¿De qué va mi libro ‘Son de voces, eco de la entropía’?

En Son de voces, eco de la entropía encontrarás retazos de una vida recordada, reflexiones sobre psicología, sociología y ciencia, y una elemental hoja de ruta al final de la cual se halla una fe palpitante en la improbable supervivencia del género humano, único hito capaz de conservar ardiente la apagada memoria de lo que fuimos.

La obra es fruto de un autoanálisis personal, al tiempo que una reflexión sobre la naturaleza de la sociedad humana y la evolución del Universo. Todo ello filtrado a través de los conocimientos científicos a mi alcance y de la conciencia de mi yo.

En ella se habla de la formación de la conciencia humana como resultado de la memoria y de las huellas que han dejado en nuestra mente las voces de nuestros ancestros. También trata sobre la percepción de la vida como producto de los procesos energéticos, y el papel fundamental que la entropía juega en la disipación de la energía, así como en la creación de la vida, del caos y de la muerte.

Mis pensamientos, encapsulados en estas páginas, giran alrededor de la certeza en una vida individual finita, pero también en la resistencia de nuestro yo a desaparecer para siempre, y en la lucha de la especie humana por preservar la memoria colectiva en la que todos los seres humanos (del pasado, del presente y del futuro) participamos en su creación y desarrollo.

(De la contraportada)

