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Sultanes del tuit

La irrupción en la escena política de las nuevas formaciones viene de la mano de la onda expansiva producida por los medios de comunicación y las redes sociales. Así, Podemos no puede entenderse sin la omnipresencia mediática de Pablo Iglesias en los platós de televisión, al que siguieron los demás líderes de la formación morada. También por el buen manejo y difusión de los mensajes lanzados a través de Twitter, fundamentalmente, por sus dirigentes, militantes, simpatizantes, bien coordinados por sus community managers.

Además, existe una convergencia del populismo español y del catalán (independentismo), cuyo objetivo es establecer una alianza estratégica para tratar de enterrar el sistema democrático nacido con la Constitución de 1978, tras el convulso y fructífero periodo de la Transición. Algunas de sus señas de identidad son estas:

  • Ambos hablan en nombre y representación de “La Gente”, en un caso, y del “Pueblo Catalán”, en el otro, a pesar de que los resultados electorales les niegan la mayoría en sus respectivos ámbitos.
  • Los discursos de unos y otros están trufados (¿trucados?) de oratoria revolucionaria y/o de llamamientos a la desobediencia civil (como sucede en Venezuela, pero de signo político contrario).
  • Sus actuaciones tienen lugar, principalmente, en el espacio de esa Democracia Virtual que han construido a golpe de perfomances parlamentarias y callejeras, paseíllos de líderes políticos varios, fotos de familias de lo más pintorescas, y anuncios de referéndums anunciados -que no convocados- ad nauseam.

Todo ello con el propósito no manifestado de copar las frecuencias de las ondas de radio y los rayos catódicos de la televisión, amén de agotar el papel de la prensa diaria e invadir el TimeLine de Twitter.

Sin embargo, la revolución esbozada por Podemos y la independencia de Cataluña anunciada por Junts pel Sí y la CUP, no cuentan con los recursos humanos suficientes para tomar el Estado al asalto: en cuanto se pone en riesgo el patrimonio de aquellos que han de liderar las presuntas revoluciones y rebeldías, se inicia el procés de las sucesivas deserciones en las filas insurgentes. De esta manera, Guillermo Zapata y otros concejales de Ahora Madrid se van del partido para no tener que aportar parte de su sueldo a la causa, y ha comenzado ya el goteo de consellers y otros cargos públicos de la Generalitat Catalana que abandonan el barco a la deriva cuyo puerto es la Ítaca independiente, pero que puede encallar en los farallones donde se cobran las sanciones pecuniarias a sus navegantes.

¡Con lo bien que iba todo cuando se trataba de lanzar tuits vejatorios contra víctimas del terrorismo y del machismo, así como contra los judíos!..

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Mensajes, acciones y omisiones (como el racaneo a la hora de homenajear a Miguel Ángel Blanco), cuyos contenidos -y silencios- también responden a las querencias ideológicas del colectivo podemita, porque:

  1. Se denigra a víctimas del terrorismo ya que se está al lado de la estrategia de ETA, tal y como manifestó Pablo Iglesias en una herriko taberna de Pamplona, el 6 de junio de 2013: «ETA se dio cuenta desde el principio de que, por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española» (Iñaki Ezkerra, Los totalitarismos blandos). De esta manera, se legitima el rechazo a la democracia española por no reconocer el Derecho a la Autodeterminación, un derecho inexistente en las constituciones occidentales y negado reciente y explícitamente al procés catalán por el exsecretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon.
  2. Los judíos pueden ser objeto de sorna si, por ejemplo, se está a favor de la causa palestina, que se extiende a la admiración por el universo musulmán, lo que lleva a no suscribir el Pacto Antiyihadista (contra Dáesh) -suscrito por el Gobierno español, el PSOE, Ciudadanos y otros partidos políticos-, tras recibir fondos del régimen iraní, además de otros regímenes dudosamente democráticos.

¡Cuánto se disfrutaba, también, mientras se construía con juegos de palabras y frases desafiantes la Torre de Babel de la República Catalana Independiente de su Casa (la Cataluña que, mayoritariamente, no desea la independencia)!..

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Carles Puigdemont en el escenario con Sopa de Cabra

Mas, cuando se acerca el momento de poner la pluma sobre el papel para aprobar la ley que impugne la Constitución Española, y que conlleve la respuesta del Estado en su defensa mediante la imposición de penas pecuniarias contra los autores del desafío, da comienzo el baile de la yenka de los políticos  soberanistas para “echarse a un lado” y ceder el paso a los valientes.

Porque hay que ser conscientes de que solo existen dos vías para reformar o echar a tierra el sistema constitucional actual:

  • Seguir los cauces y procedimientos señalados en la Constitución para su reforma.
  • Realizar un alzamiento contra el orden vigente del que no se puede descartar la utilización de la violencia armada, con las correspondientes pérdidas de bienes materiales y del bien más preciado: la vida humana.

No obstante, dado el grado de conformismo de los ciudadanos españoles (catalanes incluidos) con los estándares de nivel de vida alcanzados (más ahora, que empezamos a salir de la grave crisis económica), parece que corren malos tiempos para la lírica revolucionaria y la épica rebelde, más si sus protagonistas han de ser la burguesía catalana y las clases medias -conservadoras por naturaleza-, por muy afectadas que hayan sido por la crisis económica y/o involucradas en los pingües beneficios obtenidos del sistema corrupto del 3% pujolista.

Matar y morir por causas de dudosa justeza social y ética, no son acciones propias de estos mundos sutiles-ingrávidos-y-gentiles-como pompas de jabón que nos ha tocado vivir.

Y, ante todo, no podemos olvidar que la pela és la pela… Y si esta se halla en peligro, no cabe más que exclamar: campi qui  pugui!

 

(Fuente de la fotografía: El País)

#40AñosDeDemocracia ante la izquierda ‘ceniza’

En los medios de comunicación y, fundamentalmente, en las redes sociales hemos asistido a la contraprogramación llevada a cabo por Podemos y sus confluencias –Compromís incluido- para intentar empañar la celebración institucional de los cuarenta años de las primeras elecciones democráticas, que tuvieron lugar el 15 de junio de 1977.

