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¿Dónde va #LaGente?

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Desde que navegamos a la deriva, con motivo de las tempestades desencadenadas por la crisis económica, todo el mundo se ampara en la sociedad civil, en la necesidad de que asuma un papel activo, para poder salir, lo más airosamente posible, del torbellino socioeconómico. Incluso, tenemos líderes políticos de nuevo cuño que se arrogan la representación de aquella -simplemente para justificar sus posicionamientos políticos-, a la que suelen denominar #LaGente.

De esta manera, la gente va, la gente viene, la gente quiere, e incluso, en boca de los gurús de la new age política (el novísimo partidismo), la gente ha llegado a decir que nuestros representantes políticos (votados por los ciudadanos en elecciones libres) “no nos representan“.

Pero, ¿qué coño es #LaGente, digo, la sociedad civil? Existen muchos llamamientos, proclamas y reclamaciones dirigidas a la sociedad civil, pero pocos son los autores de los mismos que realizan un mínimo esfuerzo por identificar a los integrantes de este fenómeno social que, en buena parte de las citas a él -más virtuales que reales-, es presentado como antagonista de la clase política, ya transformada en casta.

Podríamos definir la sociedad civil como “el conjunto de sectores organizados de determinada sociedad“. Por ello, también puede ser entendida como la parte visible de la sociedad, pues su estructura organizativa y la realización de actividades públicas dan a conocer estos sectores al resto de la sociedad y a los medios de comunicación, que pueden hacerse eco, a su vez, de sus actuaciones para transmitirlas a la opinión pública.

A menudo, la sociedad civil es entendida como el conjunto de movimientos sociales y asociaciones ciudadanas que poseen un mayor grado de conciencia ciudadana, lo que, a su vez, supone una tendencia hacia la participación política, incluso orientada a la lucha partidista. Sin embargo, no podemos dejar de lado todo el rico tejido social que constituye a esa ciudadanía organizada, aunque sus fines no se dirijan hacia la participación política, sino hacia acciones con un fuerte componente cultural e identitatario (en cuanto formación de la personalidad individual y colectiva).

Es evidente, que dentro de la sociedad civil coexistirán los antes mencionados movimientos y lobbys sociales -más reivindicativos en la conquista de intereses grupales, que se pretenden generales-, con los sectores sociales que colaboran a favor de la extensión del bienestar social, así como con los generadores de cultura e identidad personal y comunitaria. Y ello es importante a la hora de definir una estructura que sea capaz de organizar y movilizar a la sociedad civil en conjunto, al objeto de constituirse -de una manera consciente y equilibrada- como contrapeso a las inercias endogámicas de las organizaciones partidarias, e intermediaria entre los partidos políticos y los poderes públicos.

En cuanto a su composición social y metas a alcanzar, se propone la siguiente subdivisión como base para el debate:

1) Sectores con perfil identitario:

a) Asociaciones culturales y artísticas.
b) Asociaciones festivas.
c) Clubs deportivos.
d) Parroquias y grupos religiosos…

2) Sectores con perfil participativo:

a) Asociaciones de vecinos.
b) Organizaciones juveniles.
c) Asociaciones de personas mayores.
d) Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPA).
e) Organizaciones de consumidores y usuarios.
f) Sindicatos.
g) Organizaciones empresariales.
h) Colegios profesionales.

i) Partidos políticos…

3) Sectores con perfil colaborativo:

a) Organizaciones No Gubernamentales (ONG).
b) Organizaciones No Lucrativas (ONL)…

A los efectos de estructurar el sector de la ciudadanía organizada y en movimiento, hay que destacar la relevancia que ha de tener el nivel municipal (con sus Consejos de Participación Ciudadana y otros canales de fomento de la actividad sociocultural), básico para la identificación concreta de los agentes sociales con capacidad de participación ciudadana e interlocución directa ante la Administración Pública, así como para colaborar en la elaboración del tejido social de ámbito autonómico que, finalmente, ha de converger en las cúspides estatal y europea.

Cómo puede concretarse la estructura de la sociedad civil y el funcionamiento de sus órganos de coordinación, ha de ser objeto de análisis sociológicos y meta de los órganos donde reside la soberanía popular.

También las personas individuales y concretas amparadas bajo el manto conceptual de #LaGente, debería colaborar en la definición y el establecimiento de las formas adecuadas para estructurar la sociedad civil, en el camino de conseguir la mayor participación posible de los ciudadanos en los foros políticos, allí donde se decide sobre su bienestar.

(Fotografía: Sociedad civil en movimiento, por la calles de Valencia).

 

Chivos expiatorios de la crisis

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El problema de España es que los peores de nosotros son los que llegan al poder.
El pueblo español es muy solidario, muy generoso, es inteligente, trabajador,
pero la política se ha desprestigiado hasta el punto de que los más torpes y manejables, aquellos que menos respetan el arte de conseguir que la gente viva bien,
son los que están en el poder
“.
BENJAMÍN PRADO (escritor). Levante-EMV, 27-4-14.

