Archivo de la etiqueta: Albert Rivera

#Democracia_Virtual_Ya (Acto III). Bipartidismo: “¡Hasta luego, Lucas!”

40836_antonio-ferreras-ana-pastor-8-aniversario-lasexta

(Los triunfadores de la Gala Electoral del 24-M. Fuente: http://www.formulatv.com)

Durante la larga noche de las urnas rotas en las elecciones del 24 de mayo, salía a la palestra catódica la crónica de los (malos) resultados obtenidos por el partido de Rita Barberá, en las municipales. Sin disimular el regocijo por la más que previsible pérdida del cargo de la eterna alcaldesa de Valencia, Antonio García Ferreras, conductor del programa Al Rojo Vivo de La Sexta, exclamó: “Rita, ¡hasta luego, Lucas!

Es de sobra conocido que en cualquier elección, todos los protagonistas encuetran un motivo que les permite manifestar su contento. Así, el Partido Popular —pese a la fuerte bajada en el número de votantes y a la previsible pérdida de sus más importantes bastiones autonómicos y municipales— pregonaba que había ganado a su contrincante principal —el PSOE— en el total de votos obtenidos en las elecciones municipales. El PSOE, a su vez, se consideraba más satisfecho todavía, en boca de su Secretario General, Pedro Sánchez, ya que, aunque había perdido votos, se le habría el camino para la plasmación de pactos postelectorales que le permitirían “alcanzar al PP”, es decir, arrebatarle buena cosa de alcaldías y presidencias de Comunidades Autónomas.

Pero ese positivismo, un tanto postizo, no era nada comparado con la inmensa felicidad mostrada ante las cámaras de televisión por Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de las dos nuevas formaciones que anuncian la buena nueva de traer el cambio a la anquilosada y renqueante política española —hegemonizada por la casta de políticos corruptos—, a fin de abrir una nueva era en el sistema político-constitucional español.

Sin embargo, ¿alguien duda de que los auténticos vencedores en estas elecciones se esconden detrás de los apellidos Ferreras, Pastor & Cia.? ¿Es cuestionable que las cabezas visibles de las potentes plataformas mediáticas han logrado su Objetivo?

Cuatro, Telecinco y La Sexta, fundamentalmente —antes, Intereconomía—, han catapultado al universo catódico a las figuras emergentes de los nuevos partidos que se proponen acabar con el bipartidismo: Podemos, en un principio, para debilitar al PSOE, Ciudadanos, recientemente, para comerle terreno al PP; de paso, los primeros han engullido a IU, y los otros a UPyD. Los mass media les han dado el protagonismo que para sí hubiesen querido partidos con mayor representación parlamentaria y municipal; les han aplicado masajes en forma de entrevistas amables, e invitado a tertulias en las que el debate giraba en torno a sus personas y formaciones políticas…

Esos medios han ido construyendo una especie de democracia virtual, hegemonizada por las tertulias y sustentada en encuestas demoscópicas que anuncian el cambio, en paralelo —y en detrimento— de la democracia real, aquella triste y aburrida pléyade de parlamentarios, concejales y alcaldes, elegidos en elecciones democráticas, de los que algunos renegaban bajo la consigna del “no nos representan” (Ahora, ¿”sí/no nos representan?).

En la sociedad de la (des)información y del espectáculo. En la sociedad de la transparencia y de la vida líquida. En la sociedad basada en la desconfianza de los ciudadanos hacia sus representantes políticos, los nuevos líderes han encontrado en los clásicos a los chivos expiatorios de todos sus males, los cuales, por otra parte, asisten impotentes a la fragmentación y debilitamiento de su poder, mientras se globalizan la información y la economía. En esta sociedad, son los medios de comunicación —en cuanto voceros de las fuerzas económicas hegemónicas — quienes controlan la hoja de ruta política, e iluminan o dan sombra a los líderes políticos.