Una actuación más de la denominada “izquierda ceniza” tendente a identificar la fructífera etapa de democracia española como un mero apéndice del régimen franquista. No en vano, ha sido bautizado el sistema democrático nacido de la Transición y de la Constitución Española de 1978 como el “régimen del 78”.

El apelativo de “ceniza” se corresponde con un movimiento político que vive de sembrar de “peros” las buenas noticias sobre los avances económicos y sociales que, tras la lenta recuperación de la crisis de 2008, comienzan a proliferar en los medios de comunicación y, en menor medida, en los hogares españoles con el incremento de la actividad económica y la disminución del paro. Pájaros de mal agüero, se han nutrido de la miseria producida por la crisis y de la putrefacción provocada por los casos de corrupción política que han salido recientemente a la palestra judicial y mediática, aunque los hechos tuvieron lugar en una época anterior a dicha crisis. Con estos mimbres han construido sus discursos y sus perfomances mediáticas, así como mediante la crítica de los logros en materia de derechos humanos y de bienestar social conquistados durante la difícil Transición y la no menos complicada etapa democrática, cuyo inicio lo podemos establecer en las elecciones del 15 de junio de 1977.

La izquierda ceniza se postula como heredera de las fuerzas  constitutivas del Frente Popular pergeñado durante la caótica II República que, en última instancia, fue derrotada por el General Franco, un dictador que mantuvo su poder absoluto con mano de hierro, y al que la izquierda ceniza nunca le perdonará que diera su último suspiro en la cama, ante la alegría -fruto de la impotencia- demostrada por las fuerzas opositoras a su régimen. Ahora, cuando hace más de cuarenta años de la muerte del dictador, esa izquierda pretende vencer a Franco y sus régimen, mediante dos  iniciativas políticas:

  • Trasladar los restos mortales del Caudillo desde el Valle de los Caídos a alguna propiedad de su familia, en cuanto culmen de una tendencia macabra a mirar hacia las cunetas donde se supone que yacen centenares de víctimas de la represión franquista.
  • Vencer a la dictadura a través de una operación ideológica que consiste en identificar al sistema democrático actual como una prolongación del régimen franquista, para lo cual hay que realizar una enmienda a la totalidad a la Transición y sus secuelas democráticas. “Abrir el candado de la Transición” fue la expresión utilizada por el líder máximo de la izquierda ceniza: Pablo Manuel Iglesias Turrión, al que pretende disputar ese espacio político el doblemente secretario general del PSOE Pedro Sánchez.

La izquierda ceniza, cual Ave Fénix, renace de los rescoldos que quedaron tras la extinción de la Revolución Soviética, y que tiene su símbolo más preclaro en la Caída del Muro de Berlín, allá por el año 1989. Una izquierda que ha quedado huérfana de un proyecto de liberación de la Humanidad presente y futura, cuya impotencia le hace volver los ojos hacia el pasado histórico al objeto de fajarse con su fantasma, y porfiar por vencer a aquellos personajes que considera como herederos de las fuerzas triunfantes en ese pasado, ahora ya “maldito”.

De esta manera, si las Cortes Generales organizan un acto para celebrar los #40AñosDeDemocracia, la izquierda impotente se ve en la necesidad de montar un espectáculo en desagravio de las víctimas del franquismo, mediante una estética retro y cutre, como un deja vu de exhibición de carteles con fotos (en blanco y negro, ¡cómo no!) de esas víctimas y gestos reconcentrados de puños revolucionarios en alto y a la altura de las sienes. Y una etiqueta de Twitter que sintetiza el sentido del homenaje, en cuanto rechazo total de un sistema democrático del que se postula su origen franquista, la protección de figuras de ese régimen y el olvido de las víctimas del mismo: #40AñosDeImpunidad. Enfrentamiento contra reconciliación, de nuevo. ¡Cómo si no hubiésemos tenido bastante con 40 años de dictadura, nacida de un lustro de caos republicano!..

Desde el ámbito de lo que damos en llamar “izquierda” o “progresismo”, ¿ya no hay nadie capaz de contraponer a los pensamientos cenizos y la estética retrógrada y cutre, ciertas dosis de alegría en el presente y de optimismo en el futuro? Entre estas dos propuestas ideológicas hallamos la encrucijada de nuestro presente. Una se nutre de la fuerza absorbente de un pasado ya concluso. La otra, de las ansias de proyección en un futuro, siempre incierto por naturaleza, pero donde habría que reservar un espacio, por pequeño que sea, para el cultivo de la esperanza.

 

(Fuente de la fotografía: Eldiario.es)

Ana Oramas, #conValentía

Dicen que cada pueblo tiene los políticos que se merece, más si -en democracia- es el pueblo quien elige a los políticos que lo representan. En ese sentido, las Islas Canarias, también son las Islas Afortunas por tener a una líder política de la talla de Ana Oramas.

Diputada de una fuerza política como Coalición Canaria, siempre atenta a conseguir mejoras en el bienestar social del pueblo canario, y predispuesta a facilitar la gobernabilidad del Estado Español, Ana Oramas se posicionó a favor de la investidura fallida de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno de España, la cual no prosperó porque el grupo parlamentario de Podemos votó en contra de la misma, después de protagonizar largos y mediáticos paseíllos repletos de gente antitaurina y grandes piruetas ante la hoguera de las vanidades políticas.

Ana Oramas también se mostró favorable a la investidura de Mariano Rajoy, por el bien de Canarias y para salir del impasse en el que había caído la política española tras dos elecciones generales consecutivas ganadas por el PP con una mayoría insuficiente para gobernar en solitario. Dicho acuerdo se extendió a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2017, con lo que se contribuía a la estabilidad del Gobierno de España y se lograban importantes inversiones y diferentes beneficios a disfrutar por el pueblo canario (a lo que hay que añadir lo conseguido por el disputado, y favorable, voto del Sr. Quevedo de Nueva Canarias).

