El Estado es el PP

Los momentos culminantes del procés hacia la independencia de Cataluña dejan al descubierto el movimiento convergente de las diferentes hojas de ruta políticas, tendentes a estigmatizar al PP como el partido de la derecha recalcitrante heredera del franquismo y, como consecuencia de ello, a marginarlo del escenario político.

El pistoletazo de salida tuvo lugar con el denominado Pacte del Tinell, suscrito en el mes de diciembre de 2003 por el PSC, ERC y ICV-EUiA, que dio origen al Govern del tripartito. Su objetivo era conquistar el poder en Cataluña, pero la consecuencia más duradera fue el establecimiento de un cordón sanitario alrededor del PP, de manera que se prohibían los pactos y acuerdos con dicho partido, por lo que el mismo solo podría gobernar si conseguía la mayoría absoluta en las correspondientes elecciones. En otro caso, se daba luz verde a los gobiernos tri, tetra, o pentapartitos enfrentados al PP, en España, Comunidades Autónomas, o Ayuntamientos.

La demonización del PP experimentó su momento álgido en el año 2006, con motivo de la elaboración del nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña, impulsada por el líder de los socialistas catalanes Pasqual Maragall, con la aquiescencia de CiU (ERC no estaba de acuerdo y finalmente optó por pedir el voto nulo) y la bendición del por entonces Presidente del Gobierno Español José Luis Rodríguez Zapatero, el cual pronunció la célebre frase: “Aceptaré todo lo que venga del Parlament“. El PP fue marginado de todo el procedimiento para la confección del texto estatutario y, una vez aprobado el Estatut mediante referéndum celebrado en Cataluña, optó por presentar recurso de inconstitucionalidad contra buena parte del articulado estatutario.

Dado que la presentación de este recurso ha sido utilizado por las fuerzas independentistas y sus aliados populistas para echar la culpa al PP del clima de resentimiento antiespañol en auge dentro de amplias capas de la población catalana, conviene dejar constancia de algunos hechos que, a menudo, no son tenidos en cuenta:

El recurso de inconstitucionalidad fue presentado, además de por el PP, por las siguientes instituciones: El Defensor del Pueblo (el líder socialista Enrique Múgica), y cinco Gobiernos Autonómicos, entre ellos, el ejecutivo socialista de Aragón.

Se achaca al PP, y se pretende deslegitimar al Tribunal Constitucional, por presentar el recurso y dictar sentencia, respectivamente, en contra de la voluntad manifestada por el pueblo catalán en la consulta que aprobó el Estatut.

En primer lugar, hay que destacar que el Estatut fue votado por el 49,4% del censo catalán, y obtuvo el voto favorable del 73,9% de los participantes en la consulta. Por ello, hay que cifrar en el 36% el apoyo de los ciudadanos catalanes hacia su norma estatutaria. Además, como hemos observado anteriormente, ERC (el principal partido beneficiado por el victimismo que nace del conflicto planteado con el nuevo Estatut) se decantó por pedir el voto nulo.

Por otra parte, los recursos contra normas jurídicas son instrumentos que cualquier sistema democrático otorga a las personas físicas y jurídicas en defensa de sus derechos, libertades e intereses legítimos, y pone en manos de los Tribunales de Justicia la valoración de las perspectivas jurídicas que mantienen los recurrentes. El/los recurso/s contra el Estatut elevan el grado de indignación de los independentistas porque el/los mismo/s se presentaron una vez aprobado el texto estatutario en consulta popular.

Ello no podía ser de otra manera, ya que en 1985 el Gobierno socialista de Felipe González propuso -y consiguió- la eliminación del recurso previo de inconstitucionalidad, el cual permitía la presentación de recursos contra normas estatutarias antes de su elevación a referéndum de los electores de la Comunidad Autónoma correspondiente. A partir de ese instante solo cabía presentar el recurso de inconstitucionalidad contra un Estatut que ya hubiese sido aprobado en referéndum. De ahí la fácil imputación al PP de ir en contra de #LaGente, en este caso, el pueblo de Cataluña (recordemos: el 36% de los ciudadanos catalanes con derecho a voto).

Y en eso, llegó Podemos

Surfeando sobre la ola de indignación ocasionada por el tsunami de la crisis económica y los casos de corrupción política, recogieron el lema de “No nos representan” dirigido hacia los partidos de la vieja política (“PSOE, PP, la misma cosa es”). En el camino, intentaron “abrir el candado de la Transición”, considerada como germen del denominado “Régimen del 78“, producto elaborado en el laboratorio sito en la caverna del Régimen de Franco.

Después de engullir a IU, las huestes de Pablo Iglesias tratan de efectuar el abrazo del oso al PSOE, encabezado por Pedro Sánchez, el líder que lanzó la campaña del “No es No” al objeto de evitar cualquier acuerdo o pacto con el PP, en cuanto renovación, a nivel estatal, del ya mencionado Pacte del Tinell, de ámbito catalán.

Mediante ofertas de formación de gobiernos de progreso, Podemos trata de desgarrar a un PSOE que se mueve entre su tradicional posicionamiento a favor del sistema constitucional español y una cierta equidistancia entre los afanes rupturistas con la Constitución del movimiento independentista catalán y del populismo, que pugna por iniciar un proceso constituyente después de derogar la Constitución Española del 78, en el camino de implantar la III República como clon de la II República, derrotada por un dictador que murió en la cama, de viejo.

En su ruta hacia la toma del poder en sus ámbitos respectivos, interesa a las fuerzas independentistas y populistas la identificación del PP con el Estado, pues de esta manera concitan a su favor las conciencias de aquellas personas que consideran al PP (el partido más votado en España y en la mayoría de Comunidades Autónomas), una fuerza de extrema derecha, franquista y reaccionaria. Así, el odio al PP se torna en odio a España y, por ello, a la democracia, al sistema constitucional que estableció el Estado Social y Democrático de Derecho.

Precisamente, la acción que simboliza la identificación que algunos realizan entre PP, franquismo y España, tuvo lugar -¡cómo no!- en el Parlament de Cataluña, donde la diputada de Catalunya Sí que es Pot, Àngels Martínez, retiró (con la parsimonia propia de la anciana que recoge la ropa tendida) las banderas españolas puestas por los diputados del PPC en sus escaños, antes de abandonar el plenario con motivo de la votación de la Ley del Referémdum.  Esta es una banderaque fue impuesta por la fuerza de las armas”, dijo la diputada podemita cuando se le interpeló por su acción.

De una tacada, se pretendía eliminar del Parlament al PP, al símbolo de España, a la España constitucional, es decir, todo aquello que cualquier progre, de forma automática, rechazará por considerarlo facha y, de paso, fortalecer la convergencia de intereses del movimiento populista con las fuerzas independentistas.

El problema reside en que con tanta simplificación de los postulados políticos, y con la banalización de la política que surge desde el odio al PP, acabemos por cargarnos la democracia.

