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#RegresoAlFuturo, sin divisiones ni fronteras

Regreso al futuro
(De la película ‘Regreso al futuro’. Fuente: El Mundo)

Nunca se quedó atrás nuestro
pasado:
tenaz, entre intervalos de
aparente olvido,
nos fue siguiendo los pasos, furtivo
como un ladrón detrás de los árboles

EDUARDO MITRE, Vitral del pasado

Algunas escuelas filosóficas afirman que no existen ni el pasado ni el futuro, que tan solo hay un “aquí y ahora”. Al contrario, también es lícito declarar que el presente no existe, que no podemos hablar del “aquí y ahora”, si no es en relación con la cadena de acontecimientos causales heredados del tiempo pasado, el cual se pierde en la noche de los orígenes de todo (tal vez del Big Bang?). Y, para cuando queremos tener conciencia del momento presente ya estamos instalados en el futuro inmediato, el futuro que se hace presente, para volver a pasar a ser un pasado que construye la flecha del tiempo que apunta hacia el futuro
No podemos tener conciencia del presente, de continuar vivos y sentirnos una unidad orgánica, si no mantenemos la memoria de nuestros hechos pasados que nos proyectan hacia el futuro, tan incierto e inescrutable, como real y presente mientras conservemos la vida y la conciencia.
A menudo, caemos en disquisiciones metafísicas como esta, por las reiteradas trampas que nos depara la comunicación a través del lenguaje y el pensamiento lógico-racional. “Pasado”, “presente” y “futuro” son conceptos a los que se puede dar muchas acepciones y sobre los cuales y las relaciones entre ellos, se pueden elaborar gran cantidad de hipótesis filosóficas y científicas, unas enfrentadas a las otras, al mismo tiempo que todas cargadas de razón.
Entramos de lleno en la trampa de las paradojas de Zenón de Elea expuestas en los ejemplos de “la carrera entre la tortuga y Aquiles” y el recorrido imposible de “la flecha” lanzada, en los que, para alcanzar cualquier distancia, una persona, animal o cosa, deberá recorrer cantidades infinitas de porciones del trayecto a realizar, ya que —teóricamente— cualquier medida de longitud puede ser dividida por su mitad, y esta por su mitad…de manera que estas divisiones resultan infinitas; por tanto, parece imposible el movimiento en nuestro espacio; no es factible recorrer un espacio infinito.
Podemos convenir que las cantidades que resultan de las infinitas divisiones son los equivalentes a los diferentes tiempos presentes. El momento de la partida de la tortuga o de Aquiles, o del lanzamiento de la flecha, representa un tiempo presente, y cuando la tortuga y Aquiles alcancen su destino, y la flecha llegue a su diana, estaremos en un tiempo futuro. No obstante, si nos guiamos por el sentido común, está claro que la flecha es lanzada en determinado momento, que recorre un espacio y que llega a su destino. Para que eso pase, debe existir el pasado, el impulso que viene del pasado, la meta del futuro observada desde ese pasado, la gravitación —fuerza de atracción, el influjo— del futuro, y el mismo futuro que pronto pasará a ser pasado.
El sentido común nos dice que no pueden existir infinitos momentos presentes, porque de esta manera el movimiento pasaría a ser imposible y, en cambio, observamos y sentimos que el movimiento existe. Todo ello con permiso de los postulados de la Mecánica Cuántica, el último grito en conocimientos científicos demostrados y puestos en práctica, que parece decir adiós a nuestro mundo próximo, al de la experiencia cotidiana.
Llegados a este punto, solo nos sentimos legitimados para hablar de cuestiones de humanidad práctica…

refugiados sirios (eslovenia)
(Policía montada conduce una columna de inmigrantes y refugiados cerca de Dobova, en Eslovenia. Fuente: La Voz de Galicia)