No otro es el posicionamiento político que cabe esperar de cualquier partido nacionalista de la periferia española: intentar conquistar el mayor número de apoyos entre amplios sectores de la sociedad en cuyo territorio están enraizados, luchar por el progreso económico, social y cultural de su pueblo, además de hacerse valer a la hora de garantizar la gobernabilidad del Estado, como forma de conseguir los recursos que hagan posible llevar a cabo los objetivos nacionalistas de cohesión y progreso social. Esta ha venido siendo la hoja de ruta del PNV, así como del CiU hasta la caída en el P(d)ECAT (de soberbia soberanista).

Ana Oramas se sienta a la izquierda del escaño del diputado de Compromís Joan Baldoví (o éste se sitúa a la derecha de la Sra. Oramas) pero, para desgracia del pueblo valenciano, la proximidad física de ambos diputados no se extiende al acercamiento político e ideológico de sus respectivas formaciones políticas:

  • Como ya hemos señalado, Coalición Canaria ha facilitado la formación del Gobierno del PP (tras intentar la consecución de un gobierno socialista) y ha votado favorablemente la Ley de los PGE 2017, a cambio de beneficios sustanciales para su Comunidad Autónoma. Por contra, Joan Baldoví y sus tres compañeros diputados de Compromís siempre se han mostrado enemigos del PP y de Rajoy, con lo que vuelven a tierras valencianas con las manos vacías y con la única propuesta en firme de “montar el pollo”, ante la discriminación que viene sufriendo el pueblo valenciano en materia de financiación autonómica e inversiones estatales, además de otros ninguneos históricos.
  • Joan Baldoví y Compromís actúan, más que como compañeros de viaje de Podemos, como acólitos disciplinados de la política populista y de las propuestas demagógicas de la formación morada. Ana Oramas, en cambio, con solo cinco minutos de intervención y dos minutos de réplica en el debate sobre la megalomoción de censura interpuesta por los partidarios de Pablo Iglesias (a mayor gloria de éste), desmontó de una sola tacada el machismo del líder podemita, admitido en lo políticamente correcto, así como la tramoya que se escondía ante la representación del puro teatro al que pretende llevar a la política española, con el intento de convertir las, generalmente discretas, Asambleas Parlamentarias en luminosos platós de televisión, y el debate político en mera tertulia mediática. Además, destapó la máscara de la demagogia de Pablemos al recriminarle que la única utilidad de la pretendida moción de censura solo buscaba el interés de su partido a costa de un todavía convaleciente PSOE: “Cuando Podemos pudo [durante la investidura de Pedro Sánchez], no quiso [votó en contra de la misma]. Y ahora que quiere [con la moción de censura], no puede” [solo obtuvo 82 votos: Podemos, ERC, EH-Bildu y, cómo no, Compromís].

¿Cuántos no nos sujetamos fuertemente al asiento en Valencia al escuchar las palabras expresadas con convicción y #convalentía por Ana Oramas? ¿Cuántos valencianos no desearon en ese momento tener una Oramas en su tierra?

Sin embargo, el pueblo valenciano (capaz de levantar enormes monumentos históricos y culturales, como la Muixeranga de Algemesí, el Misteri d’Elx, las Fallas de Valencia, les Fogueres de Alicante, les Gaiates de Castellón, los Moros i Cristians de Alcoi y otras poblaciones… de conservar instituciones centenarias y enraizadas en los pueblos como las Bandas de Música y milenarias como el Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia) se muestra impotente a la hora de generar una fuerza política integradora de las diferentes sensibilidades sociales e ideológicas, firme en la defensa de los intereses del pueblo valenciano, y con capacidad de influencia en la gobernabilidad del Estado Español.

Esa fuerza pudo haber sido UPV-Bloc, pero no lo fue… Esa fuerza pudo haber sido Unió Valenciana, pero no lo fue… Esa fuerza podría ser Compromís (#ambValentia)… pero no lo será.

De esta manera, está garantizado que el pueblo valenciano continuará asumiendo el papel de pobre (con renta per cápita inferior a la media española) y pagano (contribuyente al sistema de financiación autonómica). Porque así ha sido y será… Porque siempre se nos ha tenido por más muelles… con toda la razón del mundo.

(Fuente de la fotografía: eldiario.es)

 

 

Susana en su laberinto

Casilla de salida en el Juego de la Oca socialista: 1 de octubre de 2016. Posada de los Ferraz. Comité Federal.

Fue el día en el que se desataron las hostilidades, dentro de una guerra más o menos larvada en el seno del PSOE. Los resultados electorales negativos en las elecciones generales del 20-D y del 26-J -con la guinda de las elecciones autonómicas vascas y gallegas-, han puesto sobre el tapete la indefinición ideológica del partido de los socialistas españoles, que se ha visto incrementada con la falta de respuestas realistas a la crisis económica, y a la fuerza generada por el movimiento de los Indignados del 15-M, cuyo correlato lo encontramos en la irrupción potente de Podemos.

El conflicto interno que culminó con la lamentable batalla de Ferraz lo iniciaron la mayoría de los barones socialistas -encabezados por la lideresa andaluza Susana Díaz-, cuando constataron que el entonces secretario general Pedro Sánchez era incapaz de asumir responsabilidades por los sucesivos fracasos electorales; que no era realista en sus planteamientos a la hora de intentar ser presidente del Gobierno de España con su enemigo político (Podemos) y las fuerzas segregacionistas catalanas; y, sobre todo, que no se iba ni con agua caliente, pues se enrocó en el cargo mediante la legitimidad que le otorgaba el haber sido elegido en primarias por la militancia, cada vez más radicalizada en su rechazo a cualquier pacto con el PP de Mariano Rajoy.

A sabiendas, Pedro Sánchez ha intentado deslegitimar en todo momento a sus barones críticos con el secuestro virtual de las bases en la cárcel de oro donde se aloja la soberanía que se hace derivar de las primarias. Y de aquellos barros primarios vienen estos lodos devastadores, que desembocan en el pozo socialista presente, y con visos de persistencia en el futuro….