 

(Fotografía: Expansión)

 

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Barcelona: Manifestación de discordia, sectarismo y barbarie

Las primeras reacciones tras los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, hacían presagiar que se iba a imponer en Cataluña un clima de unidad política y solidaridad entre las personas y las entidades cívicas, capaz de iniciar una nueva dinámica en la política española de consenso constitucional y respecto de las relaciones de los gobiernos de Cataluña y España.

Sin embargo, la manifestación celebrada en Barcelona el sábado 26 de agosto, ha significado un paso más en la cristalización de las desavenencias que ya venían produciéndose durante la semana anterior a los atentados terroristas, y aún antes.

Dado que el clima de unidad se consideraba que beneficiaba la posición de las formaciones políticas constitucionalistas -principalmente, al PP– los partidos populistas e independentistas -cuyo objetivo común es la desestabilización y derrumbe del sistema constitucional español- pronto arrimaron el ascua a su sardina, y los líderes que pilotan el denominado procés hacia la independencia de Cataluña aprovecharon el protagonismo de la policía autonómica catalana -los Mossos d’Esquadrapara tratar de ofrecer al mundo entero una imagen de Cataluña como Estado virtual que bien pudieran constituirse ya como Estado real, dada la eficacia demostrada por las fuerzas de seguridad catalanas, a pesar de los fallos cometidos en la investigación sobre la explosión del chalet de Alcanar y después de la comisión de los actos terroristas.

El diseño de la cabecera de la manifestación del 26-A ya fue toda una declaración de intenciones de las propuestas populistas e independentistas -con participación especial del Ayuntamiento de Barcelona, presidido por la angelical (H)ADA (Colau), la CUP y la Assemblea Nacional Catalana-, las cuales se concretaban en otorgar el principal protagonismo a la sociedad civil para retirárselo a la (abominable) clase política, es decir, para tratar de ocultar la presencia del Rey, como Jefe del Estado Social, Democrático y de Derecho, así como la de los miembros del Gobierno de España y demás instituciones estatales.

Esta era una forma práctica -y plástica- de juntar el lema del movimiento de Los Indignados (“No nos representan”), con el rechazo de Los Independentistas a los representantes libremente elegidos por los votantes españoles, catalanes incluidos.

Si a eso añadimos los abucheos dedicados al Rey y al Presidente del Gobierno Mariano Rajoy por una parte de los espectadores y manifestantes, junto con las proclamas sobre su responsabilidad (in)directa en la perpetración de los crímenes terroristas (“Vuestras políticas son nuestros muertos”), la exhibición de estelades independentistas, y el nulo recuerdo a las víctimas del atentado, obtenemos un cuadro político corrompido por la desunión del pueblo catalán, así como por el sectarismo de las fuerzas separatistas que manifiestan su odio a todo lo que huela a español, por muy amable y democrático que se muestre.

Ante tal manifestación de incivismo, la periodista de La Sexta, Cristina Pardo, lanzaba este tuit:

Cómo no, los populistas -liderados por Pablo Iglesiasse sumaban al aquelarre antiespañol y anticonstitucional. Ello se plasmó en la entrevista realizada, una vez finalizada la manifestación, por La Sexta al líder podemita, el cual alabó el clima de pluralidad democrática dentro de la unidad y justificó los silbidos y abucheos al Rey y a Mariano Rajoy como un ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Como telón de fondo, una bandera republicana (del 36), alguna estelada y los vítores y aplausos de una clac entregada.

Acto seguido, esa libertad de expresión alabada por Iglesias fue negada a la dirigente catalana del PP, Andrea Levy por la misma clac indepe-republicana.

De “vergonzoso” fue calificado este acto de intolerancia y sectarismo políticos por los presentadores de La Sexta, una cadena televisiva que se ha caracterizado por aupar a los altares mediáticos a Pablo Iglesias y a toda su cuadrilla (antitaurina, aunque amante de los paseíllos ante las cámaras de TV) de podemitas (ex)indignados.

De todo ello, podemos sacar las siguientes conclusiones:

  1. Que la cabra tira al monte, y el movimiento independentista llevará hasta sus últimas consecuencias el procés golpista, en el camino hacia la consecución de un Estado propio (virtual o real). La presentación en el Parlament por Junts pel Sí y la CUP de la denominada “Ley de desconexión”, a los dos días de la manifestación de Barcelona, es la prueba palpable.
  2. Que se rompen todos los puentes con el Estado español a la hora de consensuar una salida, lo más digna posible, para los promotores de este reto anticonstitucional.
  3. Que la sociedad catalana está herida de gravedad, como consecuencia de la fuerte división interna causada por la hoja de ruta independentista, lo que se ha plasmado en la menor asistencia a la manifestación de la esperada.
  4. Que el problema catalán ha mutado en cáncer de difícil curación, y su metástasis ya corrompe toda la política española.

A los demócratas y gente de buena fe solo nos queda recordar a las víctimas de los viles atentados terroristas, y mostrar nuestra solidaridad con todas ellas.

Y, como signo de salud democrática, os propongo una exclamación liberadora: “#TodosSomosAndreaLevy“, aunque no comulguemos con sus ideas.

 

#Capitalismofobia

A la lucha de clases en época veraniega se le ha puesto el nombre de turismofobia, un término perverso que sirve para ocultar el verdadero conflicto. De esta manera, el significado legítimo de la lucha de clases se convierte en algo insignificante, lo más parecido a un capricho de niños malcriados. Pero nada más lejos.

Montero Glez, eldiario.es, 11-8-17.

 

Desde determinados ámbitos de la izquierda política y mediática se intenta justificar los actos vandálicos llevados a cabo por Arran, la organización juvenil de la CUP, la formación anarco-independentista-feminista que dirige el timón del procés de desconexión de Cataluña hacia quién sabe donde.

Los ataques efectuados contra el turismo en Barcelona, Palma de Mallorca y en algún rincón de la Comunidad Valenciana, persiguen, de una manera más o menos consciente, estos objetivos:

  • Denunciar la masificación presente en los lugares turísticos y las incomodidades que generan a sus vecinos.
  • Poner en aprietos a las empresas del sector.
  • Intentar ofrecer una mala imagen de España como potencia turística a nivel mundial.

Aunque la verdadera misión que se plantean los autores de los actos de protesta contra el fenómeno turístico, son las siguientes:

  • Mostrar su repulsa hacia el sistema capitalista.
  • Preparar un ambiente de violencia hasta la celebración (o no) del 1-O.
  • Visualizar la entelequia ideológica de los Països Catalans, como contrapeso a un procés hacia la independencia circunscrito exclusiva y estrictamente a Cataluña.

Ante esta izquierda que se reclama revolucionaria y cuyos postulados ideológicos hay que buscarlos en el marxismo-leninismo, además de en otros ismos contemporáneos, ha existido una izquierda reformista -socialdemócrata- que efectúa sus propuestas de cambio dentro del marco socioeconómico del sistema capitalista, y que basa sus pretensiones de progreso social en una redistribución de la renta: “que paguen más (impuestos) los más ricos” (para que los más pobres puedan beneficiarse de los recursos generados por las ganancias conseguidas según las reglas de sistema, es decir, del establecimiento de un Estado del Bienestar sólido y de lograr el mayor nivel de vida posible para las clases populares.

