡Indigna(d)os!

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Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!
JOSÉ LUIS SAMPEDRO, Prólogo del libro ¡INDIGNAOS! de STÉPHANE HESSEL.

En el principio fue la Indignación. ¿Qué viene después?: ¿La Revolución? ¿La Reflexión? ¿La Nada? Esa indignación que nace de una emoción ante las graves consecuencias de la crisis socio-económica, ¿tendrá su correlato en la capacidad humana para la recopilación de conocimientos y el análisis racional, al objeto de pergeñar alternativas viables (a ser posible, pacíficas) a este statu quo insatisfactorio?
Sampedro sintetiza las intenciones del autor:

¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, al tiempo que les señala los actuales retrocesos […] Con un grito les está diciendo: ‘Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten’ […] Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial” (págs. 13-14)

Es decir, se hace un llamamiento a defender los logros democráticos conseguidos por las generaciones anteriores. Pero, ahora y aquí (en España), los vientos de indignación y el molino que recoge sus aspiraciones políticas, han apostado (en principio, luego ya se verá) por arrasar con lo anterior -la Transición y el proceso constituyente que produjo la Constitución española de 1978 y, con él, el régimen de derechos y libertades del que gozamos en la actualidad- para empezar de cero, iniciar una nueva Transición, un nuevo proceso constituyente. Un proceso que algunos parece que amagan con dirigirlo hacia la III República, en cuanto régimen deseado como reposición de la II República, revocada por un dictador que murió en la cama [Vid. la entrada de este blog Abrir el candado de la Transición]. Cabría preguntase si lo que el autor considera logros conseguidos después de la ‘dolorosa lección de la segunda guerra mundial’, ya no sirve para las conquistas democráticas del pueblo español traídas por la Transición y la Constitución de 1978.

Por otra parte, Hessel concreta sus pensamientos y, de nuevo, se dirige a la juventud:

A los jóvenes, les digo: mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación -el trato a los inmigrantes, a los sin papeles, a los gitanos-. Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte: ¡Buscad y encontraréis! (pág. 35).

Aquí, el autor del panfleto-libro parece recomendar un ejercicio de recarga emocional con una indignación difusa que, con el desempeño detectivesco de buscar ‘situaciones concretas’, rearmarán nuestra voluntad y la orientarán hacia la ejecución de ‘una acción ciudadana fuerte‘. O sea, situaciones concretas, fenómenos aislados, huérfanos de una profundidad en el pensamiento y de una reflexión de una globalidad cada vez más interconectada. Respuestas concretas a esos fenómenos descoordinados. Por ello, las formaciones populistas -que recogen la antorcha ideológica de Hessel- se limitan a elaborar un listado de esas ‘situaciones concretas’ (recortes en sanidad y educación, regulación laboral, desahucios…), para darlas a conocer a la opinión pública -tan receptiva a esos mensajes de indignación- y, así, obtener fácilmente su apoyo mediático y callejero.Todo ello, sin el desgaste en popularidad que supone plantear propuestas razonadas, capaces de acabar con ese estado de cosas tan insatisfactorio o, como mínimo, de paliar sus consecuencias más negativas.

Aún así, Hessel reconoce la complejidad del mundo que nos ha tocado vivir:

… las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo, demasiado complejo. ¿Quién manda?, ¿quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no se trata de una pequeña élite cuyas artimañas comprendemos perfectamente. Es un mundo vasto, y nos damos cuenta de que es interdependiente: Vivimos en una interconectividad como no ha existido jamás. Pero en este mundo hay cosas insoportables” (pág. 31).

Pese a todo, la clave ideológica y, tal vez, el éxito logrado por ¡INDIGNAOS! reside en el ejercicio de simplificación de los fenómenos socio-económicos, de señalamiento de posibles responsables (siempre ajenos y alejados del pueblo) y, de esta manera, ahorrar cualquier acto de autocrítica a la gente y a cada persona que forma parte de esa gente, respecto de la cual algunos caen, demasiado a menudo, en la tentación de arrogarse su representación, en exclusiva.