Por ello, la valoración de las primarias -un sistema más de selección de líderes, importado de la democracia estadounidense- se convirtió en el centro de la controversia entre Pedro Sánchez y la mayoría de los barones territoriales del PSOE. Porque las primarias son consideradas por algunos como el no va más de la democracia interna de los partidos políticos. Sin embargo, en el libro La urna rota: La crisis política e institucional del modelo español, de Politikon, se hace un análisis en profundidad de dicho sistema, donde se demuestra que no es oro todo lo que reluce cuando se lanzan los dados de las primarias:

  • Se da más relevancia al carisma y a la imagen que al programa político (en algunos casos, inexistente, por fluctuante y alejado de la realidad). Por ello,  se tiende a crear organizaciones de tipo presidencialista, por el mayor peso de la figura del líder sobre la organización y el programa. Así, “a primera vista, dejar que vote toda la militancia (o el electorado) parece una manera de dar voz a las bases (o la ciudadanía). En la práctica, pueden ser un  sistema «cesarista»  por el cual las bases hablen solo una vez cada cuatro años, cuando toque escoger o ratificar al jefe, y conseguir que las estructuras del partido sean anuladas. El partido puede dejar de ser una máquina de formar coaliciones y agregar preferencias para ser un órgano de poder plebiscitario.”
  • Los cuadros intermedios de los partidos -elegidos mediante procedimientos de representación y, a veces, constreñidos por responsabilidades de gestión- ceden su protagonismo a la militancia -libre de sujeciones, más crítica-, por lo que  los partidos se radicalizan en sus utopías y en el odio hacia el adversario político. Y en las elecciones a la Presidencia de Francia se ha constatado que el candidato radical de los socialistas franceses elegido en primarias, Benoît Hamon, ha conducido a la debacle electoral a su partido obteniendo un 6% de los votos.
  • Existe una mayor repercusión en los medios de comunicación, los cuales  agradecen los duelos (mediáticos) entre líderes, e incluso pueden participar en los mismos, decantándose a favor de uno u otro de los candidatos.
  • Así mismo, las primarias son utilizadas por los partidos emergentes en España (Podemos y Ciudadanos) como arma arrojadiza contra los partidos adversarios que no las contemplan en sus estatutos, a los que se acusa de antidemocráticos, lo que llevado al extremo puede conducir a la repulsa de los mecanismos propios de la democracia representativa, fundamento de cualquier sistema realmente democrático.

Todos estos factores han contribuido a la desestabilización organizativa y a la banalización del programa ideológico del PSOE. La campaña de primarias se circunscribe al lanzamiento de eslóganes alejados del programa político: El “No es no“, trasvertido en el “Si o sí“, de Pedro Sánchez; las “Ganas de ganar“, del “100% PSOE”, de Susana Díaz; el “Voto útil” para “Unir el partido”, de Patxi López…

El Comité Federal del 23 de octubre de 2016 quiso tender el puente que pudiera permitir al PSOE salir de su laberinto. Sin embargo, la diferencia tan ajustada en la presentación de avales entre Susana Díaz y Pedro Sánchez en el inicio del proceso de primarias -ante la presencia del minoritario, pero siempre utilitarista, Patxi López-, provoca que el conflicto dentro de la posada socialista vuelva a la casilla nefasta del 1-10-16, ya convertido en una crónica de la muerte, tan anunciada…

(Imagen: Dansa de La Moma, con los pecados. Festividad del Corpus Christi de Valencia. Cerámica de Susana González)

 

 

El sueño de la nación produce monstruos (como #Trump, #Putin, o #LePen)

Las mentes interesadas de los políticos populistas, es decir, de casi todos, crean la entelequia socio-política-electoral de #LaGente, como sujeto colectivo al que hay que atender en sus pretendidas inquietudes y al que se debe pleitesía. Sin embargo, este sujeto público no existe en la realidad, sino que es una abstracción elaborada por los líderes de las formaciones políticas en su camino hacia la conquista o el mantenimiento del poder.

En la construcción de este monstruo colectivo intervienen también, de una manera determinante, los medios de comunicación, en cuanto intermediarios entre la realidad política y la realidad social. Ambas son manipulables.

Así puede entenderse que fuerzas políticas minoritarias en el ámbito electoral e institucional se conviertan en portavoces de #LaGente, dando a entender que ellas representan el sentir de la mayoría de la población, o de las clases populares, mientras los resultados electorales desmienten categóricamente dicha idea y les otorgan los porcentajes y el número exacto de representatividad que poseen. Evidentemente, sin la ayuda fundamental de influyentes medios de comunicación, no podría darse este fenómeno de hiperrepresentatividad virtual y de omnipresencia televisiva.

Si queremos ser objetivos, deberemos constatar que en determinadas épocas convulsas los anhelos de #LaGente verdadera, las mayorías sociales, pueden producir monstruos, dictadores descomunales, como Hitler, como Stalin… Y, dentro de las coordenadas democráticas, otorgan el poder  a líderes nacional-mediáticos del talante populista de Berlusconi, Putin, o Trump, al tiempo que dan un fuerte respaldo a líderes de extrema derecha como Le Pen, y de extrema izquierda como Tsipras, Iglesias o Mélenchon. (A Putin, por cierto, se le señala como presunto pirata informático, aliado de Trump y Le Pen).

Extensas capas sociales responden de una manera emocional, simplista, burda, en ocasiones violenta, a los embates de las crisis económicas, de manera que se exterioriza el odio hacia la clase política y empresarial -sobretodo los banqueros- administradora del sistema socioeconómico (antes etiquetada por Podemos como #LaCasta, ahora como #LaTrama, ¿después?..). Además, los líderes derechistas culpan a los emigrantes y refugiados de buena parte de la inestabilidad social, por la presunta comisión de delitos contra las personas y sus propiedades, al tiempo que usurpan puestos de trabajo (escaso) a los nacionales.

En los tiempos que corren, los políticos que masajean los oídos de #LaGente suelen llevarse el gato al agua, en mayor o menor grado. El sistema democrático reconoce derechos y libertades de los ciudadanos. También responsabilidades. No obstante, la predisposición de la clase política -y de los medios de comunicación- a granjearse la simpatía de la mayoría de la población -y aumentar y fidelizar la audiencia, en el caso de los mass media-, ha conducido a una situación en la que se eleva a nivel político el lema del marketing comercial, según el cual “el cliente siempre tiene razón“. Por ello, los partidos políticos tienden a complacer en todo al electorado potencial, que es quien ha de otorgarles el poder.