Por contra, la izquierda anticapitalista está imbuida ideológicamente del pesimismo que le atribuía Keynes. Es una izquierda ceniza -mixta de mosca cojonera y pájaro de mal agüero- que se limita, en unos casos, a protestar por cualquier disfuncionalidad del sistema sin proponer nada positivo a cambio. En otros supuestos, su protesta deriva en una violencia puntual y estéril, cuyos objetivos mueren cuando finalizan los actos violentos. Lo estamos viendo con los ataques llevados a cabo contra el sector turístico. Lo observamos, de vez en cuando, durante las celebraciones de alguna cumbre político-económica internacional: las acciones de los grupos antisistema son violentas y no se detienen ante los perjuicios que pueden ocasionar a los bienes de las empresas y las personas físicas, así como al bienestar psíquico-físico de los ciudadanos.

Sin embargo, su escaso predicamento social y la inexistencia de una alternativa viable a la pretendida caída del capitalismo, reducen sus pretensiones a joder la marrana: “Ya que no podemos derribar el capitalismo, por lo menos vamos a incordiar y a conseguir que -aunque sea en determinadas ocasiones- la gente tenga que aguantar las impertinencias de nuestras perfomances cargadas de odio y violencia”.

Se trata del tipo de protesta que algunos pretenden justificar desde los medios de comunicación, como Juan Soto Ivars, en El Confidencial del 9-8-17, cuando afirma que

“No se protesta contra el turista. Se protesta contra una explotación que produce precariedad laboral y cuyo beneficio termina en pocas manos […] A la industria turística, principal receptora de los beneficios, le ha venido muy bien que Arran protagonice pintadas contra autobuses turísticos y la efectista e inofensiva lluvia de confeti(Los subrayados de este artículo son míos). El autor pasa por alto el mal causado a la imagen del turismo e ignora el asalto al bus turístico de Barcelona, realizado por encapuchados que portaban armas blancas, cuando no está el horno para bollos, con el terrorismo yihadista bien presente. ¿Se podría pensar lo mismo después de pasar el susto correspondiente dentro del autobús de marras, o de que te cayera ese confeti en la sopa?

Aún más incisivo en la justificación de los sabotajes al turismo se muestra el novelista Montero Glez, en eldiario.es del 11-8-17.

“Las estructuras económicas de un país como el nuestro se ven arruinadas desde el momento en que la economía depende de un sector tan gaseoso como el terciario. Luego está lo otro, lo del ataque al bus turístico, pues no hay efecto sin causa y cuando los imperativos económicos son graves, la manera de responder a ellos siempre será grave“.

Desde un posicionamiento de un marxismo simplón, el citado novelista, continuaba desparramando sus ideas sobre el particular:

“Así, con la llegada  de los calores, se bendice la aparición de turistas pues como señalan los más simples, el turismo trae trabajo. Los que afirman tal simpleza aún no se han parado a pensar que, en una sociedad capitalista, el trabajo no es otra cosa que beneficio para el capital“.

¿Qué pensaran los trabajadores llegado el momento de aceptar o no un trabajo -por ejemplo, en el sector turístico-, y si es el caso, a la hora de recoger la nómina, cuando alguien les diga al oído que “el trabajo no es otra cosa que beneficio para el capital”? ¿Para qué buscar trabajo si solo ha de redundar en beneficio para el empresario? ¿Por qué extraña razón escribe el novelista, si sus obras no son otra cosa que beneficio para las editoriales, para el capital?

Somos conscientes de que el sistema capitalista -como cualquier otro sistema socioeconómico habido y por haber- es manifiestamente mejorable, incluso que merece un recambio. No obstante, la evaluación de cualquier alternativa ideológica debería fundamentarse en argumentos rigurosos, y en considerar siempre, como factor principal de la praxis política, el respeto y la salvaguarda de la vida, la dignidad de las personas y su bienestar psíquico-físico.

 

Mal empieza cualquier planteamiento político-ideológico, cuando pretende crecer e imponer su criterio sobre la base de buscar el enfrentamiento entre las personas y los diferentes sectores que componen la sociedad, incluso con la utilización de la violencia. Pues, desde antaño sabemos que lo que mal empieza, mal acaba.

 

 

(Fotografía: El Mundo)

Huyendo del mundanal ruido

Se intensifica el éxodo vacacional. La gente huye despavorida de la monotonía y del trabajo. Las carreteras soportan la inmensa cantidad de vehículos que trasladan a sus propietarios al apartamento de la playa o a la casita del pueblo. Los aeropuertos se colapsan por la gran cantidad de personas que vuelan hacia países más o menos lejanos. Pero, ¿la gente huye también del bombardeo informativo?

La mayoría de los economistas aseguran que la crisis iniciada en 2008 ha alcanzado una gravedad semejante a la que tuvo lugar con el denominado “crack de 1929”. Su profundidad y duración así parecen corroborarlo: colapso del sistema bancario, cierre de empresas, paro galopante, extensión de la pobreza… Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre estas dos grandes crisis: la actual ha tenido lugar en la era en la que se han intensificado los fenómenos de la globalización y del crecimiento exponencial del tráfico de la información. Debido a ello, los hechos sociales y las opiniones vertidas sobre estos se extienden rápidamente por el globo terráqueo, a través de los medios de comunicación de masas y de las redes sociales.

Y la hiperinformación acaba generando ruido social molesto. La noticia suele residir en el hecho desagradable: las muertes violentas, los accidentes de todo tipo, la comisión de delitos y la aplicación de las penas correspondientes, los casos de corrupción política… Los mass media fomentan y amplifican dicho ruido porque con él incrementan los niveles de audiencia y , por ello, les es rentable económicamente, pues las estridencias producen morbo y la gente compra el morbo con gusto.

Las crisis cíclicas (tanto las regulares como las extraordinarias) son inherentes al sistema capitalista y se caracterizan por provocar -en mayor o menor medida- paro, recortes salariales, más pobreza, encogimiento de los servicios públicos (por mengua de los ingresos de las Administraciones Públicas), incremento de las desigualdades sociales… Ahora, a las miserias producidas por la crisis hay que añadir la polución generada por el intensísimo tráfico comunicacional. De esta manera, las mentes de los ciudadanos llegan a percibir mayores niveles malestar psíquico-social: la crisis nos parece más especial, nefasta y duradera.

Tal es así, que el veloz y masivo reflejo que la formación de los fenómenos sociales contemporáneos tienen en los medios de comunicación, ha llegado a producir la generación de nuevas enfermedades psíquicas. Se ha constatado el progresivo incremento en la sociedad de nuevos miedos, como la “ecoansiedad”, la cual ya ha empezado a tratarse en los Estados Unidos, tan en vanguardia de todo.

Incluso ya podemos encontrar especialistas médicos en la fobia a la materia mediática por antonomasia: el cambio climático. Se llamanecoterapeutas” y una de ellas, Linda Buzzell, afirma que “las noticias sobre la situación del planeta son muy traumáticas, y muchas personas, impotentes ante los acontecimientos, tratan de bloquear estas informaciones. Pero tarde o temprano el miedo rompe su mecanismo de defensa y la gente experimenta muchísimo malestar .