Por ello, parece que vivir anclados en un momento presente aislado de la flecha evolutiva ―en el “aquí y ahora” de fronteras infranqueables― nos puede llevar a los humanos a caer en la inflexibilidad ideológica y religiosa. Al contrario, anhelamos relativizar el valor de las fronteras. No debemos olvidar que cualquier manifestación de la vida cultural, ideológica o religiosa es producto de la decantación, a través del tiempo pasado, de otras vivencias, prácticas y teorías de los diferentes ámbitos culturales e ideológicos. Estos ámbitos son compartidos, en un primer momento, por personas y comunidades. Después, brotarán distintas burbujas para hacernos igual de diferentes: unos colectivos conservan unos signos culturales concretos y, por contra, rechazan otros. Con este tipo de afinidades electivas los pueblos y otros tipos de comunidades construyen su identidad, a que consideran como “propia”.
Así, el catolicismo, por ejemplo, no se puede entender fuera de la evolución del cristianismo, el cual surge dentro de la religión hebraica que, por su parte, tiene influencias notables de otras religiones, como la mesopotámica, la egipcia o la persa. Verbigracia, la leyenda mesopotámica de Gilgamesh representa un antecedente claro del relato bíblico del Diluvio Universal, así como la mitología persa también contempla la creación del mundo en seis días, tal como se relata al libro del Génesis. En fin, como dice Borges, la tradición es obra del olvido y de la memoria.
Por tanto, los humanos deberemos relativizar la fuerza del presente, del aquí y del yo (“Eso no lo he conocido en toda mi vida”) en tanto horizonte vivencial e intelectual de la mayoría de los humanos, porque el aquí y el yo (también el nos-otros) son meros productos del pasado proyectados hacia el incierto futuro, aunque el hombre y la Naturaleza convierten el movimiento (el cambio) en cosas y fenómenos reales, presentes, existentes.
Necesitamos una visión globalizadora, en tanto que respetuosa, de los fenómenos naturales y culturales ―humanos―, con el fin de asumir como patrimonio de la especie humana todas las experiencias que han contribuido a hacernos lo que hemos sido, lo que somos, y lo que seremos.

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Cosmonación: reflexiones desde el ‘aquí y ahora’

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(Graffiti de DEIH en el Centro Histórico de Valencia)

Lo arrimo al oído y escucho
el sedoso zumbido
de su intensa respiración
dibujando
espirales veloces
como los astros y los pinos
de Van Gogh
.
EDUARDO MITRE, Vitral del trompo

La adquisición de la conciencia individual (sentido del yo) y de la conciencia social (sentimiento de pertenencia a una comunidad), son productos psicosociales de la evolución de la especie humana dentro de su trayectoria por el mundo. Pero, también representan fenómenos que pueden conducir a la persona hacia una especie de enquistamiento psíquico alrededor del tiempo presente y del espacio sentido como propio, en cuanto a únicos ámbitos vitales a tener en cuenta y, por tanto, a la consolidación de las ideologías que ponen el acento en la importancia del aquí y ahora.
He aquí, sin embargo, que el yo de una persona no se puede entender sin la existencia del yo de cada uno de sus padres, y el de los padres de los padres, y así hasta la primera generación de homo sapiens, y de estos hasta los primates, a los mamíferos, al resto de animales, a los vegetales… para acabar (si hay algo que puede acabarse) en el inicio de todo: el hipotético Big Bang.
El marxismo teoriza sobre el proceso de adquisición de la “conciencia de clase”. Después se ha hablado de la “conciencia social” y de la “conciencia de pueblo”. Pues bien, la conciencia de clase o la conciencia de pueblo (también la fe religiosa y el conocimiento científico) pueden devenir fenómenos incardinados en el proceso de enquistamiento del tiempo presente, fundamentalmente, en cuanto solidificación por decantación de un pasado acotado que, después, abre el paso a una concreta proyección para una vida futura de un colectivo concreto, pero que puede quedar alienada del presente y del futuro de la especie humana en general, ya sea este proceso denominado “implantación del sistema socialista”, como “consecución de la liberación nacional”, o “anhelo de salvación espiritual”…
Los humanos tenemos unos espacios y un tiempo pasado compartidos a partir de los que se perfilan trayectorias socioculturales diferenciadas. La dialéctica entre dos fuerzas (el entorno natural -genes incluidos- y la voluntad humana) delimita tanto las sociedades como las mentalidades.
Sin embargo, el fenómeno de concienciación individual o social (decantación de un pasado, más o menos nebuloso, en un presente concreto) no es un proceso circunscrito al reducido horizonte existencial de la vida de un individuo o de una familia, o de una generación, sino que puede engullir y alcanzar un espacio delimitado geográficamente y una concreta era histórica, a los que se atribuye determinadas características propias y diferentes a las de otros territorios y épocas.
Como fenómeno social paradigmático tenemos el patriotismo, o nacionalismo, que concreta una conciencia social a la historia de un territorio bien definido a lo largo de un tiempo (que reivindicamos nuestro), aunque nos remita hasta la oscuridad de la Edad Media o, incluso, más allá. Y eso genera sentimientos necesarios para el bienestar psíquico de las personas, como la seguridad que comporta el arraigo en una cultura y el orgullo de pertenencia a una comunidad. Mas, si todos estos sentimientos se decantan hacia posicionamientos insolidarios y excluyentes, se puede generar una conciencia individual y social cerrada, hermética, parcial. Aquí, entra en juego el proceso de asimilación (hacia la cohesión) de los iguales y de desagregación (hacia la marginación) de los diferentes, que incluso se pueden considerar contrarios.