Mientras, en España (¿solo en España?), la política se traslada de las instituciones y los parlamentos a los platós de televisión. Una España que vive una segunda Transición: aquélla que va desde la Democracia Real, hacia la Democracia Virtual. Sobre la base real de la precariedad socioeconómica extendida por la crisis económica y de la corrupción —que regresa desde el pasado, como los tuits indignos de Zapata & Cia.—, se inaugura un nuevo sistema que desea partidos débiles y cautivos de los medios de comunicación, en cuanto poderosos emporios empresariales que buscan el beneficio económico y, por lo tanto, la consolidación y crecimiento del sistema capitalista. Una nueva democracia protagonizada por líderes jóvenes, carismáticos, mediáticos, encumbrados a partir de su presencia en la brega de las tertulias televisivas.

Dado que, a corto plazo, es improbable que éstos logren asaltar la Moncloa (el cielo deseado), su misión utópica conecta con los intereses de los holdings de la comunicación. De esta manera, se moldean partidos dirigidos por líderes telegénicos  elegidos en primarias (fiestas de la democracia con auténtico sabor americano), y que prometen un sistema electoral de listas abiertas (demandado, dada su mayor complejidad, por los ciudadanos mejor informados). Además, esos sistemas electivos son los deseados por los medios de comunicación porque priman el personalismo y, en la sociedad de la información, se imponen.

En este entorno no hay mejor práctica política que aquella consistente en sustituir los aburridos discursos parlamentarios y las votaciones ya conocidas de antemano (no digamos de las comprometidas asistencias a reuniones y manifestaciones reivindicativas), por las tertulias televisivas que uno puede seguir cómodamente sentado en el sofá.

Productos políticos elaborados a la sombra de una crisis, provocada por el pinchazo de dos burbujas: la financiera y la inmobiliaria —con su correlato de corrupción—, Podemos y Ciudadanos, presentan las características de todo fenómeno inflacionario. Pues, así como los mercados inmobiliario y financiero se desarrollan paralelamente a la evolución de la economía real, para llegar a separarse drásticamente de la realidad socioeconómica —por movimientos especulativos—, hasta que se produce el pinchazo de la burbuja creada, los nuevos partidos —que han crecido al amparo de esa democracia virtual patrocinada por las grandes cadenas privadas de televisión—, pueden ver cortado su desarrollo cuando esos medios atiendan a otras necesidades políticas.

“¡Hasta luego, Lucas!”, exclamó Ferreras en la noche electoral. Tal vez, no era consciente de emitir un mensaje polisémico: “¡Adiós, líderes de una época superada por la corriente de la Historia!”. Pero también, “¡hasta pronto!”, tal vez, “hasta las próximas elecciones”, una vez sea pinchada convenientemente la presente burbuja político-mediática.

Anuncios

El ocaso de los líderes mediáticos

 

Los resultados electorales del 26J presentan un claro ascenso del PP del veterano Mariano Rajoy, y la pérdida de soporte electoral de las otras tres formaciones que le disputaban su candidatura a la Presidencia del Gobierno: Pedro Sánchez, del PSOE, que vuelve a obtener el peor resultado de la historia de su partido; Pablo Iglesias, de Podemos, que se estanca a pesar de la coalición con la Izquierda Unida de Alberto Garzón; y Albert Rivera, de Ciudadanos que pierde buena parte de los votos que le quitó al PP en las anteriores elecciones.

Estos jóvenes líderes forman parte de la nueva hornada de políticos de la denominada nueva política, caracterizada por el dominio de las técnicas del marketing político y la presencia continua ante las cámaras de la televisión.

Podemos observar en este nuevo paradigma político, que la selección de los líderes de los partidos políticos presenta las siguientes notas características y comunes:

a) Son personas con una buena presencia física.
b) Poseen habilidades en el terreno de la comunicación (saben comunicar, dominan el arte de la retórica)
c) La inmensa mayoría de ellos han empezado a ser conocidos por el público a través de su participación en programas televisivos, en su calidad de contertulios.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habían salido de la factoría de la TDT Party (Intereconomía, 13TV). Pablo Iglesias, Tania Sánchez y Cia., posteriormente, colonizaron el espacio político en Cuatro, Telecinco y La Sexta, al cual se integró, con pujanza, Albert Rivera, líder de Ciudadanos y, con menor intensidad, Pablo Casado, del PP.