¿Será el mayor y más rápido acceso a la información que caracteriza este nuevo siglo el culpable del nuevo temor global? Para el psiquiatra Enrique González Duro, autor del libro Biografía del miedo (Ed. Debate), una sociedad más informada no equivale necesariamente a una sociedad más miedosa, pero si más mediatizada. “Hay una excesiva cantidad de información, pero que no es cualitativamente diferente. Por ello, en las encuestas de opinión, la gente contesta que le preocupa lo que ve en la televisión: la amenaza terrorista, por ejemplo, que es una información que se repite hasta la saciedad”… 

Dado que la mayoría de las personas acostumbran a informarse por los mismos canales ―y todos los canales repiten las mismas informaciones―, sus cerebros acumulan una información estandarizada y ―aunque parezca contradictorio― sesgada.

Por lo que respecta a la situación socioeconómica, tenemos la impresión de que no nos vamos a quitar de encima el estado anímico provocado por la crisis. En tiempos pasados se consideraba que la economía de un país salía de la crisis cuando empezaba a crecer el PIB y a disminuir el paro. Ahora se dejan de lado las cifras macroeconómicas positivas y, los medios de comunicación, junto con los partidos que no ejercen el poder, se centran en destacar los casos concretos donde se plasman las desigualdades, la violencia, la corrupción y las miserias varias, elevando a la condición de categoría los fenómenos particulares. Y siempre quedará algún desahucio por ejecutar, algún ERE por tramitar, y algún vagabundo que viva debajo de algún puente…

Así puede entenderse el crecimiento del estado de indignación en la esfera social y el posterior nacimiento y potente desarrollo de los movimientos políticos populistas. Su presencia en el escenario dominado por el ruido social, permite el establecimiento de una complicidad interesada con algunos medios de comunicación de masas, los cuales cuentan con un instrumento más para difundir la contaminación informativa, tan rentable en términos crematísticos.

Las fuerzas populistas (independentismo catalán incluido), fusionadas con la que hemos dado en llamar izquierda ceniza, y en alianza con tertulianos varios, simplemente se limitan a poner el dedo en determinadas llagas del cuerpo social para intentar desahuciar al cuerpo entero, al sistema. Al final, todo queda en pura venta de humo mediático, pues sus pretendidas alternativas al sistema quedan reducidas a propuestas programáticas de políticas irrealizables -y perfectamente intercambiables por otras diferentes, según convenga- cuya virtualidad reside en captar el voto del ciudadano indignado, tanto por los hechos de la realidad como por los fenómenos informativos.

Como existirán siempre diferencias sociales y miserias individuales, las fuerzas aliadas del populismo y de la información continuarán generando el ruido suficiente para que resulte imposible alcanzar un grado aceptable de bienestar psíquico.

Hercúlea se antoja la misión de reducir el nivel de polución mediática. Aún más complicada parece la labor intelectual de realizar diagnósticos rigurosos sobre las deficiencias estructurales del sistema vigente, para acabar proponiendo alternativas viables al mismo. Pues, al entendimiento de los fenómenos económicos y sociales, hay que añadir los factores ideológicos, filosóficos y mediáticos que los alumbran o encubren.

Por eso, huimos hacia la quietud del mar y de la montaña, o buscamos nuevas impresiones en otros países… en cuanto podemos.

(Fuente de la fotografía: El Confidencial, aeropuerto de El Prat, Barcelona)

 

Sultanes del tuit

La irrupción en la escena política de las nuevas formaciones viene de la mano de la onda expansiva producida por los medios de comunicación y las redes sociales. Así, Podemos no puede entenderse sin la omnipresencia mediática de Pablo Iglesias en los platós de televisión, al que siguieron los demás líderes de la formación morada. También por el buen manejo y difusión de los mensajes lanzados a través de Twitter, fundamentalmente, por sus dirigentes, militantes, simpatizantes, bien coordinados por sus community managers.

Además, existe una convergencia del populismo español y del catalán (independentismo), cuyo objetivo es establecer una alianza estratégica para tratar de enterrar el sistema democrático nacido con la Constitución de 1978, tras el convulso y fructífero periodo de la Transición. Algunas de sus señas de identidad son estas:

  • Ambos hablan en nombre y representación de “La Gente”, en un caso, y del “Pueblo Catalán”, en el otro, a pesar de que los resultados electorales les niegan la mayoría en sus respectivos ámbitos.
  • Los discursos de unos y otros están trufados (¿trucados?) de oratoria revolucionaria y/o de llamamientos a la desobediencia civil (como sucede en Venezuela, pero de signo político contrario).
  • Sus actuaciones tienen lugar, principalmente, en el espacio de esa Democracia Virtual que han construido a golpe de perfomances parlamentarias y callejeras, paseíllos de líderes políticos varios, fotos de familias de lo más pintorescas, y anuncios de referéndums anunciados -que no convocados- ad nauseam.

Todo ello con el propósito no manifestado de copar las frecuencias de las ondas de radio y los rayos catódicos de la televisión, amén de agotar el papel de la prensa diaria e invadir el TimeLine de Twitter.

Sin embargo, la revolución esbozada por Podemos y la independencia de Cataluña anunciada por Junts pel Sí y la CUP, no cuentan con los recursos humanos suficientes para tomar el Estado al asalto: en cuanto se pone en riesgo el patrimonio de aquellos que han de liderar las presuntas revoluciones y rebeldías, se inicia el procés de las sucesivas deserciones en las filas insurgentes. De esta manera, Guillermo Zapata y otros concejales de Ahora Madrid se van del partido para no tener que aportar parte de su sueldo a la causa, y ha comenzado ya el goteo de consellers y otros cargos públicos de la Generalitat Catalana que abandonan el barco a la deriva cuyo puerto es la Ítaca independiente, pero que puede encallar en los farallones donde se cobran las sanciones pecuniarias a sus navegantes.

¡Con lo bien que iba todo cuando se trataba de lanzar tuits vejatorios contra víctimas del terrorismo y del machismo, así como contra los judíos!..

polemica-zapata

Mensajes, acciones y omisiones (como el racaneo a la hora de homenajear a Miguel Ángel Blanco), cuyos contenidos -y silencios- también responden a las querencias ideológicas del colectivo podemita, porque:

  1. Se denigra a víctimas del terrorismo ya que se está al lado de la estrategia de ETA, tal y como manifestó Pablo Iglesias en una herriko taberna de Pamplona, el 6 de junio de 2013: «ETA se dio cuenta desde el principio de que, por mucho procedimiento democrático que haya, hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española» (Iñaki Ezkerra, Los totalitarismos blandos). De esta manera, se legitima el rechazo a la democracia española por no reconocer el Derecho a la Autodeterminación, un derecho inexistente en las constituciones occidentales y negado reciente y explícitamente al procés catalán por el exsecretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon.
  2. Los judíos pueden ser objeto de sorna si, por ejemplo, se está a favor de la causa palestina, que se extiende a la admiración por el universo musulmán, lo que lleva a no suscribir el Pacto Antiyihadista (contra Dáesh) -suscrito por el Gobierno español, el PSOE, Ciudadanos y otros partidos políticos-, tras recibir fondos del régimen iraní, además de otros regímenes dudosamente democráticos.