Autor: Francesc Ferrandis Ibáñez

En lucha contra el pasado

El proceso contradictorio emprendido por la fuerza disipativa de la entropía y su contraria, la neguentropía, ha biselado un modelo evolutivo de la mente humana donde cualquiera puede divisar un estadio de preocupante inestabilidad psíquica.
Fundamentalmente, la clase política que se reclama progresista —dada la impotencia que manifiesta para cambiar la sociedad presente, y de ofrecer alternativas razonadas de futuro—, se decanta, cada vez con mayor fruición, hacia la incoación de procesos de revisión histórica. Por eso, asistimos, más o menos incrédulos, a los actos de condena de instituciones autoritarias y de dictadores resucitados de pasados remotos, así como al desagravio hacia sus víctimas.
Tan fuerte es el alud de esta energía involucionista, que la Iglesia Católica se ha contagiado de esta moda impugnadora del pasado, de forma que ha llegado a pedir perdón públicamente por la condena recaída —¡en el siglo XVII!— contra GALILEO GALILEI, así como por otros agravios históricos que han sido re-pasados.
Desde entonces hacia el hito (revisionista) histórica más próxima: el magnificente espectáculo audiovisual del traslado en helicóptero de las Fuerzas Armadas Españolas del cadáver de FRANCISCO FRANCO, desde el Valle de Los Caídos hasta el cementerio de Mingorrubio, en vivo y en directo. Lo cual demuestra que resulta mucho más cómodo y sencillo exhumar la momia de un dictador, que luchar —con el peligro de perder la libertad o la vida— contra su régimen opresor durante su dura vigencia. Al fin y al cabo, un acto de mera catarsis político-social para paliar la vergüenza colectiva de que El Generalísimo murió en la cama, de muerte natural, a resultas de que la fuerza de la represión fue más fuerte que la fuerza de la resistencia a ella.
[…]
Es decir, se está imponiendo la moda política de re-visitar los hechos y actuaciones humanas del pasado con ojos contemporáneos (hasta se han llegado a editar nuevas versiones de cuentos infantiles cuyo contenido no se considera apto para los nuevos cánones ideológicos), sin tener en cuenta los condicionantes históricos que modelaron la mente de nuestros antepasados, tal como nuestra época nos impele a ser como somos y a actuar de la manera en que lo hacemos: de una forma que las futuras generaciones no acabarán de entender (del todo).
Constituidos los humanos como objetos neguentrópicos, nuestra conciencia, a la vez que permite reconocernos como sujetos, está poco capacitada para apreciar el inexorable paso de la flecha del tiempo unidireccional. Porque, la flecha del tiempo nos señala que la vuelta a su punto de origen ya no es posible: la jarra que se rompe ya no puede volver a su estado original. No sirve de nada sublevarse por la decantación en el presente de todos los des-perfectos sociales del pasado. El pasado nos ha construido como personas y, a la vez, tan solo es un dato que nos tiene que servir para realizar las mejores prospecciones, a fin de encarar el siempre incierto futuro. El pasado, pasado está.
En sentido contrario, el ser humano eleva algunos hechos históricos a la categoría de hitos sentimentales colectivos, lo que genera una resistencia ideológica a interiorizarlos como meras improntas puntuales de la larga y compleja trayectoria de nuestra especie, a través de las eras-mundo que colonizaron los diferentes presentes —ya preteridos— de nuestra evolución.
Porque, con el anhelo humano de actualizar pasados —o preterir presentes— han ido configurándose las características propias de nuestros avances sociedades. No obstante, en vez de asumir como un todo indivisible los distintos estadios de la Historia, erigimos monumentos, rendimos homenajes a figuras representativas de un pasado reivindicado que, a la vez, pueden ser negación de otro pasado, no tan reivindicado: conquistadores militares que instauraron nuevos reinos y civilizaciones contra fuerzas hegemónicas antecedentes; artistas e intelectuales que sobresalieron para superar los paradigmas mentales dominantes en el pasado, tal vez todavía presente en sus vidas.
No obstante, como sucede en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea que nos ha tocado vivir, en la mente del humano moderno se ha disparado la velocidad y, por eso, se ha multiplicado también la energía (e = m.c2, según EINSTEIN), del trabajo de revisión de los hitos y de las figuras históricas, a la luz de los valores de la sociedad actual. Y así es como la lucha de clases ha devenido lucha de frases, en busca del Paraíso… ¡ya perdido!
Entre los movimientos populistas, progresistas y de izquierdas de Cataluña, Valencia y Las Islas Baleares, ha arraigado el eslogan «Res a celebrar» (Nada que celebrar), referido a efemérides de victorias y conquistas, como por ejemplo el 12 de octubre (Día de la Hispanidad, por la llegada de Colón a América) y el 9 de octubre (Día de la Comunidad Valenciana, donde se celebra la entrada del rey Jaime I en València, hecho que se considera como la fecha de nacimiento del pueblo valenciano). Con la mentalidad de habitantes del siglo XXI, se condenan estos hechos históricos porque con ellos se ejerció la violencia contra la gente que habitaba esas tierras antes de llegar los conquistadores repartiendo varapalos a diestro y siniestro. Es decir, como la gran mayoría de las actuaciones de nuestra especie en el pasado. En cambio, sí que se da el visto bueno a celebrar con entusiasmo las derrotas de los bandos políticos con los cuales se sienten identificados: 11 de septiembre, 25 de abril… que tuvieron como consecuencia la pérdida de los fueros de los territorios de la Corona de Aragón.
Por mucho que nos pese, la energía vital de nuestra especie no solo ha sido determinada por los actos de bondad de nuestros congéneres, sino también por las actuaciones que hemos llegado a considerar como las más atroces, cometidas en nombre de las más peregrinas creencias, por los más sanguinarios individuos de entre los humanos. Los actos de heroísmo y compasión, el arte generado por los ideales religiosos —que tanto admiramos colectivamente, como los disfrutamos personalmente—, son inextricables del vandalismo y el dolor causados por las guerras de religión y de conquista, el etnocidio y la explotación de nuestros congéneres del pasado.
¡Actuamos tan inconscientemente a la hora de reivindicar a los buenos y de condenar a los malos!… No nos damos cuenta de que, tanto los unos como los otros, conforman el eco de la voz atronadora que clama en el desierto de las ideas, por la ambivalencia moral de nuestra condición de humanos.
Las celebraciones tradicionales —sobre hechos históricos siempre creados con claroscuros— nos tendrían que servir de apoyo para reafirmarnos como seres humanos arraigados en una tierra y una cultura propias, como atalaya desde la cual procurar extender la alegría y el bienestar entre los individuos de nuestra especie. Consiguientemente, tendremos que procurar ser mejores en el presente y garantizar un futuro más prometedor y solidario para nuestros descendentes, y ―eso sí― tendremos que sacar las consecuencias morales que se derivan de todos los hechos que construyen nuestra historia, pero evitando una re-visión histórica desde los conocimientos y los valores imperantes en nuestro tiempo presente.
Así, pues: ¿nada que celebrar?… Por favor, ¡que la fiesta continúe!…

(De mi libro Son de voces, eco de la entropía, págs. 169-172, Letrame Editorial, 2020).