De todos ellos, cabe destacar la presencia mediática de los líderes de Podemos. Nunca en la historia reciente de España, una formación extraparlamentaria había obtenido la repercusión mediática de Podemos y sus circunstancias. Como he expuesto en la entrada ‘El candado de la Transición’ (http://wp.me/p5yGMp-8), tal vez la sobreexposición televisiva de Pablo Iglesias se debía, en un principio, a una campaña de debilitamiento del PSOE emprendida por la TDT Party, así como el apoyo hacia Albert Rivera y Ciudadanos buscaba restar votos al PP.

Posteriormente, Mediaset y Atresmedia tomaron el relevo e incidieron en la promoción del fenómeno Podemos, dentro de un entramado político-empresarial en el que destacan los índices de audiencia conseguidos con la presencia de esos líderes, dentro de unos espacios televisivos cada vez más cercanos al color rosa de un ‘Salvemos‘ de luxe, en los que gente cuyo mayor mérito reside en ser -o haber sido- pareja de alguna persona famosa, consigue el Principado del Pueblo.

Por otra parte, en cuanto a los sistemas de selección de los líderes citados -excepción hecha de los pertenecientes al PP-, la preferencia se ha decantado a favor de celebración de primarias. En este procedimiento de selección de líderes destacamos estas nota características:

1) Se da más relevancia al carisma y a la imagen que al programa político (en algunos casos, inexistente, por fluctuante)
2) Los cuadros intermedios y la militancia de los partidos cede su protagonismo a los simpatizantes o a los futuribles votantes, en general.
3) De ello, se infieren organizaciones de tipo presidencialista, por el mayor peso del líder sobre la organización y el programa.
4) Mayor repercusión de estos procedimientos en los medios de comunicación, los cuales agradecen los duelos entre líderes e incluso pueden participar en los mismos, decantándose a favor de uno u otro de los candidatos.

Estos sistemas, importados de la democracia estadounidense, tienen una fuerte componente mediática y, por ello, ineluctablemente, son mediatizados por el entramado mediático. No en balde, los medios y sus profesionales se manifiestan ostensiblemente partidarios del procedimiento de primarias. Día tras día, lo hacen público en sus intervenciones en los múltiples programas de tertulias televisivas, donde establecen diálogos, disputas, en definitiva, relaciones con los posibles aspirantes a encabezar alguna opción partidaria para encabezar una candidatura.

Para lo medios, las primarias son más atractivas desde el punto de vista informativo que los procedimientos burocratizados de selección de líderes, ya que pueden generar debates y conflictos entre varios candidatos, y eso sí que es noticiable, no la normalidad (aunque sea aparente) de la selección burocrática. Además, en las primarias sobresale la política de imagen, lo que viene como anillo al dedo al ADN de la televisión.

No obstante, podemos constatar que la política de ascensión de dirigentes a los altares mediáticos (TV, principalmente) a través de las primarias, genera líderes mediático-dependientes que viven de su presencia en los medios de comunicación. De ahí que estos líderes pueden caer en las redes de intereses de los medios, lo que equivale a decir, en las garras de los dueños de dichos medios, que no son otra cosa que empresas privadas a la búsqueda del beneficio económico.

Todo ello permite a los mass media asegurarse que esos líderes servirán a sus intereses  (haciendo incrementar sus niveles de audiencia) y que circunscribirán su actuación a las preferencias políticas de aquellos, las cuales han de encajar dentro de los parámetros ideológicos y económicos del sistema capitalista, al que tanto sirven y tanto deben.

Probablemente, el contraste entre la gravedad de los hechos acaecidos en la Política Real (salida del Reino Unido de la Unión Europea, entre otros) y la frivolidad demostrada por la Política Virtual ante las cámaras de televisión, haya decantado el voto hacia el PP como partido conservador y responsable.