guerra de banderas
(Guerra de banderas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona)

Por tanto, contra la conciencia hermética que provoca narcisismo, egoísmo, odio y violencia (aunque genera también solidaridad interétnica), hay que oponer una conciencia abierta, relativista, incardinada en una conciencia global, y abierta a la asunción y la asimilación del largo proceso de formación de la conciencia de la especie humana que, al mismo tiempo, tanto nos remite al Big Bang como a un futuro inseguro, pero lleno de esperanza hacia el consecución de la supervivencia de los humanos (tan incierta como se quiera).
Tampoco debemos olvidar la persistencia de las conciencias contingentes (culturales, nacionales, étnicas o religiosas), pero sin perder la perspectiva amplísima, en cuanto a cósmica, de dónde venimos y hacia dónde podemos ir. Los humanos hemos de intentar integrar las diversas historias de las tribus, en definitiva, los pensamientos parciales, particularizados, con el fin de elaborar una nueva forma de conocimiento holístico, cósmico. No obstante, esta mentalidad integradora puede asumir, como uno de sus ingredientes básicos el ideal de la secesión tribal cuando es preciso oponerse a cualquier uniformismo alienador, entendido este como otro particularismo, pero con efectos devastadores sobre la diversidad cultural y la libertad de las personas y de los pueblos.
Evidentemente, apostar por la asunción de una mentalidad integradora representa una forma más del pecado del idealismo: el mundo no va por aquí. Sin embargo, si deseamos mitigar el dolor, la miseria, la enfermedad y la violencia que sufren los seres humanos, algo diferente deberemos hacer respecto de lo que hemos hecho hasta ahora.

refugiados sirios (II)
(Marcha de refugiados sirios)

Entonces, nos tocará caminar hacia lo que puede unir la especie humana en lugar de buscar las ideas que enmarcan, que delimitan ideologías, que generan dogmas enfrentados a otros dogmas, así como la violencia inherente a la conjunción íntima de pensamiento y sentimiento que nos produce la impresión de estar en plena posesión de la Verdad Absoluta.
Desde la iniciática salida de África los humanos no hemos dejado de dispersarnos. Con el intento mítico de construcción de la Torre de Babel hemos llegado a confundirnos con lenguas diferentes, aunque bienqueridas.
Una vez instalados en el mundo globalizado, tendremos que cerrar nuestro círculo vital hacia la nueva unidad de la especie.