Nuevo proyecto literario

Os presento mi nuevo ensayo, recién acabado de salir del “horno”:

Son de voces, eco de la entropía, editado por  Letrame Grupo Editorial.

En este libro encontrarás retazos de una vida recordada, reflexiones sobre psicología, sociología y ciencia, y una elemental hoja de ruta al final de la cual se halla una fe palpitante en la improbable supervivencia del género humano, único hito capaz de conservar ardiente la apagada memoria de lo que fuimos.

La obra es fruto de un autoanálisis personal, al tiempo que una reflexión sobre la naturaleza de la sociedad humana y la evolución del Universo. Todo ello filtrado a través de los conocimientos científicos a mi alcance y de la conciencia de mi yo.

En ella se habla de la formación de la conciencia humana como resultado de la memoria y de las huellas que han dejado en nuestra mente las voces de nuestros ancestros. También trata sobre la percepción de la vida como producto de los procesos energéticos, y el papel fundamental que la entropía juega en la disipación de la energía, así como en la creación de la vida, del caos y de la muerte.

Mis pensamientos, encapsulados en estas páginas, giran alrededor de la certeza en una vida individual finita, pero también en la resistencia de nuestro yo a desaparecer para siempre, y en la lucha de la especie humana por preservar la memoria colectiva en la que todos los seres humanos (del pasado, del presente y del futuro) participamos en su creación y desarrollo.

Una moción de (censura) vergüenza

Ahora que se cumplen dos años de la moción de censura que desalojó de la Presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy, conviene reflexionar sobre los efectos que generó ese insólito episodio de la historia de la democracia en España.

Todo se conjugó a través de esa plataforma político-comunicacional que he dado en denominar #DemocraciaVirtualYa. Pues fue esta auténtica marea política la que se centró en la campaña de acoso y derribo contra el PP de Mariano Rajoy, al que descabalgaron de la Presidencia del Gobierno mediante una calculada jugada que se abría con una frase de un juez del Tribunal Supremo, según el cual el testimonio de Rajoy “no era creíble”, la sentencia condenatoria por la corrupción en dos Ayuntamientos de Madrid, que al instante fue catalogada por los medios de comunicación y, naturalmente, por los partidos de la oposición como “sentencia demoledora”. De ahí a ganar la moción de censura y a la entrada de Pedro Sánchez en la Moncloa.

A partir de este fatídico capítulo de la historia de la democracia española, empieza el relato de una “nueva realidad” política dominada por la falta de escrúpulos de un líder criado en las tertulias televisivas, sin la menor experiencia en la gestión de los asuntos públicos (ni del sector de la empresa), pero que se maneja como nadie en el terreno del marketing y de la imagen, especialista (y bien asesorado) en la manipulación de las conciencias con el único propósito de conquistar y mantenerse en el poder.

Tal es así que, a pesar de haber afirmado una y mil veces que no pactaría ni con populistas, ni con separatistas, ni con Bildu, se ha saltado a la torera esas (falsas) promesas electorales para hacerse con la Presidencia del Gobierno de España y constituir un ejecutivo de coalición con Unidas-Podemos.

Desde entonces, la ocultación, la saturación informativa, las medias verdades y las mentiras más insolentes se han apoderado de la vida política española. Todo ello añadido a la nefasta, ineficaz e irresponsable gestión de la crisis sanitaria y socioeconómica producida por el COVID_19, cuya principal respuesta ha sido la declaración de un estado de emergencia inacabable y sostenido mediante el mercadeo político, ahora con ERC, después con Ciudadanos, más tarde con Bildu, siempre con el PNV…

Y mientras, su Vicepresidente 2º se emplea a fondo para mantener viva la llama del guerracivilismo, que tan sustanciosos beneficios políticos aporta a la “izquierda”, anclada ideológicamente en la Segunda República, y como maniobra de distracción ante la profunda crisis socioeconómica que se abre ante nuestros ojos.

¿Qué pudo (qué puede) salir mal?