Mas, durante esta campaña electoral hemos asistido, entre otros hitos mediáticos, a la entrevista que Ana Pastor realizó a Pablo Iglesias en La Sexta, donde le puso en algún aprieto dialéctico, inesperado, por cuanto provenía de fuego amigo.

En definitiva (está pasando, lo estamos viendo), los medios de comunicación quitan y ponen Rey, en ayuda de su señor, que no es otro que Don Dinero, poderoso caballero.

.

Transición: del Big Bang al Big Crunch

IMG_4357
Nunca se quedó atrás nuestro
pasado:
tenaz, entre intervalos de
aparente olvido,
nos fue siguiendo los pasos, furtivo
como un ladrón detrás de los árboles

EDUARDO MITRE, Vitral del pasado

La Transición, con el momento culminante de la aprobación de la Constitución Española de 1978, supuso una explosión en el disfrute y desarrollo de las libertades públicas, de los derechos de los ciudadanos, y el despliegue del régimen autonómico.
Ese periodo, también coincidió (tal vez, ¿por simpatía?) con un gran desarrollo de la economía española. Y ya sabemos que, en épocas de bonanza, fluye el dinero fácil y, con él, los pelotazos y los casos de corrupción que, dada la lentitud ancestral de la Justicia española, están siendo revisados en la actualidad.
De esta manera, la crisis de finales de la primera década del siglo XXI, ha provocado la mirada crítica de muchos ciudadanos, así como, sobre todo, de los medios de comunicación, los cuales han sufrido especialmente los efectos de esa crisis y del crecimiento exponencial del tráfico informativo a través de las redes sociales, lo que ha llevado a las colas del paro a miles de periodistas, a causa de la reducción de plantillas o del cierre de empresas del sector.
Esta opinión pública —y publicada— ha centrado sus diatribas contra la clase política en conjunto (la casta), por los motivos siguientes:

-La mala gestión de los recursos públicos que, en casos extremos, puede derivar en corrupción.
-La falta de democracia en la organización y el funcionamiento de los partidos políticos, contra lo cual se propone la instauración del sistema de primarias para la elección de los máximos dirigentes de las organizaciones políticas.
-Los déficits democráticos y de representación existentes en el sistema electoral, proponiéndose las listas abiertas como solución.
-La prohibición de la presencia de personas imputadas en las listas electorales.

Dadas la lineas editoriales de los distintos medios de comunicación, así como la entrada en el escenario político de partidos de nuevo cuño, como UPyD y Ciudadanos, en un principio, y después con la irrupción meteórica de Podemos, que se plasma en la presencia cuasi-obsesiva en medios de comunicación afines a su ideología, y en los Parlamentos Europeo, Español y Autonómicos, así como en los principales Ayuntamientos de España, como consecuencia de las sucesivas elecciones de 2014, 2015 y 2016.
El fenómeno socio-político que representa Podemos, puede entenderse como la galvanización en dicha formación política (hasta hace bien poco, existente como movimiento social) de la ira ciudadana generada por:

-La recesión económica, el paro, y la consiguiente merma del nivel de vida.
-El estrechamiento de la clase media.
-Las rebajas en los derechos socio-laborales de la clase trabajadora (funcionarios incluidos).