#Democracia_Virtual_Ya (Acto II)

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(Fuente: La Sexta)

“La representación espectacular del hombre aglutina toda esta banalidad al concentrar en sí la imagen de un posible papel que desempeñar (la estrella). La condición de estrella del espectáculo es la especialización de la vivencia aparente, objeto de identificación con la vida aparente y sin profundidad que ha de compensar la fragmentación de las especializaciones productivas efectivamente experimentadas. Las estrellas del espectáculo existen como figuras de diversos tipos de estilos de vida y de comprensión de la sociedad, libres para ser desempeñadas en un nivel global“.
Gury Debord, La sociedad del espectáculo, Ed. Pre-Textos.

¿Qué vale más: un voto o un bit (plasmático)? ¿En qué aventaja un escaño a un sillón en el plató?

¿Cómo se desarrolla el fenómeno de la política virtual?: Los medios ofrecen el terreno de juego, las reglas por las que se guía el mismo, más los profesionales que dirigirán y arbitrarán las diferentes jugadas de los distintos jugadores. Éstos, nacidos bajo el signo mediático, utilizarán sus mejores artes para introducirse en la liga de las estrellas, y con el tiempo (cada vez más breve, por cierto) ascender a la cabeza de la división de honor mediática y, por ello, social y política.

Desde esta atalaya privilegiada, ya no puede sorprendernos que el máximo representante de este fenómeno mediático (Pablo, Príncipe de Populandia) llegue a autoproclamarse “Auténtico Líder de la Oposición”, tirando al cubo de la basura los votos obtenidos por el PSOE, y retando al Presidente del Gobierno a medirse con él en la Liga del Juego Virtual, aquélla que se juega en su terreno de jugo preferido: los platós de televisión, desde donde puedes hablar en representación de “la calle” y de “la gente”, sin necesidad de contrastar esa representación en las urnas.

Este estado de cosas, a unos nos puede resultar esperpéntico, a otros un espectáculo ridículo, aunque habrá un porcentaje indeterminado de gente que se lo creerá a pies juntillas. Alguien tildarà a Pablo Iglesias de arrogante, prepotente iluso y egocéntrico. Otro lo considerará como el líder que ha de salvar a España de la crisis (ética y económica), dándole una patada en trasero a la “casta”.

Pero, existe un peligro: después del Big Bang que ha supuesto la implantación de la sociedad de la información, y la posterior expansión de los sistemas cibernéticos y las redes sociales, los agentes interesados en esa expansión (directivos y profesionales de los medios de comunicación, principalmente) pueden, ahora, dirigir sus esfuerzos hacia la consolidación de la citada Plataforma de Política Virtual, y posterior crecimiento ilimitado de la misma. Con ello, puede conseguirse la suplantación de la Política Real, la sustitución de Parlamentos y demás instituciones de representación democrática, por los programas de tertulias en la TV, los videos en Youtube, y los mensajes en Facebook y Twitter. En definitiva, la usurpación del valor del voto depositado con garantías democráticas, por la naturaleza líquida de las encuestas y los índices de audiencia.

Tal vez, los intereses crematísticos de los todopoderosos mass media, nos dirijan hacia un mundo feliz, en el que el ciudadano -considerado como el rey, consentido, de la casa mediática-, cómodamente sentado en su sofá, ve desfilar en la pantalla de TV a unos personajes que juegan a la política, como al mismo tiempo sucede en platós vecinos, otros personajes de dudoso mérito social, exhiben sus entrañas y sus miserias humanas a una audiencia ávida de “pan y circo” y de sangre de ketchup.