Ano-lógicos y digitales ante la crisis del coronavirus

Cuando acuden a tu mente duros contrastes perceptivos de la realidad entre:

Los lujos de unos pocos y las miserias de muchos humanos.

La política de salón cocinada en los palacios donde reside el poder y la dura realidad que impera en innumerables lugares de nuestro mundo.

Los posicionamientos políticos sectarios y el arrinconamiento de la justicia social.

Cuando observas la interminable lucha entre egos (a cuál más poderoso) y las fatigosas tácticas de seducción empleadas por nuestros líderes políticos, con propuestas vacías de contenido e ineficaces, simplemente guiadas por el marketing electoral, la ocultación o saturación de la información, las medias verdades y las mentiras más obscenas.

Cuando parece que nuestras autoridades están más interesadas en la conquista y mantenimiento del poder a toda costa, que en la búsqueda del mayor bienestar posible para la ciudadanía

Cuando, por la indigestión de tantas maniobras de distracción político-mediática, o por incompatibilidades alimenticias, sientas como una especie de desasosiego que llama imperativamente a las puertas de tu ano… ¡expele una enorme ventosidad preñada de germen revolucionario!

Ahora que nuestros gobernantes, con motivo de la profunda crisis causada por la pandemia del COVID-19, pretenden que el confinamiento en nuestras casas vaya a formar parte de un estado de anormalidad democrática, que nos quieren hacer asumir como una “nueva normalidad” (otra etiqueta propagandística más lanzada al ruedo mediático) que ponga a prueba la capacidad de crítica y de protesta de los ciudadanos ante este estado de cosas anómalo.

Ahora que las multitudes son convocadas a través de la telefonía móvil y las redes sociales para manifestarse a favor, o en contra, de las más peregrinas de las ideas o de las acciones, aquí y ahora se proponen nuevas iniciativas políticas para encarar esa “nueva (a)normalidad” política y socioeconómica que nos ha tocado en suerte:

En primer lugar, como instrumento para la participación de la ciudadanía en la vida democrática, se plantea la constitución del Partido Radical y Pedorro para la Reconstrucción (PRPR, onomatopéyico). Su ideario, simple:

  • Saturar la Red de redes con pedos virtuales ─a cuál más original y estruendoso─ engendrados por la radicalidad digital, siempre que alguna autoridad, comunicador o ciudadano intente vendernos la burra con alguna opinión o propuesta que tan solo busque la descalificación soez del adversario ideológico, la confrontación política gratuita sin argumentos sólidos y meditados, así como la utilización de falacias y mentiras para intentar manipular a la opinión pública con el objeto de llevar el agua a su molino, o a su chiringuito político-mediático.
  • Cuando la “nueva (a)normalidad lo permita, ocupar las plazas de nuestras ciudades y pueblos con actos de pública pedorrea (audio o visual, o audiovisual) en señal de protesta por las más viles de las actitudes de los poderes políticos y económicos.
  • Desahogarse en presencia de algún farsante político o mediático, al paso, sin necesidad de detenerse ante el poderoso y manipulador de turno, o al pasar por su residencia.

Mas, todo ello también exigirá de nosotros un autoanálisis de nuestros niveles de dogmatismo y sectarismo personales y colectivos, para intentar rebajar su energía en pos de acabar con el cómodo, (in)consciente y partidista pin-pan-pun seudoideológico, para hacer posibles los consensos políticos necesarios que nos permitan trabajar en el camino de lograr una sociedad más próspera y justa.

En definitiva, se trata de convertir el gesto íntimo y tan frecuentemente reprimido, en aldabonazo público contra la moral hipócrita y las miserias humanas… A buen seguro que el pequeño tributo que soportará nuestro entorno físico, en cuanto a intensificación de la entropía por la emisión de gas metano a la atmósfera (hace milenios que las vacas han vivido tan tranquilas y tan despreocupadas por su ingente generación de gas metano), será compensado con creces por el incremento de la salud física, mental y social de la especie humana.

Otro gallo cantaría si los humanos, una vez depurados de las toxinas ideológicas más perniciosas, obedeciéramos a los rotundos dictados de nuestras vísceras gastrointestinales, en lugar de seguir a pies juntillas los imperativos de melifluas secreciones de sesos aturdidos por el deseo de poder y de gloria. Y, por siempre… la represión.