Abnegados servidores del sistema (no reconocen ninguna alternativa al mismo, ¿alguien ha propuesto una salida viable al capitalismo?), los políticos tomaron decisiones difíciles para salvar al sistema capitalista de la crisis económica de 2008. Al objeto de evitar el derrumbe del capitalismo, los dirigentes de los países afectados por la crisis -es decir, casi todos- inyectaron dinero público al sistema bancario para que no se hundiera completamente, pues eso -ya se sabe- significaría la erradicación del capitalismo, ya que se predica como principal característica del sistema financiero la de actuar como sistema circulatorio de la anatomía social. Y, si falla el sistema circulatorio en cualquier organismo, el pronóstico es bien fácil: la muerte.
Una vez reconvertida la deuda privada en deuda pública, a través de ese trasvase de recursos hacia el sistema financiero, se ha producido una disminución del nivel de vida de la clase media y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
Al tiempo, los agentes del capitalismo, con la inestimable colaboración del sistema mediático que ellos controlan, han lanzado una campaña masiva de desprestigio de la clase política. Una campaña que -¡cómo no!- ha calado en la opinión pública, de forma que los políticos se han convertido en el chivo expiatorio de todos los males habidos y por haber, en este periodo de profunda y extensa crisis económica.
El desprestigio de la clase política (ya convertida en casta) ha venido de la mano de los casos de corrupción (destapados, fundamentalmente, por los medios de comunicación) procedentes, en su mayoría, de operaciones irregulares y/o ilegales efectuadas en la época de bonanza, cuando la actividad económica (con la inmobiliaria a la cabeza) iba viento en popa a toda vela, el dinero corría alegremente de mano en mano (pública o privada) y era, por tanto, más fácil caer en la tentación de distraer recursos públicos hacia bolsillos privados y cajas de los partidos políticos con cuotas de poder.
Con la clase política maniatada por el incesante desfile de casos de corrupción, se producen los siguientes fenómenos socio-políticos:

1º. El pueblo (las personas que han sufrido en sus carnes los efectos nefastos de la crisis) ya tiene su particular chivo expiatorio de los desmanes sociales (lo que le exonera de cualquier responsabilidad individual o colectiva en la génesis y el desarrollo de la crisis. Evidentemente, las personas no son responsables de la crisis económica, sino sus víctimas. Aunque también deberíamos evitar caer en el populismo ramplón, de palabra (como el de la cita plasmada al inicio), acción u omisión, pues no podemos obviar que los representantes políticos son pueblo y han sido elegidos por el pueblo. Tampoco hemos de taparnos los ojos ante la verdad que esconde el dicho: “Dale un carguito si quieres conocer a fulanito
2º. La clase capitalista fortalece su posición hegemónica en la regulación del sistema, de manera que, ante las dificultades que presentan las empresas para sobrevivir a la crisis, se llevan a cabo reformas laborales que tienen como consecuencia la reducción drástica de derechos socio-laborales, la bajada de salarios y retribuciones de los funcionarios, la congelación de pensiones, así como el aumento del paro.

Como muestra, un espléndido botón:
En la portada del mes de enero de 2015 de la revista Actualidad Económica se lee: “Contra la corrupción, más mercado. Reducir el Estado y despolitizar la vida económica y social frenaría los comportamientos deshonestos”. La editorial dice:

“En contra del tan extendido dogma de que para acabar con la corrupción debemos otorgar al Estado mayores poderes que en la actualidad, el camino verdaderamente eficaz es el opuesto. La corrupción masiva solo puede darse allá donde el Estado detente un poder excesivo, que no le corresponde: si este requisito no se da, tampoco habrá espacio posible para la corrupción. Tan simple como eso”.

Es decir, que la corrupción solo afecta a políticos y funcionarios depravados (cuando en los casos de corrupción resulta imprescindible la presencia de algún empresario que ofrezca dádivas, o que reciba beneficios en forma de adjudicaciones de obras o servicios públicos), pues aunque se reconoce que

“La corrupción es una lacra que puede darse tanto en el ámbito público como en el privado […] la corrupción que se circunscribe al ámbito privado es un problema que solo afecta a las partes implicadas y que debe ser resuelto por ellas“.

Con lo que estamos dando por supuesto que las prácticas empresariales gozan de la presunción de honestidad, lo que está bien lejos de la realidad, pues de todos son conocidos las ententes, acuerdos y demás actos de negocios que atentan contra los intereses de los sacrificados consumidores que (ahí, sí) no cuenta con el respaldo de los poderes públicos, sujetos a la lógica de la economía de mercado y capitalista.
Para romper estas cadenas que parecen atenazar tanto a los políticos como al pueblo que le da sustento, es necesario llevar a cabo una renovación de planteamientos ideológicos y de reforma de los postulados políticos, que sea capaz de lograr los objetivos siguientes:

a) La realización de un análisis sereno, en sus formas, y radical, en su contenido, al objeto de estudiar las causas profundas de la crisis y las posibles alternativas para, a partir de sus efectos nocivos, elaborar las alternativas socio-económicas y políticas que conlleven el bienestar social y la disminución de las desigualdes sociales.
b) El establecimiento de un pacto entre la sociedad civil y los representantes políticos, que permita devolver la confianza al sistema representativo (democrático).

Para ello, sería imprescindible modificar la legislación electoral, más que alrededor de las consabidas propuestas sobre listas abiertas (un auténtico lío) y el sistema de primarias para elegir a los líderes de los partidos (demasiado ruido para tan pocas nueces), en el sentido de fijar el número de elegidos en proporción al número de votantes. Es decir, establecer unos mínimos y unos máximos para cada institución representativa y, de conformidad con la participación de los electores en cada elección, marcar el número total de representantes.
De esta manera, se devolvería la palabra al pueblo y, lo que es más importante, el sentido de responsabilidad en la toma de decisiones políticas.
[Hay una propuesta para la sociedad valenciana en http://wp.me/p4n4JW-74, del blog lavalenciavirtual.wordpress.com]
Y los políticos, con sus hechos, deberán buscar la motivación del electorado, pues el número de cargos políticos (remunerados) estará determinado por la participación electoral.
Con esto, ¿será posible que un nuevo panorama se abra ante un ciudadano más consciente de la realidad y, por ello, más responsable de sus acciones, y que la clase política, junto con los medios de comunicación, sean capaces de introducir en su hoja de ruta político-mediática, temas de mayor calado social?
(Ilustración: Graffiti en Parque de Marxalenes, Valencia)