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El sueño de la nación produce monstruos (como #Trump, #Putin, o #LePen)

Las mentes interesadas de los políticos populistas, es decir, de casi todos, crean la entelequia socio-política-electoral de #LaGente, como sujeto colectivo al que hay que atender en sus pretendidas inquietudes y al que se debe pleitesía. Sin embargo, este sujeto público no existe en la realidad, sino que es una abstracción elaborada por los líderes de las formaciones políticas en su camino hacia la conquista o el mantenimiento del poder.

En la construcción de este monstruo colectivo intervienen también, de una manera determinante, los medios de comunicación, en cuanto intermediarios entre la realidad política y la realidad social. Ambas son manipulables.

Así puede entenderse que fuerzas políticas minoritarias en el ámbito electoral e institucional se conviertan en portavoces de #LaGente, dando a entender que ellas representan el sentir de la mayoría de la población, o de las clases populares, mientras los resultados electorales desmienten categóricamente dicha idea y les otorgan los porcentajes y el número exacto de representatividad que poseen. Evidentemente, sin la ayuda fundamental de influyentes medios de comunicación, no podría darse este fenómeno de hiperrepresentatividad virtual y de omnipresencia televisiva.

Si queremos ser objetivos, deberemos constatar que en determinadas épocas convulsas los anhelos de #LaGente verdadera, las mayorías sociales, pueden producir monstruos, dictadores descomunales, como Hitler, como Stalin… Y, dentro de las coordenadas democráticas, otorgan el poder  a líderes nacional-mediáticos del talante populista de Berlusconi, Putin, o Trump, al tiempo que dan un fuerte respaldo a líderes de extrema derecha como Le Pen, y de extrema izquierda como Tsipras, Iglesias o Mélenchon. (A Putin, por cierto, se le señala como presunto pirata informático, aliado de Trump y Le Pen).

Extensas capas sociales responden de una manera emocional, simplista, burda, en ocasiones violenta, a los embates de las crisis económicas, de manera que se exterioriza el odio hacia la clase política y empresarial -sobretodo los banqueros- administradora del sistema socioeconómico (antes etiquetada por Podemos como #LaCasta, ahora como #LaTrama, ¿después?..). Además, los líderes derechistas culpan a los emigrantes y refugiados de buena parte de la inestabilidad social, por la presunta comisión de delitos contra las personas y sus propiedades, al tiempo que usurpan puestos de trabajo (escaso) a los nacionales.

En los tiempos que corren, los políticos que masajean los oídos de #LaGente suelen llevarse el gato al agua, en mayor o menor grado. El sistema democrático reconoce derechos y libertades de los ciudadanos. También responsabilidades. No obstante, la predisposición de la clase política -y de los medios de comunicación- a granjearse la simpatía de la mayoría de la población -y aumentar y fidelizar la audiencia, en el caso de los mass media-, ha conducido a una situación en la que se eleva a nivel político el lema del marketing comercial, según el cual “el cliente siempre tiene razón“. Por ello, los partidos políticos tienden a complacer en todo al electorado potencial, que es quien ha de otorgarles el poder.

Cuando, en épocas de crisis como la actual, se incrementa la precariedad laboral y se extiende la desigualdad social y la miseria, se alzan las voces del populismo ofreciendo a #LaGente la cabeza de los gestores del sistema, soluciones simples a la complejidad de los fenómenos socioeconómicos y, si se tercia, el oro y el moro en forma de jubilaciones a los 6o años, impago de la deuda estatal y rentas básicas varias. No importa si ahora se prometen determinados beneficios personales y colectivos, y más adelante se cambian por otros: la falta de coherencia forma parte de la esencia del populismo, el cual tiene como norte complacer al Leviatán insaciable de #LaGente, en el camino hacia la consecución del poder.

Pero los líderes y las políticas populistas también provocan temor en amplias capas de la sociedad. Por ello, Marine Le Pen, candidata a la Presidencia de Francia en la segunda vuelta electoral, ha pretendido dulcificar su imagen para intentar asustar a la mínima cantidad posible de electores franceses, al objeto de ampliar su espectro político fuera de los márgenes del populismo y, tras reconocer la victoria electoral de Emmanuel Macron, ha anunciado la formación de una nueva fuerza política.