(Foto: Mister Changa Big Bang, arte urbano. Detalle de la portada de mi libro Memòria del Big Bang’, Ed. Círculo Rojo, 2020. Disponible en Amazon, Casa del Libro, El Corte Inglés y Agapea)

El virus de la corrección política

Aquí y ahora, cuando estamos confinados en casa (in hilo tempore), contando como tontos (y tontas) el número de personas contagiadas, muertas y dadas de alta médica, a consecuencia del coronavirus en España. Ahora, cuando nos tienen entretenidos (y entretenidas) con el juego de En busca del ‘pico’ perdido. Aquí pretendo realizar un análisis que vaya más allá de señalar las graves negligencias cometidas, por el Gobierno de España, demás autoridades y medios de comunicación, en la gestión de la crisis sanitaria y socioeconómica suscitada por la pandemia del Covid-19, que golpea duramente a la ciudadanía de nuestro país.

  • Por lo que respecta a la actuación de nuestro Gobierno bicéfalo social-populista, habrá que coincidir en que se limitó a verlas venir cuando la epidemia causaba estragos en China, se había extendido peligrosamente por la zona norte de Italia, y España ya contaba con casos de contagio y alguna muerte.
  • También la UEFA, la FEF y los Gobiernos de Italia y España, permitieron que, el 19 de febrero, se jugara el partido de fútbol entre el Atalanta y el Valencia CF, sin ningún control en el estadio de San Siro, Milán, ni en los aeropuertos de Italia y España. La prensa italiana ha señalado este evento deportivo como el punto cero de la expansión del coronavirus en Italia, por la concentración de 40.000 aficionados del Atalanta y 2.500 seguidores del Valencia en las gradas de San Siro, con su correspondiente dispersión por bares, restaurantes y demás establecimientos de Milán.
  • Desoyendo las directrices de la OMS y del informe elaborado por científicos del CSIC en enero de 2020, y a pesar de los 430 contagiados en España, el Gobierno no solo permitió, sino que alentó la celebración de las marchas y manifestaciones feministas del 8-M, eso sí, contando con la colaboración inestimable de rutilantes estrellas mediáticas, cuyas arengas públicas (y televisadas) han quedado grabadas en las redes sociales para escarnio de esos personajes por tan irresponsable actitud. Ningún acto público político o deportivo fue prohibido antes de dicha fecha, de manera que fueron las fiestas de las Fallas de Valencia el primer evento que fue cancelado (el 10 de marzo), eso sí, por el Consell de la Generalitat Valenciana.

No obstante, como he dicho al principio, deseo ir más allá en mis reflexiones sobre este fenómeno de irresponsabilidad político-mediática que ha puesto en grave peligro la salud y la vida de los españoles (y de las españolas, ¡faltaría más!):

Estoy convencido de que un hipotético gobierno del PP y Ciudadanos, por ejemplo, no podría haber evitado la celebración de los citados actos multitudinarios del 8-M, aunque lo deseara, por varias razones:

A) Dicho gobierno no se hubiese atrevido a prohibir esas manifestaciones (de hecho el PP y Ciudadanos se sumaron oficialmente a las mismas, y destacados/as dirigentes de ambos partidos asistieron a las marchas feministas, aunque los/las de Cs tuvieron que salir por piernas). Si el PP, partido de centro-derecha (ultraderecha para el PSOE y UP) hubiera prohibido las concentraciones multitudinarias del 8-M por motivos de alerta sanitaria, el Tsunami Feminista habría golpeado duramente al gobierno del PP-Cs. De todas las maneras, se habrían celebrado igualmente las manifestaciones, mediante la invocación al nuevo derecho a la desobediencia contra la decisión de un gobierno fascista.

B) Es evidente que las sociedades contemporáneas están fragmentadas en grupos ideológicos, que buscan sus objetivos particulares por encima de la conquista del bien común. Mejor dicho: estas organizaciones consideran que el bien común reside en las propuestas sociopolíticas que emergen de sus ideologías particularistas. Y dichas ideologías se han radicalizado. Los movimientos ecologistas y feministas, principalmente, con sus variadas ONGs, exiben públicamente sus ideologías maximalistas, con tintes autoritarios y cada vez más cargados de agresividad (“¡El violador eres tú!). Entorno a ellos se ha desarrollado la ideología de lo políticamente correcto, que supone la generación del lenguaje de los arcanos del progresismo y que deriva en el pensamiento único, de manera que quien discrepe, quien no comulgue con los postulados de la neorreligión ortodoxa y progre es tildado de hereje fascista y, como tal, condenado al escarnio y/o al ostracismo públicos.