¡Cuánto se disfrutaba, también, mientras se construía con juegos de palabras y frases desafiantes la Torre de Babel de la República Catalana Independiente de su Casa (la Cataluña que, mayoritariamente, no desea la independencia)!..

puigdemont
Carles Puigdemont en el escenario con Sopa de Cabra

Mas, cuando se acerca el momento de poner la pluma sobre el papel para aprobar la ley que impugne la Constitución Española, y que conlleve la respuesta del Estado en su defensa mediante la imposición de penas pecuniarias contra los autores del desafío, da comienzo el baile de la yenka de los políticos  soberanistas para “echarse a un lado” y ceder el paso a los valientes.

Porque hay que ser conscientes de que solo existen dos vías para reformar o echar a tierra el sistema constitucional actual:

  • Seguir los cauces y procedimientos señalados en la Constitución para su reforma.
  • Realizar un alzamiento contra el orden vigente del que no se puede descartar la utilización de la violencia armada, con las correspondientes pérdidas de bienes materiales y del bien más preciado: la vida humana.

No obstante, dado el grado de conformismo de los ciudadanos españoles (catalanes incluidos) con los estándares de nivel de vida alcanzados (más ahora, que empezamos a salir de la grave crisis económica), parece que corren malos tiempos para la lírica revolucionaria y la épica rebelde, más si sus protagonistas han de ser la burguesía catalana y las clases medias -conservadoras por naturaleza-, por muy afectadas que hayan sido por la crisis económica y/o involucradas en los pingües beneficios obtenidos del sistema corrupto del 3% pujolista.

Matar y morir por causas de dudosa justeza social y ética, no son acciones propias de estos mundos sutiles-ingrávidos-y-gentiles-como pompas de jabón que nos ha tocado vivir.

Y, ante todo, no podemos olvidar que la pela és la pela… Y si esta se halla en peligro, no cabe más que exclamar: campi qui  pugui!

 

(Fuente de la fotografía: El País)

#40AñosDeDemocracia ante la izquierda ‘ceniza’

En los medios de comunicación y, fundamentalmente, en las redes sociales hemos asistido a la contraprogramación llevada a cabo por Podemos y sus confluencias –Compromís incluido- para intentar empañar la celebración institucional de los cuarenta años de las primeras elecciones democráticas, que tuvieron lugar el 15 de junio de 1977.

Una actuación más de la denominada “izquierda ceniza” tendente a identificar la fructífera etapa de democracia española como un mero apéndice del régimen franquista. No en vano, ha sido bautizado el sistema democrático nacido de la Transición y de la Constitución Española de 1978 como el “régimen del 78”.

El apelativo de “ceniza” se corresponde con un movimiento político que vive de sembrar de “peros” las buenas noticias sobre los avances económicos y sociales que, tras la lenta recuperación de la crisis de 2008, comienzan a proliferar en los medios de comunicación y, en menor medida, en los hogares españoles con el incremento de la actividad económica y la disminución del paro. Pájaros de mal agüero, se han nutrido de la miseria producida por la crisis y de la putrefacción provocada por los casos de corrupción política que han salido recientemente a la palestra judicial y mediática, aunque los hechos tuvieron lugar en una época anterior a dicha crisis. Con estos mimbres han construido sus discursos y sus perfomances mediáticas, así como mediante la crítica de los logros en materia de derechos humanos y de bienestar social conquistados durante la difícil Transición y la no menos complicada etapa democrática, cuyo inicio lo podemos establecer en las elecciones del 15 de junio de 1977.

La izquierda ceniza se postula como heredera de las fuerzas  constitutivas del Frente Popular pergeñado durante la caótica II República que, en última instancia, fue derrotada por el General Franco, un dictador que mantuvo su poder absoluto con mano de hierro, y al que la izquierda ceniza nunca le perdonará que diera su último suspiro en la cama, ante la alegría -fruto de la impotencia- demostrada por las fuerzas opositoras a su régimen. Ahora, cuando hace más de cuarenta años de la muerte del dictador, esa izquierda pretende vencer a Franco y sus régimen, mediante dos  iniciativas políticas:

  • Trasladar los restos mortales del Caudillo desde el Valle de los Caídos a alguna propiedad de su familia, en cuanto culmen de una tendencia macabra a mirar hacia las cunetas donde se supone que yacen centenares de víctimas de la represión franquista.
  • Vencer a la dictadura a través de una operación ideológica que consiste en identificar al sistema democrático actual como una prolongación del régimen franquista, para lo cual hay que realizar una enmienda a la totalidad a la Transición y sus secuelas democráticas. “Abrir el candado de la Transición” fue la expresión utilizada por el líder máximo de la izquierda ceniza: Pablo Manuel Iglesias Turrión, al que pretende disputar ese espacio político el doblemente secretario general del PSOE Pedro Sánchez.

La izquierda ceniza, cual Ave Fénix, renace de los rescoldos que quedaron tras la extinción de la Revolución Soviética, y que tiene su símbolo más preclaro en la Caída del Muro de Berlín, allá por el año 1989. Una izquierda que ha quedado huérfana de un proyecto de liberación de la Humanidad presente y futura, cuya impotencia le hace volver los ojos hacia el pasado histórico al objeto de fajarse con su fantasma, y porfiar por vencer a aquellos personajes que considera como herederos de las fuerzas triunfantes en ese pasado, ahora ya “maldito”.

De esta manera, si las Cortes Generales organizan un acto para celebrar los #40AñosDeDemocracia, la izquierda impotente se ve en la necesidad de montar un espectáculo en desagravio de las víctimas del franquismo, mediante una estética retro y cutre, como un deja vu de exhibición de carteles con fotos (en blanco y negro, ¡cómo no!) de esas víctimas y gestos reconcentrados de puños revolucionarios en alto y a la altura de las sienes. Y una etiqueta de Twitter que sintetiza el sentido del homenaje, en cuanto rechazo total de un sistema democrático del que se postula su origen franquista, la protección de figuras de ese régimen y el olvido de las víctimas del mismo: #40AñosDeImpunidad. Enfrentamiento contra reconciliación, de nuevo. ¡Cómo si no hubiésemos tenido bastante con 40 años de dictadura, nacida de un lustro de caos republicano!..

Desde el ámbito de lo que damos en llamar “izquierda” o “progresismo”, ¿ya no hay nadie capaz de contraponer a los pensamientos cenizos y la estética retrógrada y cutre, ciertas dosis de alegría en el presente y de optimismo en el futuro? Entre estas dos propuestas ideológicas hallamos la encrucijada de nuestro presente. Una se nutre de la fuerza absorbente de un pasado ya concluso. La otra, de las ansias de proyección en un futuro, siempre incierto por naturaleza, pero donde habría que reservar un espacio, por pequeño que sea, para el cultivo de la esperanza.