Ahora, la nueva hornada de políticos son “jóvenes suficientemente preparados” en las lides catódicas y twitteras, con buena labia -aprendida en masters homologados- y presencia física y, lo que es más importante, con gran ambición de poder. Estos líderes provienen, en su mayoría, de organizaciones de izquierda radical y anti-sistema. Su fuerte alianza con unos medios de comunicación de titularidad capitalista, tentados en debilitar el sistema democrático real, no augura un futuro sociopolítico que cumpla los estándares de democracia plena, y donde “la gente” tiende hacia actitudes infantilistas, por la irresponsabilidad que se le predica (la culpa siempre es de otros) y una falta de compromiso político y social que encuentra su mejor coartada en las deficiencias del sistema existente, fundamentalmente, por la proyección en el presente de unos casos de corrupción que provienen de un pasado en el que pacían plácidamente las vacas gordas, y sagradas.

Esa corrupción político-empresarial que hunde sus raíces, como hemos dicho, en la época de mayor expansión de la burbuja financiero-inmobiliaria, y los defectos de funcionamiento que muestra el actual sistema constitucional para hacer frente a la crisis y dar respuestas a las inquietudes ciudadanas, es la excusa perfecta que han encontrado unos y otros para intentar reventar el sistema.

La prensa en España fue un pilar básico en el advenimiento y consolidación del régimen democrático en nuestro país. Pero, Bob Dylan cantó que “los tiempos están cambiando”, y los medios de comunicación han realizado su adaptación ante la presencia de una nueva realidad virtual, que nos puede dirigir peligrosamente hacia la distopía plasmática de un sistema político virtual en el que los autoproclamados portavoces de “la gente”, bajo la coartada de acabar con una casta que “no nos representa”, intenten hurtar a los ciudadanos el valor de uso del derecho fundamental a elegir a sus representantes políticos, así como obstaculizar su camino hacia una participación activa en la vida social, desde una actitud responsable sobre las consecuencias de sus actos.

Evidentemente, estos trazos dibujan una caricatura de la realidad presente y de las figuras institucionales de un futuro más o menos lejano. Mas, no podemos olvidar que la caricatura -al menos, la buena caricatura- siempre guarda la esencia y el parecido con el sujeto real. Puede que nos sirva para llamar la atención sobre unos fenómenos que están dándose en el presente de nuestra sociedad y que pueden conducirnos hacia un debilitamiento del sistema democrático, de manera que su estado enfermizo lo pueda convertir en desechable, en favor de la antedicha Plataforma de la Política Virtual.

¿Realidad? ¿Caricatura exagerada de la misma?

¿Estamos ante la imparable expansión del Juego de Tronos de la Política Virtual?

Transición: del Big Bang al Big Crunch

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Nunca se quedó atrás nuestro
pasado:
tenaz, entre intervalos de
aparente olvido,
nos fue siguiendo los pasos, furtivo
como un ladrón detrás de los árboles

EDUARDO MITRE, Vitral del pasado

La Transición, con el momento culminante de la aprobación de la Constitución Española de 1978, supuso una explosión en el disfrute y desarrollo de las libertades públicas, de los derechos de los ciudadanos, y el despliegue del régimen autonómico.
Ese periodo, también coincidió (tal vez, ¿por simpatía?) con un gran desarrollo de la economía española. Y ya sabemos que, en épocas de bonanza, fluye el dinero fácil y, con él, los pelotazos y los casos de corrupción que, dada la lentitud ancestral de la Justicia española, están siendo revisados en la actualidad.
De esta manera, la crisis de finales de la primera década del siglo XXI, ha provocado la mirada crítica de muchos ciudadanos, así como, sobre todo, de los medios de comunicación, los cuales han sufrido especialmente los efectos de esa crisis y del crecimiento exponencial del tráfico informativo a través de las redes sociales, lo que ha llevado a las colas del paro a miles de periodistas, a causa de la reducción de plantillas o del cierre de empresas del sector.
Esta opinión pública —y publicada— ha centrado sus diatribas contra la clase política en conjunto (la casta), por los motivos siguientes:

-La mala gestión de los recursos públicos que, en casos extremos, puede derivar en corrupción.
-La falta de democracia en la organización y el funcionamiento de los partidos políticos, contra lo cual se propone la instauración del sistema de primarias para la elección de los máximos dirigentes de las organizaciones políticas.
-Los déficits democráticos y de representación existentes en el sistema electoral, proponiéndose las listas abiertas como solución.
-La prohibición de la presencia de personas imputadas en las listas electorales.