Así, al substrato de descontento social por los efectos de la crisis, hay que sumar el regular e interminable riego por goteo de los casos de corrupción que, a través de un omnipotente Big Bang, nos trae la entropía de un remoto pasado que el lento funcionamiento de la Justicia convierte en presente incandescente. Además, no podemos obviar que, según las leyes de la Termodinámica, todo sistema, por eficiente que sea, genera su dosis de entropía, de energía no útil para el trabajo, de desechos, de desorden…
Por ello, toda la energía comunicacional y política desplegada contra el “régimen” instaurado desde la Transición (concepto, por cierto, acuñado por sectores de la derecha y del que se han adueñado los sectores “indignados“), lleva camino de provocar una gran implosión (Big Crunch) del sistema democrático español, que —para algunos agentes políticos de la izquierda— tendría como fin último la implantación de la III República, en cuanto reflejo dorado de la II República, derrumbada por Franco.
Podemos ha logrado catalizar esa energía negativa (destructora del sistema, anti-sistema) y ahora su líder Pablo Iglesias se dirige hacia el charco político en el que ha de contemplar su imagen, una imagen que deseaba remedar la figura clave en la Transición democrática española: la de un carismático Adolfo Suárez, aunque con barba y coleta, con mucha teoría y nula práctica en gestión pública. Es decir, con las características políticas contrarias al modelo original, que viene del pasado, de los entresijos del régimen franquista, cuando Pablo Iglesias proviene de la tradición ideológica del marxismo gramsciano.

Aunque esta metamorfosis no deja de ser virtual, no debemos pasar por alto que Pablemos ha llegado a identificar su proyecto político como transversal, no definido ni como organización de izquierdas o de derechas, y afirma no haber nacido para dar el poder al PSOE, sino para asumir el poder por él mismo. No obstante, quien mejor puede asumir el rol de Suárez (tanto por ideología como por fisonomía y voluntad de emulación) es otro líder carismático y emergente: Albert Rivera, de Ciutadans/Ciudadanos.
De esta manera, a quien desearía encarnar Iglesias en este proceso de “retorno al origen”, es al líder socialista Felipe González (eso sí, con las manos limpias de cal viva), el cual, con la ayuda inestimable de la socialdemocracia alemana, y después de desprenderse de la mochila ideológica del marxismo y propugnar “el cambio” en la vida política española, pudo llegar a habitar en La Moncloa.
Si Mariano Rajoy tira hacia Manuel Fraga (así es para buena parte de la opinión publicada y como deseo, bien confesado, por sus adversarios políticos), ya tenemos los protagonistas adecuados para protagonizar la denominada “Segunda Transición”, hacia quién sabe dónde…
Cabe esperar que la escena política española no mire hipnóticamente hacia el pasado, pues, a pesar de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, en los trayectos históricos inversos, al final, siempre acecha una dictadura.
(Ilustración: Graffiti en el Parque de Marxalenes, Valencia)

Abrir el candado de la Transición… y del Gobierno de España

IMG_4349
Muerto el Generalísimo, de una manera poco digna, el día 20 de noviembre de 1975, entre tubos y máquinas que alargaron artificialmente su agonía, dio comienzo el posfranquismo, una nueva etapa socio-política llena de incertidumbre y esperanza, a partes iguales.
Ruptura o transición pacífica, fueron las alternativas que se plantearon en ese momento histórico. Al final, se impuso el pacto entre los grupos políticos aperturistas, provinientes del antiguo régimen, y los partidos políticos de procedencia republicana que (mal)vivían, o bien en la clandestinidad impuesta por el régimen franquista (fundamentalmente, el PC), o bien en el exterior y en un prolongado letargo interior (PSOE, principalmente).
Del acuerdo sobre el procedimiento de acceso a la democracia, no sin problemas, dudas, impasses, tanteos y retractos, nació la vigente Constitución española de 1978. Su comisión redactora, constituida por los denominados “Siete Padres de la Patria” (entre ellos, no hay que olvidar, el catalán Miquel Roca i Junyent como miembro destacado), propuso un texto que fue aprobado en Cortes Constituyentes, para ser ratificada, finalmente, por amplia mayoría del pueblo español (catalanes incluidos; vascos, no) a través de la celebración del referéndum correspondiente.
Estado social y democrático de derecho, Monarquía Parlamentaria y Estado autonómico, son los ejes fundamentales sobre los que se ha basado un desarrollo de los derechos y libertades de los españoles, durante un periodo que se puede catalogar como el de mayor y más prolongada estabilidad político-social de la historia de España que —paralelamente al mismo, o como consecuencia de él—, vino acompañado de un profundo desarrollo económico y cultural.
Pero, la actual crisis económica parece haber hundido los pilares socioeconómicos y lleva camino de poner en cuestión los valores ideológicos imperantes durante la Transición y el posterior periodo constitucional, por los motivos siguientes:

-El incremento exponencial del paro, producido por el cierre y debilitamiento del sector empresarial
-El gran número de casos de corrupción político-empresarial (generados en periodos anteriores a la crisis, pero que son revisados ahora, dada la lentitud de la Justicia).
-Las acciones poco ejemplarizantes llevadas a cabo por personas que ostentan los poderes máximos del Estado, de las comunidades autónomas y de las entidades locales (incluida la Corona, símbolo del Estado).

Todo ello, ha provocado la emergencia de movimientos denominados “de indignación” —en referencia al célebre libro de Stéphane Hessel. Así, los movimientos del 15-M, las Mareas blancas, verdes…, se condensaron en la constitución del partido Podemos, con su líder carismático (¿por mediático?), Pablo Iglesias, el cual ha ido obteniendo éxitos notables en las elecciones europeas, autonómicas y locales, y generales.

En su día, Podemos apostó por “abrir (¿con ruptura?, ¿con la llave?) el candado de la Transición”, es decir, por pasar página al periodo constituyente y constitucional plasmado en la Constitución de 1978, y abrir un nuevo melón constituyente, capaz de regenerar la vida política, a través de dotar de transparencia al sistema para acabar con la corrupción, que se considera generalizada.
Al objeto de conseguirlo, se pusieron en marcha los siguientes resortes:

-Procedimientos partidarios proclives al asamblearismo y a permitir una mayor participación de los afiliados y simpatizantes —a través de las redes sociales, en buena parte—, ya que los políticos actuales —tildados como casta— “no nos representa(ba)n”.
-Una propuesta de relevo generacional, imprescindible para conseguir ese objetivo de regeneración política; fenómeno que ya se ha hecho realidad en una parte significativa de las instituciones del Estado, fundamentalmente, con la abdicación del Rey Juan Carlos I, en favor de su hijo Felipe VI, el relevo en la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez, y la entrada en la escena política del joven -aunque no bisoño- Albert Rivera, de Ciudadanos.

Esta aventura iniciada por los movimientos de la indignación —y cuando la estructura del Estado se ha visto debilitada por los efectos de la crisis—, también ha sido secundada por el movimiento soberanista catalán, a pesar de haber sido partícipe activo en el proceso de aprobación de la Constitución española, de la planta constitucional española —sistema autonómico incluido—, teniendo un peso determinante en la gobernanza del Estado, siempre a cambio de réditos en materia de recursos para Cataluña.
Así mismo —aunque de una manera más dubitativa—, el PSOE ha entrado en esta espiral de la indignación (de radicalización), en su intento de contrarrestar la pujanza de Podemos, que hace peligrar su puesto de partido hegemónico de la izquierda española y, por lo tanto, de seguir ostentando el papel de partido de la alternancia en el gobierno. Ciudadanos, por su parte, ha plantado la bandera de la lucha encarnizada contra la corrupción en su exiguo territorio y se niega a admitir en el mismo a sospechosos de la más mínima impureza política.

De momento, los logros de esa añorada Segunda Transición en España se circunscriben al debilitamiento del bipartidismo, y a la -que parece insalvable- dificultad para formar el Gobierno de España, tras dos intentos fallidos derivados de las elecciones del 20-D-15 y en la repetición del 26-J-16.

Esta nueva política -en la que predomina la miopía a la que conducen los intereses partidistas, la bisoñez de la mayoría de los líderes políticos, y la política de mercadotecnia-, en lugar de llevarnos hacia una Segunda Transición, parece que nos dirige hacia un impasse peligroso, dados los retos que debe afrontar el Gobierno de España: salida de la crisis económica, nueva planta constitucional y autonómica, “brexit”…

En fin… a ver quien es el guapo que abre este candado.

(Ilustración: Graffiti de DEIH en el parque de Marxalenes, Valencia)