 

(Fuente de la fotografía: eldiario.es)

Ana Oramas, #conValentía

Dicen que cada pueblo tiene los políticos que se merece, más si -en democracia- es el pueblo quien elige a los políticos que lo representan. En ese sentido, las Islas Canarias, también son las Islas Afortunas por tener a una líder política de la talla de Ana Oramas.

Diputada de una fuerza política como Coalición Canaria, siempre atenta a conseguir mejoras en el bienestar social del pueblo canario, y predispuesta a facilitar la gobernabilidad del Estado Español, Ana Oramas se posicionó a favor de la investidura fallida de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno de España, la cual no prosperó porque el grupo parlamentario de Podemos votó en contra de la misma, después de protagonizar largos y mediáticos paseíllos repletos de gente antitaurina y grandes piruetas ante la hoguera de las vanidades políticas.

Ana Oramas también se mostró favorable a la investidura de Mariano Rajoy, por el bien de Canarias y para salir del impasse en el que había caído la política española tras dos elecciones generales consecutivas ganadas por el PP con una mayoría insuficiente para gobernar en solitario. Dicho acuerdo se extendió a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2017, con lo que se contribuía a la estabilidad del Gobierno de España y se lograban importantes inversiones y diferentes beneficios a disfrutar por el pueblo canario (a lo que hay que añadir lo conseguido por el disputado, y favorable, voto del Sr. Quevedo de Nueva Canarias).

No otro es el posicionamiento político que cabe esperar de cualquier partido nacionalista de la periferia española: intentar conquistar el mayor número de apoyos entre amplios sectores de la sociedad en cuyo territorio están enraizados, luchar por el progreso económico, social y cultural de su pueblo, además de hacerse valer a la hora de garantizar la gobernabilidad del Estado, como forma de conseguir los recursos que hagan posible llevar a cabo los objetivos nacionalistas de cohesión y progreso social. Esta ha venido siendo la hoja de ruta del PNV, así como del CiU hasta la caída en el P(d)ECAT (de soberbia soberanista).

Ana Oramas se sienta a la izquierda del escaño del diputado de Compromís Joan Baldoví (o éste se sitúa a la derecha de la Sra. Oramas) pero, para desgracia del pueblo valenciano, la proximidad física de ambos diputados no se extiende al acercamiento político e ideológico de sus respectivas formaciones políticas:

  • Como ya hemos señalado, Coalición Canaria ha facilitado la formación del Gobierno del PP (tras intentar la consecución de un gobierno socialista) y ha votado favorablemente la Ley de los PGE 2017, a cambio de beneficios sustanciales para su Comunidad Autónoma. Por contra, Joan Baldoví y sus tres compañeros diputados de Compromís siempre se han mostrado enemigos del PP y de Rajoy, con lo que vuelven a tierras valencianas con las manos vacías y con la única propuesta en firme de “montar el pollo”, ante la discriminación que viene sufriendo el pueblo valenciano en materia de financiación autonómica e inversiones estatales, además de otros ninguneos históricos.
  • Joan Baldoví y Compromís actúan, más que como compañeros de viaje de Podemos, como acólitos disciplinados de la política populista y de las propuestas demagógicas de la formación morada. Ana Oramas, en cambio, con solo cinco minutos de intervención y dos minutos de réplica en el debate sobre la megalomoción de censura interpuesta por los partidarios de Pablo Iglesias (a mayor gloria de éste), desmontó de una sola tacada el machismo del líder podemita, admitido en lo políticamente correcto, así como la tramoya que se escondía ante la representación del puro teatro al que pretende llevar a la política española, con el intento de convertir las, generalmente discretas, Asambleas Parlamentarias en luminosos platós de televisión, y el debate político en mera tertulia mediática. Además, destapó la máscara de la demagogia de Pablemos al recriminarle que la única utilidad de la pretendida moción de censura solo buscaba el interés de su partido a costa de un todavía convaleciente PSOE: “Cuando Podemos pudo [durante la investidura de Pedro Sánchez], no quiso [votó en contra de la misma]. Y ahora que quiere [con la moción de censura], no puede” [solo obtuvo 82 votos: Podemos, ERC, EH-Bildu y, cómo no, Compromís].

¿Cuántos no nos sujetamos fuertemente al asiento en Valencia al escuchar las palabras expresadas con convicción y #convalentía por Ana Oramas? ¿Cuántos valencianos no desearon en ese momento tener una Oramas en su tierra?

Sin embargo, el pueblo valenciano (capaz de levantar enormes monumentos históricos y culturales, como la Muixeranga de Algemesí, el Misteri d’Elx, las Fallas de Valencia, les Fogueres de Alicante, les Gaiates de Castellón, los Moros i Cristians de Alcoi y otras poblaciones… de conservar instituciones centenarias y enraizadas en los pueblos como las Bandas de Música y milenarias como el Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia) se muestra impotente a la hora de generar una fuerza política integradora de las diferentes sensibilidades sociales e ideológicas, firme en la defensa de los intereses del pueblo valenciano, y con capacidad de influencia en la gobernabilidad del Estado Español.

Esa fuerza pudo haber sido UPV-Bloc, pero no lo fue… Esa fuerza pudo haber sido Unió Valenciana, pero no lo fue… Esa fuerza podría ser Compromís (#ambValentia)… pero no lo será.

De esta manera, está garantizado que el pueblo valenciano continuará asumiendo el papel de pobre (con renta per cápita inferior a la media española) y pagano (contribuyente al sistema de financiación autonómica). Porque así ha sido y será… Porque siempre se nos ha tenido por más muelles… con toda la razón del mundo.

(Fuente de la fotografía: eldiario.es)

 

 

La estética en la jungla mediática

Más allá de los muros se encuentra el bosque donde viven las fieras.

Snowhite, Ana Juan

 

Érase una vez… Cuando un ciudadano cometía (presuntamente) un delito o una falta, era juzgado por los órganos jurisdiccionales correspondientes, que condenaban o absolvían al imputado.

Con la irrupción de la crisis económica y el movimiento de indignación que surgió como respuesta a los efectos nocivos de la misma, la mirada inquisitiva/inquisidora se dirigió hacia los políticos como presuntos implicados en los males que afectaban a las personas. De esta manera, se judicializó la política y los adversarios pusieron a sus oponentes en manos de jueces y tribunales por (presuntos) casos de corrupción, con la ayuda inestimable de unos medios de comunicación sesgados políticamente y expertos en levantar las liebres de los campos minados por la corrupción, que hundía sus raíces en la época de bonanza económica, así como predispuestos a recibir información filtrada de los secretos sumariales instruidos por los órganos de la Justicia.