Al igual que Donald Trump, en el momento de cumplir los 100 días en la Presidencia de los Estados Unidos de América (first), tuvo que enmendar la plana al #Trump de la agresiva campaña electoral y de las primeras medidas de gobierno anunciadas en aquella, y reconocer que gobernar no es tan fácil como creía. Pues es consustancial a la democracia la división de poderes y el establecimiento de contrafuertes al poder que se considera omnipotente. Así, el Poder Judicial ha tumbado sus Órdenes sobre el veto inmigratorio y los Presupuestos del Estado, que deben ser aprobados por el Poder Legislativo, ponen en entredicho la posibilidad de ampliar la valla que separa la frontera entre EEUU y México.

En definitiva, no es tan fiero el león como lo pintan y, debidamente domesticados, los políticos extremistas acaban por inclinar su cerviz ante las exigencias lógicas del sistema. No obstante, sería conveniente abandonar las fuertes emociones provocadas por esa montaña rusa en la que se ha convertido la política actual, donde las propuestas programáticas, dirigidas a enardecer el corazón de #LaGente, no hacen más que tambalearse y cambiar de dirección, aceleradas por la fuerza y la inmediatez de la información, lo que impide la adopción de medidas racionales y el seguimiento de una trayectoria coherente, sin sobresaltos excesivos.

Desde una política responsable [¿hay alguien ahí?], se deberían impulsar propuestas socioeconómicas meditadas, capaces de lograr el máximo bienestar social. A su vez, serían deseables programas educativos encaminados a facilitar la extensión entre la población de los principios básicos de la democracia -con sus derechos, pero también con sus responsabilidades-, así como fomentar la floración de mentalidades con capacidad para la reflexión y la crítica constructiva.

Y que en nuestras sociedades se despierte el sentimiento de la empatía, aquél que antes era dado en llamar “amor al prójimo”.

(Fuente de la fotografía: Expansión)

¡Indigna(d)os!

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Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!
JOSÉ LUIS SAMPEDRO, Prólogo del libro ¡INDIGNAOS! de STÉPHANE HESSEL.

En el principio fue la Indignación. ¿Qué viene después?: ¿La Revolución? ¿La Reflexión? ¿La Nada? Esa indignación que nace de una emoción ante las graves consecuencias de la crisis socio-económica, ¿tendrá su correlato en la capacidad humana para la recopilación de conocimientos y el análisis racional, al objeto de pergeñar alternativas viables (a ser posible, pacíficas) a este statu quo insatisfactorio?
Sampedro sintetiza las intenciones del autor:

¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, al tiempo que les señala los actuales retrocesos […] Con un grito les está diciendo: ‘Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten’ […] Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial” (págs. 13-14)

Es decir, se hace un llamamiento a defender los logros democráticos conseguidos por las generaciones anteriores. Pero, ahora y aquí (en España), los vientos de indignación y el molino que recoge sus aspiraciones políticas, han apostado (en principio, luego ya se verá) por arrasar con lo anterior -la Transición y el proceso constituyente que produjo la Constitución española de 1978 y, con él, el régimen de derechos y libertades del que gozamos en la actualidad- para empezar de cero, iniciar una nueva Transición, un nuevo proceso constituyente. Un proceso que algunos parece que amagan con dirigirlo hacia la III República, en cuanto régimen deseado como reposición de la II República, revocada por un dictador que murió en la cama [Vid. la entrada de este blog Abrir el candado de la Transición]. Cabría preguntase si lo que el autor considera logros conseguidos después de la ‘dolorosa lección de la segunda guerra mundial’, ya no sirve para las conquistas democráticas del pueblo español traídas por la Transición y la Constitución de 1978.

Por otra parte, Hessel concreta sus pensamientos y, de nuevo, se dirige a la juventud:

A los jóvenes, les digo: mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación -el trato a los inmigrantes, a los sin papeles, a los gitanos-. Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte: ¡Buscad y encontraréis! (pág. 35).

Aquí, el autor del panfleto-libro parece recomendar un ejercicio de recarga emocional con una indignación difusa que, con el desempeño detectivesco de buscar ‘situaciones concretas’, rearmarán nuestra voluntad y la orientarán hacia la ejecución de ‘una acción ciudadana fuerte‘. O sea, situaciones concretas, fenómenos aislados, huérfanos de una profundidad en el pensamiento y de una reflexión de una globalidad cada vez más interconectada. Respuestas concretas a esos fenómenos descoordinados. Por ello, las formaciones populistas -que recogen la antorcha ideológica de Hessel- se limitan a elaborar un listado de esas ‘situaciones concretas’ (recortes en sanidad y educación, regulación laboral, desahucios…), para darlas a conocer a la opinión pública -tan receptiva a esos mensajes de indignación- y, así, obtener fácilmente su apoyo mediático y callejero.Todo ello, sin el desgaste en popularidad que supone plantear propuestas razonadas, capaces de acabar con ese estado de cosas tan insatisfactorio o, como mínimo, de paliar sus consecuencias más negativas.