Dadas la lineas editoriales de los distintos medios de comunicación, así como la entrada en el escenario político de partidos de nuevo cuño, como UPyD y Ciudadanos, en un principio, y después con la irrupción meteórica de Podemos, que se plasma en la presencia cuasi-obsesiva en medios de comunicación afines a su ideología, y en los Parlamentos Europeo, Español y Autonómicos, así como en los principales Ayuntamientos de España, como consecuencia de las sucesivas elecciones de 2014, 2015 y 2016.
El fenómeno socio-político que representa Podemos, puede entenderse como la galvanización en dicha formación política (hasta hace bien poco, existente como movimiento social) de la ira ciudadana generada por:

-La recesión económica, el paro, y la consiguiente merma del nivel de vida.
-El estrechamiento de la clase media.
-Las rebajas en los derechos socio-laborales de la clase trabajadora (funcionarios incluidos).

Así, al substrato de descontento social por los efectos de la crisis, hay que sumar el regular e interminable riego por goteo de los casos de corrupción que, a través de un omnipotente Big Bang, nos trae la entropía de un remoto pasado que el lento funcionamiento de la Justicia convierte en presente incandescente. Además, no podemos obviar que, según las leyes de la Termodinámica, todo sistema, por eficiente que sea, genera su dosis de entropía, de energía no útil para el trabajo, de desechos, de desorden…
Por ello, toda la energía comunicacional y política desplegada contra el “régimen” instaurado desde la Transición (concepto, por cierto, acuñado por sectores de la derecha y del que se han adueñado los sectores “indignados“), lleva camino de provocar una gran implosión (Big Crunch) del sistema democrático español, que —para algunos agentes políticos de la izquierda— tendría como fin último la implantación de la III República, en cuanto reflejo dorado de la II República, derrumbada por Franco.
Podemos ha logrado catalizar esa energía negativa (destructora del sistema, anti-sistema) y ahora su líder Pablo Iglesias se dirige hacia el charco político en el que ha de contemplar su imagen, una imagen que deseaba remedar la figura clave en la Transición democrática española: la de un carismático Adolfo Suárez, aunque con barba y coleta, con mucha teoría y nula práctica en gestión pública. Es decir, con las características políticas contrarias al modelo original, que viene del pasado, de los entresijos del régimen franquista, cuando Pablo Iglesias proviene de la tradición ideológica del marxismo gramsciano.

Aunque esta metamorfosis no deja de ser virtual, no debemos pasar por alto que Pablemos ha llegado a identificar su proyecto político como transversal, no definido ni como organización de izquierdas o de derechas, y afirma no haber nacido para dar el poder al PSOE, sino para asumir el poder por él mismo. No obstante, quien mejor puede asumir el rol de Suárez (tanto por ideología como por fisonomía y voluntad de emulación) es otro líder carismático y emergente: Albert Rivera, de Ciutadans/Ciudadanos.
De esta manera, a quien desearía encarnar Iglesias en este proceso de “retorno al origen”, es al líder socialista Felipe González (eso sí, con las manos limpias de cal viva), el cual, con la ayuda inestimable de la socialdemocracia alemana, y después de desprenderse de la mochila ideológica del marxismo y propugnar “el cambio” en la vida política española, pudo llegar a habitar en La Moncloa.
Si Mariano Rajoy tira hacia Manuel Fraga (así es para buena parte de la opinión publicada y como deseo, bien confesado, por sus adversarios políticos), ya tenemos los protagonistas adecuados para protagonizar la denominada “Segunda Transición”, hacia quién sabe dónde…
Cabe esperar que la escena política española no mire hipnóticamente hacia el pasado, pues, a pesar de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, en los trayectos históricos inversos, al final, siempre acecha una dictadura.
(Ilustración: Graffiti en el Parque de Marxalenes, Valencia)