La facilidad y velocidad con la que se difunde la información en nuestra época ha hecho más estrecha la simbiosis entre Política y Justicia, con la puesta en marcha del proceso de politización de la Justicia. Ahora, determinados jueces y fiscales mediáticos, policías y guardias civiles, la UCO y la UDEF (ya nadie se pregunta “¿qué coño es la UDEF?”) administran convenientemente la información y el momento oportuno (políticamente) para darla a conocer a los medios de comunicación y, por lo tanto, a la opinión pública en general. Así se llega a disfrutar de un protagonismo mediático incluso superior a las estrellas de cine, de fútbol, o del rock&roll.

En estos tiempos en los que tanto corre la información, es suficiente con que tu nombre aparezca en unas conversaciones grabadas, más o menos lícitamente, y oportunamente filtradas a los medios, en las que se te relacione con algún traje confeccionado en una sastrería de Panamá (o de Milano), para que se te abalance todas las huestes de los llamados periodistas de investigación (¿más bien habría que decir de infiltración?), los tertulianos de medio pelo (sin pelos en la lengua) y, cómo no, tus enemigos personales, profesionales, o políticos que, ipso facto, te conducirán ante un juzgado o una comisión de investigación dónde se lleve a cabo el escarnio de tu persona y se muestren tus vergüenzas en la plaza catódica. Y que les quiten lo bailao aunque, al final, no se pueda imputar ningún reproche a tu conducta: “Reo es de muerte (política)”…

Aun sin delito o falta por los que se te pueda juzgar, siempre quedarán las supuestas responsabilidades políticas o por cuestiones éticas, con las que mancillar tu contestada pureza espiritual.

¿Hasta aquí llega el nivel de exigencia de responsabilidades? No. Ahora ya no solo se pretende juzgar la conducta de un político o de una autoridad por ilícitos civiles o penales, sino que después de la responsabilidad política (si no se te puede imputar ningún delito o falta) sale a nuestro paso la responsabilidad por cuestiones éticas (concepto ambiguo donde los haya). Pero no acaba ahí la cosa, pues si no se te puede aplicar ninguna de la anteriores responsabilidades, tropezamos en nuestro camino con la responsabilidad por motivos estéticos (es decir, que si no me gustas políticamente, pido tu cese o dimisión), como le ha sucedido al ya exfiscal general anticorrupción Sr. Moix (apesadumbrado, abatido, en idioma valenciano). Porque la tormenta en la jungla mediática hará mella en tu persona y en tu familia, y si no tienes los suficiente arrestos dimitirás, o te harán dimitir aquellos para los que ya representas un problema político.

Pero, tranquil, Jordi, tranquil… El resto nunca caminará solo: camino de la sede del juzgado o de cualquier otra institución donde se le vaya a pedir alguna de las posibles y múltiples responsabilidades, nunca faltará quien se cisque en ti, en tu familia, o en tus muertos, si se tercia…

Finalmente, “Snowhite supo que las fieras del bosque no solo vivían más allá de los muros“.

(Ilustración y citas: Snowhite, de Ana Juan)

 

 

Susana en su laberinto

Casilla de salida en el Juego de la Oca socialista: 1 de octubre de 2016. Posada de los Ferraz. Comité Federal.

Fue el día en el que se desataron las hostilidades, dentro de una guerra más o menos larvada en el seno del PSOE. Los resultados electorales negativos en las elecciones generales del 20-D y del 26-J -con la guinda de las elecciones autonómicas vascas y gallegas-, han puesto sobre el tapete la indefinición ideológica del partido de los socialistas españoles, que se ha visto incrementada con la falta de respuestas realistas a la crisis económica, y a la fuerza generada por el movimiento de los Indignados del 15-M, cuyo correlato lo encontramos en la irrupción potente de Podemos.

El conflicto interno que culminó con la lamentable batalla de Ferraz lo iniciaron la mayoría de los barones socialistas -encabezados por la lideresa andaluza Susana Díaz-, cuando constataron que el entonces secretario general Pedro Sánchez era incapaz de asumir responsabilidades por los sucesivos fracasos electorales; que no era realista en sus planteamientos a la hora de intentar ser presidente del Gobierno de España con su enemigo político (Podemos) y las fuerzas segregacionistas catalanas; y, sobre todo, que no se iba ni con agua caliente, pues se enrocó en el cargo mediante la legitimidad que le otorgaba el haber sido elegido en primarias por la militancia, cada vez más radicalizada en su rechazo a cualquier pacto con el PP de Mariano Rajoy.

A sabiendas, Pedro Sánchez ha intentado deslegitimar en todo momento a sus barones críticos con el secuestro virtual de las bases en la cárcel de oro donde se aloja la soberanía que se hace derivar de las primarias. Y de aquellos barros primarios vienen estos lodos devastadores, que desembocan en el pozo socialista presente, y con visos de persistencia en el futuro….

Por ello, la valoración de las primarias -un sistema más de selección de líderes, importado de la democracia estadounidense- se convirtió en el centro de la controversia entre Pedro Sánchez y la mayoría de los barones territoriales del PSOE. Porque las primarias son consideradas por algunos como el no va más de la democracia interna de los partidos políticos. Sin embargo, en el libro La urna rota: La crisis política e institucional del modelo español, de Politikon, se hace un análisis en profundidad de dicho sistema, donde se demuestra que no es oro todo lo que reluce cuando se lanzan los dados de las primarias:

  • Se da más relevancia al carisma y a la imagen que al programa político (en algunos casos, inexistente, por fluctuante y alejado de la realidad). Por ello,  se tiende a crear organizaciones de tipo presidencialista, por el mayor peso de la figura del líder sobre la organización y el programa. Así, “a primera vista, dejar que vote toda la militancia (o el electorado) parece una manera de dar voz a las bases (o la ciudadanía). En la práctica, pueden ser un  sistema «cesarista»  por el cual las bases hablen solo una vez cada cuatro años, cuando toque escoger o ratificar al jefe, y conseguir que las estructuras del partido sean anuladas. El partido puede dejar de ser una máquina de formar coaliciones y agregar preferencias para ser un órgano de poder plebiscitario.”
  • Los cuadros intermedios de los partidos -elegidos mediante procedimientos de representación y, a veces, constreñidos por responsabilidades de gestión- ceden su protagonismo a la militancia -libre de sujeciones, más crítica-, por lo que  los partidos se radicalizan en sus utopías y en el odio hacia el adversario político. Y en las elecciones a la Presidencia de Francia se ha constatado que el candidato radical de los socialistas franceses elegido en primarias, Benoît Hamon, ha conducido a la debacle electoral a su partido obteniendo un 6% de los votos.
  • Existe una mayor repercusión en los medios de comunicación, los cuales  agradecen los duelos (mediáticos) entre líderes, e incluso pueden participar en los mismos, decantándose a favor de uno u otro de los candidatos.
  • Así mismo, las primarias son utilizadas por los partidos emergentes en España (Podemos y Ciudadanos) como arma arrojadiza contra los partidos adversarios que no las contemplan en sus estatutos, a los que se acusa de antidemocráticos, lo que llevado al extremo puede conducir a la repulsa de los mecanismos propios de la democracia representativa, fundamento de cualquier sistema realmente democrático.