Cuando, en épocas de crisis como la actual, se incrementa la precariedad laboral y se extiende la desigualdad social y la miseria, se alzan las voces del populismo ofreciendo a #LaGente la cabeza de los gestores del sistema, soluciones simples a la complejidad de los fenómenos socioeconómicos y, si se tercia, el oro y el moro en forma de jubilaciones a los 6o años, impago de la deuda estatal y rentas básicas varias. No importa si ahora se prometen determinados beneficios personales y colectivos, y más adelante se cambian por otros: la falta de coherencia forma parte de la esencia del populismo, el cual tiene como norte complacer al Leviatán insaciable de #LaGente, en el camino hacia la consecución del poder.

Pero los líderes y las políticas populistas también provocan temor en amplias capas de la sociedad. Por ello, Marine Le Pen, candidata a la Presidencia de Francia en la segunda vuelta electoral, ha pretendido dulcificar su imagen para intentar asustar a la mínima cantidad posible de electores franceses, al objeto de ampliar su espectro político fuera de los márgenes del populismo y, tras reconocer la victoria electoral de Emmanuel Macron, ha anunciado la formación de una nueva fuerza política.

Al igual que Donald Trump, en el momento de cumplir los 100 días en la Presidencia de los Estados Unidos de América (first), tuvo que enmendar la plana al #Trump de la agresiva campaña electoral y de las primeras medidas de gobierno anunciadas en aquella, y reconocer que gobernar no es tan fácil como creía. Pues es consustancial a la democracia la división de poderes y el establecimiento de contrafuertes al poder que se considera omnipotente. Así, el Poder Judicial ha tumbado sus Órdenes sobre el veto inmigratorio y los Presupuestos del Estado, que deben ser aprobados por el Poder Legislativo, ponen en entredicho la posibilidad de ampliar la valla que separa la frontera entre EEUU y México.

En definitiva, no es tan fiero el león como lo pintan y, debidamente domesticados, los políticos extremistas acaban por inclinar su cerviz ante las exigencias lógicas del sistema. No obstante, sería conveniente abandonar las fuertes emociones provocadas por esa montaña rusa en la que se ha convertido la política actual, donde las propuestas programáticas, dirigidas a enardecer el corazón de #LaGente, no hacen más que tambalearse y cambiar de dirección, aceleradas por la fuerza y la inmediatez de la información, lo que impide la adopción de medidas racionales y el seguimiento de una trayectoria coherente, sin sobresaltos excesivos.

Desde una política responsable [¿hay alguien ahí?], se deberían impulsar propuestas socioeconómicas meditadas, capaces de lograr el máximo bienestar social. A su vez, serían deseables programas educativos encaminados a facilitar la extensión entre la población de los principios básicos de la democracia -con sus derechos, pero también con sus responsabilidades-, así como fomentar la floración de mentalidades con capacidad para la reflexión y la crítica constructiva.

Y que en nuestras sociedades se despierte el sentimiento de la empatía, aquél que antes era dado en llamar “amor al prójimo”.

(Fuente de la fotografía: Expansión)

Convergencia para tumbar la democracia

El eco de las notas y el texto antifranquista de L’estaca, del ahora empresario enólogo Lluís Llach (“segur que tomba, tomba, tomba…”), componía la melodía musical con la que concluía la Asamblea Ciudadana podemita de Vistalegre II. Eran maneras de kumbayá fraternal y fondo de purga estalinista contra el sector de la transversalidad errejonista. Antes y después, han proseguido los paseíllos de autoridades y simpatizantes de la causa independentista catalana en apoyo de los principales líderes de la misma (Podemos también se ha manifestado a favor del denominado derecho a decidir), que desembocan ante las puertas solemnes de los tribunales de justicia españoles.

Ambos movimientos de masas son ejemplos de la convergencia de intereses políticos entre el populismo español y el independentismo catalán (la rama autónoma del populismo), a la hora de intentar liquidar el sistema constitucional de 1978, ahora etiquetado como #RégimenDel78 (“si tires fort ella caurà…”) por aquellos líderes de Podemos que, a duras penas, habían nacido con él. Es decir, se intenta acabar con el sistema democrático al que contribuyeron decisivamente las fuerzas catalanistas (con Miquel Roca como padre de la Constitución) y el pueblo catalán en su conjunto en el momento de votar muy mayoritariamente dicha Constitución. También el catalanismo contribuyó en el diseño y el desarrollo de las bases constitucionales a través de la siempre determinante Convergència i Unió, por lo que el encaje de Cataluña en España supuso importantes beneficios para aquel territorio autonómico, en cuanto a inversiones del Estado y al establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica, siempre pactados con las formaciones catalanistas.

Esta singularidad del espaciotiempo político -que define lo español políticamente correcto– en la que conviven lo más plácidamente posible la izquierda antisistema (y de las CUP) con la derecha catalana más insolidaria, surge a consecuencia de la crisis económica y del quebranto de la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, así como de la mengua de los recursos de las Administraciones Públicas y, con ellas, los de las Comunidades Autónomas. En el fragor de la batalla política -a la cual han contribuido a potenciar los omnipresentes y omnipotentes medios de comunicación de masas- entra en escena el movimiento populista que reclama más igualdad social, y vuelve a la misma el irredentismo catalán, insolidario en cuanto pretende la máxima desigualdad autonómica, o sea, la independencia respecto de los demás pueblos que constituyen el Estado Español, ahora que vienen mal dadas.

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(Fuente: Diario crítico)

No es el único momento en el que fuerzas políticas catalanas han pretendido pirarse de España, ni será el último:

  • La guerra dels Segadors de 1640, supuso un breve periodo de independencia con 11 años de insufrible integración en Francia, un Estado más centralista que el español.
  • El Tancament de caixes de 1899, con la célebre sentencia de Manuel Durán i Basno ens entendran mai“. El grito de “Abaix els lladres“, o los silbidos a la Marcha Real  denunciados por Segismundo Moret en 1901.
  • La proclamación en 1934 del Estat Català en la República Federal española, realizada por Lluís Companys…

Es evidente que la corrupción ha supuesto el debilitamiento del bipartismo imperfecto, con el crecimiento de Podemos y Ciudadanos a costa de los partidos de gobierno (PP y PSOE), involucrados en casos de corrupción que han tenido lugar durante la época de bonanza económica, pero que la lentitud de la justicia y la voracidad de audiencias de los medios de comunicación han hecho bien presentes en nuestro afán.