Ante tanta complejidad social, ¿puede entenderse mejor el papel de chivo expiatorio otorgado por la ciudadanía a la clase política clásica, convertida por arte de populismo en una casta que ‘no nos representa‘? [Vid. la entrada Chivos expiatorios de la crisis].

(Ilustración: Graffiti en el Parque de Marxalenes, Valencia)

Transición: del Big Bang al Big Crunch

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Nunca se quedó atrás nuestro
pasado:
tenaz, entre intervalos de
aparente olvido,
nos fue siguiendo los pasos, furtivo
como un ladrón detrás de los árboles

EDUARDO MITRE, Vitral del pasado

La Transición, con el momento culminante de la aprobación de la Constitución Española de 1978, supuso una explosión en el disfrute y desarrollo de las libertades públicas, de los derechos de los ciudadanos, y el despliegue del régimen autonómico.
Ese periodo, también coincidió (tal vez, ¿por simpatía?) con un gran desarrollo de la economía española. Y ya sabemos que, en épocas de bonanza, fluye el dinero fácil y, con él, los pelotazos y los casos de corrupción que, dada la lentitud ancestral de la Justicia española, están siendo revisados en la actualidad.
De esta manera, la crisis de finales de la primera década del siglo XXI, ha provocado la mirada crítica de muchos ciudadanos, así como, sobre todo, de los medios de comunicación, los cuales han sufrido especialmente los efectos de esa crisis y del crecimiento exponencial del tráfico informativo a través de las redes sociales, lo que ha llevado a las colas del paro a miles de periodistas, a causa de la reducción de plantillas o del cierre de empresas del sector.
Esta opinión pública —y publicada— ha centrado sus diatribas contra la clase política en conjunto (la casta), por los motivos siguientes:

-La mala gestión de los recursos públicos que, en casos extremos, puede derivar en corrupción.
-La falta de democracia en la organización y el funcionamiento de los partidos políticos, contra lo cual se propone la instauración del sistema de primarias para la elección de los máximos dirigentes de las organizaciones políticas.
-Los déficits democráticos y de representación existentes en el sistema electoral, proponiéndose las listas abiertas como solución.
-La prohibición de la presencia de personas imputadas en las listas electorales.

Dadas la lineas editoriales de los distintos medios de comunicación, así como la entrada en el escenario político de partidos de nuevo cuño, como UPyD y Ciudadanos, en un principio, y después con la irrupción meteórica de Podemos, que se plasma en la presencia cuasi-obsesiva en medios de comunicación afines a su ideología, y en los Parlamentos Europeo, Español y Autonómicos, así como en los principales Ayuntamientos de España, como consecuencia de las sucesivas elecciones de 2014, 2015 y 2016.
El fenómeno socio-político que representa Podemos, puede entenderse como la galvanización en dicha formación política (hasta hace bien poco, existente como movimiento social) de la ira ciudadana generada por:

-La recesión económica, el paro, y la consiguiente merma del nivel de vida.
-El estrechamiento de la clase media.
-Las rebajas en los derechos socio-laborales de la clase trabajadora (funcionarios incluidos).

Así, al substrato de descontento social por los efectos de la crisis, hay que sumar el regular e interminable riego por goteo de los casos de corrupción que, a través de un omnipotente Big Bang, nos trae la entropía de un remoto pasado que el lento funcionamiento de la Justicia convierte en presente incandescente. Además, no podemos obviar que, según las leyes de la Termodinámica, todo sistema, por eficiente que sea, genera su dosis de entropía, de energía no útil para el trabajo, de desechos, de desorden…
Por ello, toda la energía comunicacional y política desplegada contra el “régimen” instaurado desde la Transición (concepto, por cierto, acuñado por sectores de la derecha y del que se han adueñado los sectores “indignados“), lleva camino de provocar una gran implosión (Big Crunch) del sistema democrático español, que —para algunos agentes políticos de la izquierda— tendría como fin último la implantación de la III República, en cuanto reflejo dorado de la II República, derrumbada por Franco.
Podemos ha logrado catalizar esa energía negativa (destructora del sistema, anti-sistema) y ahora su líder Pablo Iglesias se dirige hacia el charco político en el que ha de contemplar su imagen, una imagen que deseaba remedar la figura clave en la Transición democrática española: la de un carismático Adolfo Suárez, aunque con barba y coleta, con mucha teoría y nula práctica en gestión pública. Es decir, con las características políticas contrarias al modelo original, que viene del pasado, de los entresijos del régimen franquista, cuando Pablo Iglesias proviene de la tradición ideológica del marxismo gramsciano.