Todos estos factores han contribuido a la desestabilización organizativa y a la banalización del programa ideológico del PSOE. La campaña de primarias se circunscribe al lanzamiento de eslóganes alejados del programa político: El “No es no“, trasvertido en el “Si o sí“, de Pedro Sánchez; las “Ganas de ganar“, del “100% PSOE”, de Susana Díaz; el “Voto útil” para “Unir el partido”, de Patxi López…

El Comité Federal del 23 de octubre de 2016 quiso tender el puente que pudiera permitir al PSOE salir de su laberinto. Sin embargo, la diferencia tan ajustada en la presentación de avales entre Susana Díaz y Pedro Sánchez en el inicio del proceso de primarias -ante la presencia del minoritario, pero siempre utilitarista, Patxi López-, provoca que el conflicto dentro de la posada socialista vuelva a la casilla nefasta del 1-10-16, ya convertido en una crónica de la muerte, tan anunciada…

(Imagen: Dansa de La Moma, con los pecados. Festividad del Corpus Christi de Valencia. Cerámica de Susana González)

 

 

El sueño de la nación produce monstruos (como #Trump, #Putin, o #LePen)

Las mentes interesadas de los políticos populistas, es decir, de casi todos, crean la entelequia socio-política-electoral de #LaGente, como sujeto colectivo al que hay que atender en sus pretendidas inquietudes y al que se debe pleitesía. Sin embargo, este sujeto público no existe en la realidad, sino que es una abstracción elaborada por los líderes de las formaciones políticas en su camino hacia la conquista o el mantenimiento del poder.

En la construcción de este monstruo colectivo intervienen también, de una manera determinante, los medios de comunicación, en cuanto intermediarios entre la realidad política y la realidad social. Ambas son manipulables.

Así puede entenderse que fuerzas políticas minoritarias en el ámbito electoral e institucional se conviertan en portavoces de #LaGente, dando a entender que ellas representan el sentir de la mayoría de la población, o de las clases populares, mientras los resultados electorales desmienten categóricamente dicha idea y les otorgan los porcentajes y el número exacto de representatividad que poseen. Evidentemente, sin la ayuda fundamental de influyentes medios de comunicación, no podría darse este fenómeno de hiperrepresentatividad virtual y de omnipresencia televisiva.

Si queremos ser objetivos, deberemos constatar que en determinadas épocas convulsas los anhelos de #LaGente verdadera, las mayorías sociales, pueden producir monstruos, dictadores descomunales, como Hitler, como Stalin… Y, dentro de las coordenadas democráticas, otorgan el poder  a líderes nacional-mediáticos del talante populista de Berlusconi, Putin, o Trump, al tiempo que dan un fuerte respaldo a líderes de extrema derecha como Le Pen, y de extrema izquierda como Tsipras, Iglesias o Mélenchon. (A Putin, por cierto, se le señala como presunto pirata informático, aliado de Trump y Le Pen).

Extensas capas sociales responden de una manera emocional, simplista, burda, en ocasiones violenta, a los embates de las crisis económicas, de manera que se exterioriza el odio hacia la clase política y empresarial -sobretodo los banqueros- administradora del sistema socioeconómico (antes etiquetada por Podemos como #LaCasta, ahora como #LaTrama, ¿después?..). Además, los líderes derechistas culpan a los emigrantes y refugiados de buena parte de la inestabilidad social, por la presunta comisión de delitos contra las personas y sus propiedades, al tiempo que usurpan puestos de trabajo (escaso) a los nacionales.

En los tiempos que corren, los políticos que masajean los oídos de #LaGente suelen llevarse el gato al agua, en mayor o menor grado. El sistema democrático reconoce derechos y libertades de los ciudadanos. También responsabilidades. No obstante, la predisposición de la clase política -y de los medios de comunicación- a granjearse la simpatía de la mayoría de la población -y aumentar y fidelizar la audiencia, en el caso de los mass media-, ha conducido a una situación en la que se eleva a nivel político el lema del marketing comercial, según el cual “el cliente siempre tiene razón“. Por ello, los partidos políticos tienden a complacer en todo al electorado potencial, que es quien ha de otorgarles el poder.

Cuando, en épocas de crisis como la actual, se incrementa la precariedad laboral y se extiende la desigualdad social y la miseria, se alzan las voces del populismo ofreciendo a #LaGente la cabeza de los gestores del sistema, soluciones simples a la complejidad de los fenómenos socioeconómicos y, si se tercia, el oro y el moro en forma de jubilaciones a los 6o años, impago de la deuda estatal y rentas básicas varias. No importa si ahora se prometen determinados beneficios personales y colectivos, y más adelante se cambian por otros: la falta de coherencia forma parte de la esencia del populismo, el cual tiene como norte complacer al Leviatán insaciable de #LaGente, en el camino hacia la consecución del poder.

Pero los líderes y las políticas populistas también provocan temor en amplias capas de la sociedad. Por ello, Marine Le Pen, candidata a la Presidencia de Francia en la segunda vuelta electoral, ha pretendido dulcificar su imagen para intentar asustar a la mínima cantidad posible de electores franceses, al objeto de ampliar su espectro político fuera de los márgenes del populismo y, tras reconocer la victoria electoral de Emmanuel Macron, ha anunciado la formación de una nueva fuerza política.

Al igual que Donald Trump, en el momento de cumplir los 100 días en la Presidencia de los Estados Unidos de América (first), tuvo que enmendar la plana al #Trump de la agresiva campaña electoral y de las primeras medidas de gobierno anunciadas en aquella, y reconocer que gobernar no es tan fácil como creía. Pues es consustancial a la democracia la división de poderes y el establecimiento de contrafuertes al poder que se considera omnipotente. Así, el Poder Judicial ha tumbado sus Órdenes sobre el veto inmigratorio y los Presupuestos del Estado, que deben ser aprobados por el Poder Legislativo, ponen en entredicho la posibilidad de ampliar la valla que separa la frontera entre EEUU y México.

En definitiva, no es tan fiero el león como lo pintan y, debidamente domesticados, los políticos extremistas acaban por inclinar su cerviz ante las exigencias lógicas del sistema. No obstante, sería conveniente abandonar las fuertes emociones provocadas por esa montaña rusa en la que se ha convertido la política actual, donde las propuestas programáticas, dirigidas a enardecer el corazón de #LaGente, no hacen más que tambalearse y cambiar de dirección, aceleradas por la fuerza y la inmediatez de la información, lo que impide la adopción de medidas racionales y el seguimiento de una trayectoria coherente, sin sobresaltos excesivos.

Desde una política responsable [¿hay alguien ahí?], se deberían impulsar propuestas socioeconómicas meditadas, capaces de lograr el máximo bienestar social. A su vez, serían deseables programas educativos encaminados a facilitar la extensión entre la población de los principios básicos de la democracia -con sus derechos, pero también con sus responsabilidades-, así como fomentar la floración de mentalidades con capacidad para la reflexión y la crítica constructiva.

Y que en nuestras sociedades se despierte el sentimiento de la empatía, aquél que antes era dado en llamar “amor al prójimo”.

(Fuente de la fotografía: Expansión)