También és clar i català que la corrupción autóctona (la de fuerza política del #RègimDel80: la CiU de Jordi Pujol) ha servido de detonante para la puesta en marcha de un procés de desconexión con España que bien podría desarrollarse bajo el título español de la película de Woody Allen: Coge el dinero y corre… (que la justicia española -para más señas- nos pisa los talones. Si logramos la independencia “ens podrem alliberar…” de ese yugo tan indeseable).

En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Bajo la pátina de progresismo y democracia, se ocultan los viejos relatos (de terror) que, por aquel entonces, “l’avi Siset em parlava“…

 

 

 

 

 

 

“No es No” al “Sí o Sí”

Hay quien sostiene que no existen las casualidades. En el transcurso de pocas horas, hemos asistido al acto de presentación de la candidatura de Pedro Sánchez, dentro del proceso de primarias para elegir al próximo Secretario General del PSOE, horas después de que la Fiscalía anunciara que iba a investigar las declaraciones del exjuez Santi Vidal, en las que comunicaba que la Generalitat Catalana había obtenido ilegalmente los datos fiscales de los catalanes, entre otras lindezas, dentro del procés anticonstitucional. Con ello, se ha constatado que “por la boca muere el juez” (como cargo, además de como senador de ERC).

Es evidente que la política española (¿solo la española?) vive tiempos inestables ligados al protagonismo de políticos ligeros de cascos:

  1. No ha mucho, el mismísimo Pedro Sánchez, en su calidad de Secretario General de los socialistas, se escudó en el célebre eslogan “No es No” (al actual Gobierno de Mariano Rajoy) para rehuir sus responsabilidades ante los sucesivos récords históricos de peores resultados de su partido, al tiempo que pretendía conquistar el poder mediante pactos con Ciudadanos, Podemos y con el sursum corda. Todo bien ilustrado con un amplísimo repertorio de poses y fotos para la posteridad, y de paseíllos ante las cámaras de televisión de líderes la mar de antitaurinos.
  2. Desde la otrora Marca Hispánica, el actual Molt Honorable Carles Puigdemont bajo la égida (con visos de secuestro) de la ERC de Oriol Junqueras y las CUP de Anna Gabriel, lanza el grito de guerra de “Referéndum, Sí o Sí”, a pesar de que, aunque las fuerzas políticas independentistas han logrado la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya, perdieron el referéndum solapado en el que quisieron convertir las elecciones autonómicas del 27-S-2015. Con la puesta en marcha del procés, los líderes soberanistas han demostrado fehacientemente su firme vocación de expolíticos, con el Astut Mas a la cabeza, al calor de las ascuas del ‘procés’, o al sentir la frialdad a la hora de dar cuenta de sus actos ilegales ante la Justicia española (la única).

El “No es No” de las huestes de Pedro Sánchez ha ocasionado una de las más graves crisis en el seno del PSOE, y mantuvo a todo el país en vilo, con gobierno en funciones durante casi un año. Lo del Gobierno se ha (medio)arreglado a costa de profundizar la crisis socialista que apunta hacia el proceso de primarias y la celebración del Congreso Federal antes del verano.

Por su parte, el “Sí o Sí” ha provocado los siguientes cataclismos políticos:

  • La desaparición de Convergència i Unió como coalición hegemónica en Cataluña durante más de 30 años, además de decisiva para la gobernabilidad del Estado Español, ya fuera para facilitar gobiernos socialistas o del PP mediante la correspondiente negociación de privilegios para el pueblo catalán.
  • La progresiva jibarización de Convergència, ahora travestida en P(D)eCat (de soberbia e insolidaridad).
  • La división profunda de la sociedad catalana en dos mitades políticas casi iguales.
  • El más grave reto planteado al Estado, ya que atañe a su integridad territorial.

Casualmente, el bocazas de Vidal ha anunciado la supuesta conjunción planetaria entre los posicionamientos políticos de Pedro Sánchez y los soberanistas, ambos proclives a la transgresión de unos cuantos principios democráticos. En el caso del sanchismo, se vulneró el principio no escrito de facilitar el gobierno a la fuerza política más votada, además de esconder pactos secretos a la luz deslumbrante de las omnipresentes cámaras de televisión.

Los independentistas catalanes rompen la lealtad a un sistema constitucional en el que fueron decisivos para su implantación y buen funcionamiento, además de pasarse por el forro el principio fundamental de sometimiento de las autoridades al imperio de la ley y del derecho. Bajo la apariencia de un procés soberanista se esconde, tal vez, el intento de romper con la legalidad española, con la pretensión de declarar la insumisión a un sistema legal que ya tiene en el punto de mira a los responsables del (presunto) régimen corrupto del Problema del 3%, anunciado en su día por Pasqual Maragall.

Sabemos que en la era de la información imperan los pensamientos expresados en 140 caracteres y los eslóganes de lo más ocurrente y variado. También que el debate político se ha convertido en puro teatro.

Al final, en política todo parece desembocar en mera forma vacía de contenidos, en buena parte ocultos a la sociedad. Tarea de todos será desenmascarar estas agendas ocultas que tienen como objetivo derrumbar el sistema democrático.

(Fotografía: eldiario.es)

 

 

Parlamentos de kumbayá y sobaquillo

Además de por la jerga pseudorrevolucionaria y sus soflamas demagógicas, las nuevas formaciones que provienen del movimiento de los indignados son conocidas por la exhibición pública de atuendos informales, peinados estrambóticos y, si corresponde, la utilización de la más  burda tecnología digital (vía axila sospechosa) al objeto de comprobar los niveles de resistencia odorífera de determinado cuerpo sumergido en un Parlamento, en este caso, el catalán.