Aunque esta metamorfosis no deja de ser virtual, no debemos pasar por alto que Pablemos ha llegado a identificar su proyecto político como transversal, no definido ni como organización de izquierdas o de derechas, y afirma no haber nacido para dar el poder al PSOE, sino para asumir el poder por él mismo. No obstante, quien mejor puede asumir el rol de Suárez (tanto por ideología como por fisonomía y voluntad de emulación) es otro líder carismático y emergente: Albert Rivera, de Ciutadans/Ciudadanos.
De esta manera, a quien desearía encarnar Iglesias en este proceso de “retorno al origen”, es al líder socialista Felipe González (eso sí, con las manos limpias de cal viva), el cual, con la ayuda inestimable de la socialdemocracia alemana, y después de desprenderse de la mochila ideológica del marxismo y propugnar “el cambio” en la vida política española, pudo llegar a habitar en La Moncloa.
Si Mariano Rajoy tira hacia Manuel Fraga (así es para buena parte de la opinión publicada y como deseo, bien confesado, por sus adversarios políticos), ya tenemos los protagonistas adecuados para protagonizar la denominada “Segunda Transición”, hacia quién sabe dónde…
Cabe esperar que la escena política española no mire hipnóticamente hacia el pasado, pues, a pesar de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, en los trayectos históricos inversos, al final, siempre acecha una dictadura.
(Ilustración: Graffiti en el Parque de Marxalenes, Valencia)

Abrir el candado de la Transición… y del Gobierno de España

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Muerto el Generalísimo, de una manera poco digna, el día 20 de noviembre de 1975, entre tubos y máquinas que alargaron artificialmente su agonía, dio comienzo el posfranquismo, una nueva etapa socio-política llena de incertidumbre y esperanza, a partes iguales.
Ruptura o transición pacífica, fueron las alternativas que se plantearon en ese momento histórico. Al final, se impuso el pacto entre los grupos políticos aperturistas, provinientes del antiguo régimen, y los partidos políticos de procedencia republicana que (mal)vivían, o bien en la clandestinidad impuesta por el régimen franquista (fundamentalmente, el PC), o bien en el exterior y en un prolongado letargo interior (PSOE, principalmente).
Del acuerdo sobre el procedimiento de acceso a la democracia, no sin problemas, dudas, impasses, tanteos y retractos, nació la vigente Constitución española de 1978. Su comisión redactora, constituida por los denominados “Siete Padres de la Patria” (entre ellos, no hay que olvidar, el catalán Miquel Roca i Junyent como miembro destacado), propuso un texto que fue aprobado en Cortes Constituyentes, para ser ratificada, finalmente, por amplia mayoría del pueblo español (catalanes incluidos; vascos, no) a través de la celebración del referéndum correspondiente.
Estado social y democrático de derecho, Monarquía Parlamentaria y Estado autonómico, son los ejes fundamentales sobre los que se ha basado un desarrollo de los derechos y libertades de los españoles, durante un periodo que se puede catalogar como el de mayor y más prolongada estabilidad político-social de la historia de España que —paralelamente al mismo, o como consecuencia de él—, vino acompañado de un profundo desarrollo económico y cultural.
Pero, la actual crisis económica parece haber hundido los pilares socioeconómicos y lleva camino de poner en cuestión los valores ideológicos imperantes durante la Transición y el posterior periodo constitucional, por los motivos siguientes:

-El incremento exponencial del paro, producido por el cierre y debilitamiento del sector empresarial
-El gran número de casos de corrupción político-empresarial (generados en periodos anteriores a la crisis, pero que son revisados ahora, dada la lentitud de la Justicia).
-Las acciones poco ejemplarizantes llevadas a cabo por personas que ostentan los poderes máximos del Estado, de las comunidades autónomas y de las entidades locales (incluida la Corona, símbolo del Estado).

Todo ello, ha provocado la emergencia de movimientos denominados “de indignación” —en referencia al célebre libro de Stéphane Hessel. Así, los movimientos del 15-M, las Mareas blancas, verdes…, se condensaron en la constitución del partido Podemos, con su líder carismático (¿por mediático?), Pablo Iglesias, el cual ha ido obteniendo éxitos notables en las elecciones europeas, autonómicas y locales, y generales.

En su día, Podemos apostó por “abrir (¿con ruptura?, ¿con la llave?) el candado de la Transición”, es decir, por pasar página al periodo constituyente y constitucional plasmado en la Constitución de 1978, y abrir un nuevo melón constituyente, capaz de regenerar la vida política, a través de dotar de transparencia al sistema para acabar con la corrupción, que se considera generalizada.
Al objeto de conseguirlo, se pusieron en marcha los siguientes resortes:

-Procedimientos partidarios proclives al asamblearismo y a permitir una mayor participación de los afiliados y simpatizantes —a través de las redes sociales, en buena parte—, ya que los políticos actuales —tildados como casta— “no nos representa(ba)n”.
-Una propuesta de relevo generacional, imprescindible para conseguir ese objetivo de regeneración política; fenómeno que ya se ha hecho realidad en una parte significativa de las instituciones del Estado, fundamentalmente, con la abdicación del Rey Juan Carlos I, en favor de su hijo Felipe VI, el relevo en la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez, y la entrada en la escena política del joven -aunque no bisoño- Albert Rivera, de Ciudadanos.

Esta aventura iniciada por los movimientos de la indignación —y cuando la estructura del Estado se ha visto debilitada por los efectos de la crisis—, también ha sido secundada por el movimiento soberanista catalán, a pesar de haber sido partícipe activo en el proceso de aprobación de la Constitución española, de la planta constitucional española —sistema autonómico incluido—, teniendo un peso determinante en la gobernanza del Estado, siempre a cambio de réditos en materia de recursos para Cataluña.
Así mismo —aunque de una manera más dubitativa—, el PSOE ha entrado en esta espiral de la indignación (de radicalización), en su intento de contrarrestar la pujanza de Podemos, que hace peligrar su puesto de partido hegemónico de la izquierda española y, por lo tanto, de seguir ostentando el papel de partido de la alternancia en el gobierno. Ciudadanos, por su parte, ha plantado la bandera de la lucha encarnizada contra la corrupción en su exiguo territorio y se niega a admitir en el mismo a sospechosos de la más mínima impureza política.

De momento, los logros de esa añorada Segunda Transición en España se circunscriben al debilitamiento del bipartidismo, y a la -que parece insalvable- dificultad para formar el Gobierno de España, tras dos intentos fallidos derivados de las elecciones del 20-D-15 y en la repetición del 26-J-16.

Esta nueva política -en la que predomina la miopía a la que conducen los intereses partidistas, la bisoñez de la mayoría de los líderes políticos, y la política de mercadotecnia-, en lugar de llevarnos hacia una Segunda Transición, parece que nos dirige hacia un impasse peligroso, dados los retos que debe afrontar el Gobierno de España: salida de la crisis económica, nueva planta constitucional y autonómica, “brexit”…

En fin… a ver quien es el guapo que abre este candado.

(Ilustración: Graffiti de DEIH en el parque de Marxalenes, Valencia)