Aún así, Hessel reconoce la complejidad del mundo que nos ha tocado vivir:

… las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo, demasiado complejo. ¿Quién manda?, ¿quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no se trata de una pequeña élite cuyas artimañas comprendemos perfectamente. Es un mundo vasto, y nos damos cuenta de que es interdependiente: Vivimos en una interconectividad como no ha existido jamás. Pero en este mundo hay cosas insoportables” (pág. 31).

Pese a todo, la clave ideológica y, tal vez, el éxito logrado por ¡INDIGNAOS! reside en el ejercicio de simplificación de los fenómenos socio-económicos, de señalamiento de posibles responsables (siempre ajenos y alejados del pueblo) y, de esta manera, ahorrar cualquier acto de autocrítica a la gente y a cada persona que forma parte de esa gente, respecto de la cual algunos caen, demasiado a menudo, en la tentación de arrogarse su representación, en exclusiva.

Ante tanta complejidad social, ¿puede entenderse mejor el papel de chivo expiatorio otorgado por la ciudadanía a la clase política clásica, convertida por arte de populismo en una casta que ‘no nos representa‘? [Vid. la entrada Chivos expiatorios de la crisis].

(Ilustración: Graffiti en el Parque de Marxalenes, Valencia)

Chivos expiatorios de la crisis

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El problema de España es que los peores de nosotros son los que llegan al poder.
El pueblo español es muy solidario, muy generoso, es inteligente, trabajador,
pero la política se ha desprestigiado hasta el punto de que los más torpes y manejables, aquellos que menos respetan el arte de conseguir que la gente viva bien,
son los que están en el poder
“.
BENJAMÍN PRADO (escritor). Levante-EMV, 27-4-14.

Abnegados servidores del sistema (no reconocen ninguna alternativa al mismo, ¿alguien ha propuesto una salida viable al capitalismo?), los políticos tomaron decisiones difíciles para salvar al sistema capitalista de la crisis económica de 2008. Al objeto de evitar el derrumbe del capitalismo, los dirigentes de los países afectados por la crisis -es decir, casi todos- inyectaron dinero público al sistema bancario para que no se hundiera completamente, pues eso -ya se sabe- significaría la erradicación del capitalismo, ya que se predica como principal característica del sistema financiero la de actuar como sistema circulatorio de la anatomía social. Y, si falla el sistema circulatorio en cualquier organismo, el pronóstico es bien fácil: la muerte.
Una vez reconvertida la deuda privada en deuda pública, a través de ese trasvase de recursos hacia el sistema financiero, se ha producido una disminución del nivel de vida de la clase media y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
Al tiempo, los agentes del capitalismo, con la inestimable colaboración del sistema mediático que ellos controlan, han lanzado una campaña masiva de desprestigio de la clase política. Una campaña que -¡cómo no!- ha calado en la opinión pública, de forma que los políticos se han convertido en el chivo expiatorio de todos los males habidos y por haber, en este periodo de profunda y extensa crisis económica.
El desprestigio de la clase política (ya convertida en casta) ha venido de la mano de los casos de corrupción (destapados, fundamentalmente, por los medios de comunicación) procedentes, en su mayoría, de operaciones irregulares y/o ilegales efectuadas en la época de bonanza, cuando la actividad económica (con la inmobiliaria a la cabeza) iba viento en popa a toda vela, el dinero corría alegremente de mano en mano (pública o privada) y era, por tanto, más fácil caer en la tentación de distraer recursos públicos hacia bolsillos privados y cajas de los partidos políticos con cuotas de poder.
Con la clase política maniatada por el incesante desfile de casos de corrupción, se producen los siguientes fenómenos socio-políticos:

1º. El pueblo (las personas que han sufrido en sus carnes los efectos nefastos de la crisis) ya tiene su particular chivo expiatorio de los desmanes sociales (lo que le exonera de cualquier responsabilidad individual o colectiva en la génesis y el desarrollo de la crisis. Evidentemente, las personas no son responsables de la crisis económica, sino sus víctimas. Aunque también deberíamos evitar caer en el populismo ramplón, de palabra (como el de la cita plasmada al inicio), acción u omisión, pues no podemos obviar que los representantes políticos son pueblo y han sido elegidos por el pueblo. Tampoco hemos de taparnos los ojos ante la verdad que esconde el dicho: “Dale un carguito si quieres conocer a fulanito
2º. La clase capitalista fortalece su posición hegemónica en la regulación del sistema, de manera que, ante las dificultades que presentan las empresas para sobrevivir a la crisis, se llevan a cabo reformas laborales que tienen como consecuencia la reducción drástica de derechos socio-laborales, la bajada de salarios y retribuciones de los funcionarios, la congelación de pensiones, así como el aumento del paro.

Como muestra, un espléndido botón:
En la portada del mes de enero de 2015 de la revista Actualidad Económica se lee: “Contra la corrupción, más mercado. Reducir el Estado y despolitizar la vida económica y social frenaría los comportamientos deshonestos”. La editorial dice:

“En contra del tan extendido dogma de que para acabar con la corrupción debemos otorgar al Estado mayores poderes que en la actualidad, el camino verdaderamente eficaz es el opuesto. La corrupción masiva solo puede darse allá donde el Estado detente un poder excesivo, que no le corresponde: si este requisito no se da, tampoco habrá espacio posible para la corrupción. Tan simple como eso”.

Es decir, que la corrupción solo afecta a políticos y funcionarios depravados (cuando en los casos de corrupción resulta imprescindible la presencia de algún empresario que ofrezca dádivas, o que reciba beneficios en forma de adjudicaciones de obras o servicios públicos), pues aunque se reconoce que

“La corrupción es una lacra que puede darse tanto en el ámbito público como en el privado […] la corrupción que se circunscribe al ámbito privado es un problema que solo afecta a las partes implicadas y que debe ser resuelto por ellas“.

Con lo que estamos dando por supuesto que las prácticas empresariales gozan de la presunción de honestidad, lo que está bien lejos de la realidad, pues de todos son conocidos las ententes, acuerdos y demás actos de negocios que atentan contra los intereses de los sacrificados consumidores que (ahí, sí) no cuenta con el respaldo de los poderes públicos, sujetos a la lógica de la economía de mercado y capitalista.
Para romper estas cadenas que parecen atenazar tanto a los políticos como al pueblo que le da sustento, es necesario llevar a cabo una renovación de planteamientos ideológicos y de reforma de los postulados políticos, que sea capaz de lograr los objetivos siguientes:

a) La realización de un análisis sereno, en sus formas, y radical, en su contenido, al objeto de estudiar las causas profundas de la crisis y las posibles alternativas para, a partir de sus efectos nocivos, elaborar las alternativas socio-económicas y políticas que conlleven el bienestar social y la disminución de las desigualdes sociales.
b) El establecimiento de un pacto entre la sociedad civil y los representantes políticos, que permita devolver la confianza al sistema representativo (democrático).

Para ello, sería imprescindible modificar la legislación electoral, más que alrededor de las consabidas propuestas sobre listas abiertas (un auténtico lío) y el sistema de primarias para elegir a los líderes de los partidos (demasiado ruido para tan pocas nueces), en el sentido de fijar el número de elegidos en proporción al número de votantes. Es decir, establecer unos mínimos y unos máximos para cada institución representativa y, de conformidad con la participación de los electores en cada elección, marcar el número total de representantes.
De esta manera, se devolvería la palabra al pueblo y, lo que es más importante, el sentido de responsabilidad en la toma de decisiones políticas.
[Hay una propuesta para la sociedad valenciana en http://wp.me/p4n4JW-74, del blog lavalenciavirtual.wordpress.com]
Y los políticos, con sus hechos, deberán buscar la motivación del electorado, pues el número de cargos políticos (remunerados) estará determinado por la participación electoral.
Con esto, ¿será posible que un nuevo panorama se abra ante un ciudadano más consciente de la realidad y, por ello, más responsable de sus acciones, y que la clase política, junto con los medios de comunicación, sean capaces de introducir en su hoja de ruta político-mediática, temas de mayor calado social?
(Ilustración: Graffiti en Parque de Marxalenes, Valencia)