No podemos olvidar que ese movimiento (anti)político tenía como eslogan principal el “no nos representan”, por lo que resulta coherente su reiterada demostración de falta de respeto hacia las instituciones a las que acaban de acceder y donde reside la soberanía del pueblo, al parecer, ente diferente en su argumentario político al de la gente, en cuanto sujeto colectivo ideal al cual dicen representar.

Precisamente, ahora que están dentro de los Parlamentos necesitan emitir signos sobre la continuidad con el movimiento indignado, al objeto de marcar diferencias con la denostada “casta” política. De ahí la sentada de Pablo Iglesias con los jóvenes -y no tan jórvenes- periodistas sobre una lujosa moqueta en el incomparable marco del Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados, la cual ofrecía una imagen que bien podría ser entresacada del Sermón de la Montaña o de un corro de boys scouts alrededor de la hoguera. Para rematar la faena solo faltó que el superstar arrancara a su guitarra los acordes del Kumbayá, a los que respondería el canto espiritual de la prensa, rendida a sus encantos…

No obstante, estas actuaciones de los herederos de la indignación solo son perpetradas en las sedes de las instituciones y ante la presencia del Rey como Jefe del Estado, por ejemplo. En otros lugares y circunstancias, como en la gala de entrega de los Premios Goya del cine español, se impone el esmoquin ante los colegas del mundo de la farándula. De esta forma, se establece un claro indicador del respeto que se profesa (o no) hacia instituciones, personajes y personas.

Ante la falta de alternativas políticas rigurosas al sistema vigente, y para superar la disyuntiva entre democracia formal y democracia real, los líderes de Podemos han optado por potenciar la democracia informal. Por ello, necesitan dar la nota -día sí, día también- al objeto de ser objetivo preferente de otras cámaras, ya sean fotográficas o de televisión. Ora se presentan con un bebé a una sesión parlamentaria; ora acuden montados en sus bicicletas al Congreso; ora se besan -reiteradamente- en los labios por el hemiciclo o los pasillos del Parlamento. En definitiva, todo pura pose; lo suyo es puro teatro. Nada de “ora”, poco de “labora”. Pero para la prensa son sus personajes favoritos, pues son suministradores generosos de imágenes chocantes y frases ingeniosas, en definitiva de todo aquello que es noticiable dada su originalidad.

Constatado su más rotundo éxito mediático, en cuanto Flautista de Hamelín reconvertido en perroflauta ocasional de esmoquin y moqueta, Pablemos superstar se siente capaz de llevar a todo aquel que siga sus pasos hacia el abismo, hacia la nada

 

En España se enterraba muy bien

Puede parecer un contrasentido más de la racionalidad humana, pero los hechos lo constatan: en general, los humanos dispensamos un mejor trato a los muertos que a los vivos. “En España se entierra muy bien”, se atrevía a decir el exdirigente socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

Pues, cada vez con mayor frecuencia, observamos los espectáculos ofrecidos como homenaje en memoria de las personas muertas, incluidos los aplausos multitudinarios que se tributan al paso del féretro (¡como si el difunto -ya convertido en símbolo inerte de su vida y milagros, y amuleto contra nuestra propia muerte- pudiera escucharlos!).

Mas, como ya comienza a ser criticado este trato preferente hacia los muertos en detrimento de los vivos, van implantándose los homenajes a las personas aún vivas. Sin embargo, ser objeto de semejante tributo bien pudiera ser síntoma de mala salud: probablemente algún ser estimado ha detectado que tus días en este mundo traidor están a punto de agotarse, y por eso te preparan la despedida que te mereces.

También resulta evidente que, en todo momento, el difunto siempre supera en bondad y sabiduría al vivo; por lo menos así se manifiesta en los elogios y adulaciones que se dirigen hacia el muerto y que tanto regateamos al vivo. Este forma parte del mundo, participa en la lucha por la competencia para intentar sobrevivir y flotar; en cambio la persona muerta se aparta de nuestro trayecto vital y ya no representa ningún obstáculo en nuestra marcha que, a menudo, consideramos triunfal.

Además, los muertos se convierten en aldabonazo, en símbolo, de nuestra existencia finita, y eso representa otro motivo para la reverencia que les dispensamos. Los muertos abren la senda que más tarde deberemos recorrer los que fuimos testigos de su tránsito hacia el interior del ataúd. En este sentido, el respeto manifestado en los ritos del entierro suponen una especie de exorcismo de nuestras propias muertes, un hecho que la conciencia considera inevitable, pero que nuestro instinto de supervivencia intenta negarle su certificado de veracidad.

Ay, si cuidáramos tan bien a los vivos como hacemos con los muertos!; otra sería la faz de la sociedad humana. Un nuevo lema (parafraseando el mensaje cristiano) podría cambiar el signo de la especie humana: “Respeta al vivo, así como respetas al muerto”, porque -podríamos añadir- tarde o temprano te tocará hacer el muerto.

P.D.: Naturalmente, estas reflexiones sobre principios éticos de nuestra sociedad han quedado obsoletas con la llegada a España -y al mundo entero- de la nueva e indignada política. La trágica muerte (¡existe alguna muerte que no sea trágica!) de Rita Barberá ha aflorado a la superficie mediática el odio reconcentrado que determinadas personas y fuerzas políticas ya manifestaban en vida de la exalcaldesa de Valencia y senadora.

Así, los líderes de Podemos, por ejemplo, no se han cortado ni un pelo de sus coletas pseudorevolucionarias, a la hora de sentenciar que la política fallecida era una “corrupta” (a pesar de no tener ninguna sentencia judicial que así lo dictaminara) y negarse, por ello, a observar el minuto de silencio que le tributó el Congreso de los Diputados, como respeto a un referente del sistema democrático español y valenciano.

Ay, si a Rita Barberá se le hubiese respetado, como mínimo, el derecho de presunción de inocencia que corresponde a todo ser humano, hasta que la muerte la separara del resto de la humanidad (aún) viviente… y más allá…

Una democracia virtual y ‘trumposa’

En esta época que nos ha tocado vivir constatamos fenómenos políticos y mediáticos como los encarnados en  Silvio Berlusconi, primero, y  Donald Trump, últimamente. Son personas carismáticas procedentes del mundo empresarial y con una fuerte presencia en los medios de comunicación, tanto en lo que respecta a su propiedad como en lo referente a la presencia en los mismos. Con ello, y  transmitiendo mensajes que masajean los oídos de la gente -más o menos indignada con la clase política tradicional-, han conseguido el máximo poder político en sus países.