C) Mucho se habla ahora del mundo que resultará una vez haya sido superada esta crisis sanitaria y económica, cuya profundidad e intensidad desconocemos a día de hoy. Mas, una cosa debe quedar clara: deberemos madurar personal y colectivamente, al objeto de cambiar nuestra forma de pensar y actuar. Deberemos ser más responsables para no volver a jugar con nuestra salud y nuestras vidas, poniendo por encima de estos derechos fundamentales las consignas de nuestro grupo ideológico. Por ello, deberán aflorar líderes políticos con ideas y propuestas serias y eficaces, con asesores cualificados en la materia correspondiente, y menos preocupados por la imagen y la comunicación. Necesitamos menos verborrea en la accción política, menos prestidigitación política basada en la imagen del líder vacía de contenido, que tan solo busca la conquista y el mantenimiento del poder a cualquier precio, incluso mediante la ocultación de información, las verdades a medias, o la mentira descarada. Hace falta más seriedad, más responsabilidad… Auténticos líderes políticos, preparados, demócratas convencidos, que sepan afrontar con rigor los problemas graves que azotan a nuestras sociedades, aún a costa de perder apoyo electoral… Y ciudadanos a la altura de esos líderes.

En democracia, las cartas del Juego Político se reparten entre el pueblo soberano. Puede suceder que la gente opte por tragarse el farol de los embaucadores y prestidigitadores del lenguaje de la corrección política. Si es así, iremos de cabeza hacia la bancarrota segura de nuestro Estado de Bienestar. Por el contrario, si la mayoría del pueblo desea la consecución del mayor bienestar personal y social posible, apostará por los líderes serios y responsables.

Esta crisis nos ha de enseñar que nos jugamos mucho con nuestra actuación social y nuestras decisiones políticas. Pues, en este envite nos va la vida y la supervivencia de la especie humana.

 

 

 

 