Paradójicamente, estos magnates (conservadores) de la empresa y la política internacional han  acabado unidos, por los rayos catódicos, a otros líderes mediáticos, por ejemplo, a los del partido de los indignados españoles (¿de izquierdas?, ¿socialdemócratas?, ¿de los de abajo?, ¿transversales?), es decir, Podemos.

Ante estos fenómenos de la vida política y mediática, hemos de preguntarnos: ¿Estamos asistiendo a la construcción de una realidad político-mediática virtual, o de política-plasma, alternativa al sistema político actual?

Porque, inmersos como estamos en la sociedad de la información, los líderes políticos que saben utilizar los resortes que dirigen aquella (radio, televisión y redes sociales) consiguen los objetivos que se proponen, desde una fuerte presencia institucional hasta la obtención de la presidencia de gobiernos de países importantes. De esta manera, Berlusconi consiguió ser Presidente de Italia, como ahora Trump ha logrado la Presidencia de los Estados Unidos. Del mismo modo, no se puede entender la emergencia en el ámbito político español de Podemos, si no tenemos en cuenta la omnipresencia de dicho partido en los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión.

En este sentido, y centrándonos en la realidad española, parece que  los principales medios de comunicación privados y determinadas fuerzas políticas emergentes, entre las cuales destaca Podemos, están enfrascados en la consolidación de una realidad virtual paralela a la de la política real, aquella que se despliega en el Congreso y el Senado, además de en los distintos parlamentos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones provinciales, sedes de los partidos políticos, etc. Se trata de un fenómeno hermano del que representa la economía virtual (o especulativa), respecto de la economía real, y que tantos quebraderos de cabeza está causando a la clase política y, principalmente, al ciudadano de a pie (buena parte de los economistas consideran a la crisis financiera como causa detonante de la crisis económica actual).

Tanto la una (la economía virtual), como la otra (la política virtual) funcionan con un mecanismo propio generador de burbujas (fuertes expansiones que las alejan de los parámetros reales) que, cuando alcanzan determinados niveles de saturación, se pinchan. En ese preciso instante, los signos de la realidad se imponen y se destruyen los castillos de naipes con los que se ha jugado la partida de la realidad virtual.

También es común a las virtualidades económicas y políticas el fenómeno de expansión por contagio viral: transmisión exponencial de los datos a través de los sistemas de información dominados por el Big Data y las redes sociales.

Mas, en la realidad virtual política, se ha llevado el Gato el Agua la nueva generación de políticos que provienen, en buena parte, del colectivo de los  indignados, pronto convertidos en casta-plasma, por mor de su omnipresencia en los  medios de comunicación de titularidad privada y, de rebote, por contagio viral, en los mass media públicos. Así puede explicarse que, antes de la fundación de Podemos, su futuro líder  Pablo Iglesias  ya actuara como auténtico  superstar en los principales canales de televisión privada. Después se produjo la presencia mediática de otros líderes de su movimiento como  Tania Sánchez, para a continuación -con la creación de Podemos como partido político- intensificar la visualización de esta organización recién nacida.

Ello ayuda a explicar el crecimiento exponencial de esta fuerza política, a partir del logro de cinco representantes elegidos por el pueblo en la elecciones al Parlamento Europeo de 2014 (conseguidos, por cierto, con un programa que prometía el oro y el moro, como la jubilación a los 60 años, y que acarició los oídos de 1.250.000 votantes españoles, sensibles a los efectos nefastos de la crisis e inclinados a señalar como culpables de la misma a la clase política real, ahora transformada en “casta”).

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Y, en este nuevo terreno de juego virtual, las apariciones televisivas y las encuestas (con datos de lo mas variado y fluctuante; como hechas a medida) pretenden sustituir a las urnas, esas cajas transparentes con ranura en su parte superior, en las que se recoge el voto secreto que ha de elegir a las personas que “SÍ nos representan” en las instituciones donde reside la soberanía nacional y la voluntad del cuerpo electoral.

No debe extrañarnos que el fenómeno de la política virtual prolifere en esta  sociedad del espectáculo que nos ha tocado vivir, donde predominan las actitudes infantiloides de buena parte de la ciudadanía -que tan solo anhela la diversión y el entretenimiento-, como causa o efecto, entre otras cosas, de que los niños se han convertido en los “Reyes de la casa”.

Pues, a pesar de que parece existir una gran efervescencia social y política, esta sociedad manifiesta una gran carencia de sentido de responsabilidad respecto de la marcha de la sociedad y de compromiso político, sindical y civil; en realidad son colectivos bastante reducidos en número los que bajan a la arena político-social. La calle, siempre es una inmensa minoría respecto de la gente, aunque los dueños de aquella, a menudo, se erigen en representantes de esta, y  los medios de comunicación se manifiestan como la caja de resonancia de ese ruido social. El resto de la población se limita a ver los programas televisivos donde se representan las contiendas políticas en forma de debates y tertulias -si puede ser- bien subidas de tono, pero en las que  la sangre nunca llega al río.

Al final,  el máximo esfuerzo realizado por la gran mayoría de los ciudadanos en materia política, consiste en dirigir el dedo acusador contra la casta (apacible chivo expiatorio en el que se concentran todos los males y todas las culpas), dar pábulo a sus desmanes (casos de corrupción realizados por algunos de sus representantes durante la época de bonanza económica), en los círculos de amistad y de trabajo, así como en las redes sociales. Y contar chistes, muchos chistes; y transmitir muchos  memes en las redes sociales, en los que las víctimas de la chanza son aquéllos que “SÍ nos representan” (como mínimo, hasta que dejen de representarnos, si así lo decidimos las personas que depositamos una papeleta en una caja transparente, con ranura en su parte superior, y que damos en llamar “urna”).