De la grip A al coronavirus

Apocalíptics i entròpics

… la ment humana (producte de l’evolució cap a la complexitat del cosmos) actua com un espill sensible als efectes de l’entropia en el món que l’envolta. Amb el transcurs del temps i l’efecte acumulador corresponent, els fenòmens caòtics i dissipadors dels valors morals que mantenen cohesionades a les societats humanes, arriben a ser percebuts com una amenaça cap a la supervivència de l’espècie, i la psique activa els mecanismes que tracten de pal·liar estos efectes nocius sobre els individus, en particular, i sobre l’espècie, en general.
Davant d’estos fenòmens mentals, la primera acció humana comença amb la identificació i delimitació del problema. Després vindrà l’oportuna conceptualització o etiquetatge lingüístic del fenomen. Finalment, anomenat, definit i encapsulat el problema, haurà arribat l’hora d’aportat les oportunes solucions. D’esta manera, pot comprendre’s que la proliferació dels accidents de trànsit, impulse la realització de campanyes publicitàries de sensibilització ciutadana, a més de normes jurídiques que imposen sancions més dràstiques als cada vegada més nombrosos infractors (com ara, la creació del carnet per punts). Amb igual sentit de socialització se’ns presenten estos fenòmens: accidentalitat laboral, assetjament laboral (mobbing), assetjament escolar (buylling), violència en l’esport… i ara, molt per damunt dels anteriors, violència de gènere. Tots ells, degudament acotats, definits pels científics i legisladors, i amb les seues corresponents prohibicions i sancions, imposades pel poder polític i judicial.
Això es reflectix en altres camps socials, com ara el de la salut, amb l’emergència de noves malalties acotades pels científics i que —com a efecte o causa— generen una reactivació de la indústria farmacèutica, a través de l’etiquetatge de productes quasimiraculosos que, això sí, poden produir efectes secundaris més nocius que la mateixa malaltia, entre altres, alteracions manifestes en la personalitat del malalt. “Estrés”, “Ansietat”, “TDAH” (o “trastorn de dèficit d’atenció, amb… o sense hiperactivitat”, és a dir, el comportament dels xiquets difícils, inquiets i revoltosos de tota la vida), són alguns dels noms que reben estes modernes malalties.
També hem sigut espectadors, involuntaris, de les alarmes mediàtiques (tal vegada mediatitzades pel poder de la indústria farmacèutica), apocalíptiques, protagonitzades per organismes considerats tan seriosos i responsables, com ara l’Organització Mundial de la Salut (OMS).
La primera epidèmia de grip A, no va ser tan greu com es va anunciar, però va aportar grans beneficis a les farmacèutiques amb la fabricació de tantíssimes vacunes, sobrants, i estes màscares que tan bon paper feien davant dels mitjans de comunicació, a l’hora d’oferir rodes de premsa multitudinàries protagonitzades per metges experts, autoritats, famosos entrenadors de futbol, i qualsevol personatge mediàtic que es va prestar a donar la nota. Tots eren arrossegats per una mena de corrent informatiu irrefrenable, això sí, a la recerca del bé comú.
I, com en qualsevol festa mediàtica, no hi varen faltar els polítics amb un desmesurat afany de protagonisme. Així, quan va botar l’alarma sanitària pel contagi amb el bacteri E. coli d’un bon nombre de persones a Alemanya —amb diverses morts incloses—, ràpidament es va imputar al cogombre espanyol com a agent causant. Una vegada estudiat el tema, es va descartar este origen de l’epidèmia, i resultà assenyalada la soja alemanya, per a, finalment, detectar el focus del contagi en una granja ecològica (sic), emplaçada a Alemanya!
Amb tot això, els innocents agricultors espanyols hagueren d’assumir grans pèrdues econòmiques, sense veure com assumia la seua responsabilitat L’AUTORITAT ALEMANYA que, tan alegrement, va oferir en safata de plata la mòrbida notícia als mitjans de comunicació, sense tindre’n proves que la justificaren.
Un altre exemple d’este alarmisme politicomediàtic ens el va brindar EL COMISSARI EUROPEU D’ENERGIA —igualment alemany—, el qual va aconseguir alçar un fascinant titular periodístic, a diverses columnes, anunciant “L’Apocalipsi”, alhora que assegurava que “esta paraula està ben triada”, és a dir, estava dita a consciència (tot i que este mot té l’accepció d’anunci de la fi del món), per a intentar explicar els possibles efectes catastròfics provocats pel greu accident ocorregut en la central nuclear de Fukushima, com a conseqüència d’un devastador tsunami. Tot, molt tranquil·litzador!..
Vistes les reaccions dels humans —i dels nostres representants més reeixits— davant dels efectes caòtics que es produïxen en la societat, el dilema rau en la capacitat de la ment per a véncer l’entropia (encara que únicament es tracte de la generada per la psique humana en termes d’informació), o si, com a mínim, podrà frenar la seua acceleració progressiva. Però, tot i que l’entropia pot ser dominada en àmbits concrets —accidents de trànsit, sinistralitat laboral— aconseguirà la seua expansió a través de la incardinació en altres fenòmens socials, de manera que continuarà creixent la seua valència total dins del sistema social, tal com es predica del creixement imparable de l’entropia en l’Univers

Memòria del Big Bang, Ed. Círculo Rojo, pàgs. 138-140

Nou llibre d’assaig: ‘Memòria del Big Bang’

“Consideres que eres únic i immutable, però puc relatar la història de la teua canviant existència, una més d’entre totes les existències.Vares nàixer amb la fogonada de la consciència i puc representar-te entre el fang residual de la gran riuada, a l’ombra de les Torres de Quart de València. El teu ésser es va modelar a través d’altres grans cataclismes. Abans del teu adveniment impera el misteri: Tot va nàixer del No-res, i Tot tornarà al No-res. Més que el narrador dels teus dies sobre la Terra, soc l’escrivà de la Radiació del Fons Còsmic que esbossa els signes incomprensibles de la Gran Explosió, origen d’un Univers convingut. Em constituïsc en eco de l’oracle que anuncia la inevitable vinguda del meu Regne.”

Ya a la venta