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Una democracia virtual y ‘trumposa’

En esta época que nos ha tocado vivir constatamos fenómenos políticos y mediáticos como los encarnados en  Silvio Berlusconi, primero, y  Donald Trump, últimamente. Son personas carismáticas procedentes del mundo empresarial y con una fuerte presencia en los medios de comunicación, tanto en lo que respecta a su propiedad como en lo referente a la presencia en los mismos. Con ello, y  transmitiendo mensajes que masajean los oídos de la gente -más o menos indignada con la clase política tradicional-, han conseguido el máximo poder político en sus países.

Paradójicamente, estos magnates (conservadores) de la empresa y la política internacional han  acabado unidos, por los rayos catódicos, a otros líderes mediáticos, por ejemplo, a los del partido de los indignados españoles (¿de izquierdas?, ¿socialdemócratas?, ¿de los de abajo?, ¿transversales?), es decir, Podemos.

Ante estos fenómenos de la vida política y mediática, hemos de preguntarnos: ¿Estamos asistiendo a la construcción de una realidad político-mediática virtual, o de política-plasma, alternativa al sistema político actual?

Porque, inmersos como estamos en la sociedad de la información, los líderes políticos que saben utilizar los resortes que dirigen aquella (radio, televisión y redes sociales) consiguen los objetivos que se proponen, desde una fuerte presencia institucional hasta la obtención de la presidencia de gobiernos de países importantes. De esta manera, Berlusconi consiguió ser Presidente de Italia, como ahora Trump ha logrado la Presidencia de los Estados Unidos. Del mismo modo, no se puede entender la emergencia en el ámbito político español de Podemos, si no tenemos en cuenta la omnipresencia de dicho partido en los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión.

En este sentido, y centrándonos en la realidad española, parece que  los principales medios de comunicación privados y determinadas fuerzas políticas emergentes, entre las cuales destaca Podemos, están enfrascados en la consolidación de una realidad virtual paralela a la de la política real, aquella que se despliega en el Congreso y el Senado, además de en los distintos parlamentos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones provinciales, sedes de los partidos políticos, etc. Se trata de un fenómeno hermano del que representa la economía virtual (o especulativa), respecto de la economía real, y que tantos quebraderos de cabeza está causando a la clase política y, principalmente, al ciudadano de a pie (buena parte de los economistas consideran a la crisis financiera como causa detonante de la crisis económica actual).

Tanto la una (la economía virtual), como la otra (la política virtual) funcionan con un mecanismo propio generador de burbujas (fuertes expansiones que las alejan de los parámetros reales) que, cuando alcanzan determinados niveles de saturación, se pinchan. En ese preciso instante, los signos de la realidad se imponen y se destruyen los castillos de naipes con los que se ha jugado la partida de la realidad virtual.

También es común a las virtualidades económicas y políticas el fenómeno de expansión por contagio viral: transmisión exponencial de los datos a través de los sistemas de información dominados por el Big Data y las redes sociales.

Mas, en la realidad virtual política, se ha llevado el Gato el Agua la nueva generación de políticos que provienen, en buena parte, del colectivo de los  indignados, pronto convertidos en casta-plasma, por mor de su omnipresencia en los  medios de comunicación de titularidad privada y, de rebote, por contagio viral, en los mass media públicos. Así puede explicarse que, antes de la fundación de Podemos, su futuro líder  Pablo Iglesias  ya actuara como auténtico  superstar en los principales canales de televisión privada. Después se produjo la presencia mediática de otros líderes de su movimiento como  Tania Sánchez, para a continuación -con la creación de Podemos como partido político- intensificar la visualización de esta organización recién nacida.

Ello ayuda a explicar el crecimiento exponencial de esta fuerza política, a partir del logro de cinco representantes elegidos por el pueblo en la elecciones al Parlamento Europeo de 2014 (conseguidos, por cierto, con un programa que prometía el oro y el moro, como la jubilación a los 60 años, y que acarició los oídos de 1.250.000 votantes españoles, sensibles a los efectos nefastos de la crisis e inclinados a señalar como culpables de la misma a la clase política real, ahora transformada en “casta”).

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Y, en este nuevo terreno de juego virtual, las apariciones televisivas y las encuestas (con datos de lo mas variado y fluctuante; como hechas a medida) pretenden sustituir a las urnas, esas cajas transparentes con ranura en su parte superior, en las que se recoge el voto secreto que ha de elegir a las personas que “SÍ nos representan” en las instituciones donde reside la soberanía nacional y la voluntad del cuerpo electoral.

No debe extrañarnos que el fenómeno de la política virtual prolifere en esta  sociedad del espectáculo que nos ha tocado vivir, donde predominan las actitudes infantiloides de buena parte de la ciudadanía -que tan solo anhela la diversión y el entretenimiento-, como causa o efecto, entre otras cosas, de que los niños se han convertido en los “Reyes de la casa”.

Pues, a pesar de que parece existir una gran efervescencia social y política, esta sociedad manifiesta una gran carencia de sentido de responsabilidad respecto de la marcha de la sociedad y de compromiso político, sindical y civil; en realidad son colectivos bastante reducidos en número los que bajan a la arena político-social. La calle, siempre es una inmensa minoría respecto de la gente, aunque los dueños de aquella, a menudo, se erigen en representantes de esta, y  los medios de comunicación se manifiestan como la caja de resonancia de ese ruido social. El resto de la población se limita a ver los programas televisivos donde se representan las contiendas políticas en forma de debates y tertulias -si puede ser- bien subidas de tono, pero en las que  la sangre nunca llega al río.

Al final,  el máximo esfuerzo realizado por la gran mayoría de los ciudadanos en materia política, consiste en dirigir el dedo acusador contra la casta (apacible chivo expiatorio en el que se concentran todos los males y todas las culpas), dar pábulo a sus desmanes (casos de corrupción realizados por algunos de sus representantes durante la época de bonanza económica), en los círculos de amistad y de trabajo, así como en las redes sociales. Y contar chistes, muchos chistes; y transmitir muchos  memes en las redes sociales, en los que las víctimas de la chanza son aquéllos que “SÍ nos representan” (como mínimo, hasta que dejen de representarnos, si así lo decidimos las personas que depositamos una papeleta en una caja transparente, con ranura en su parte superior, y que damos en llamar “urna”).

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El ocaso de los líderes mediáticos

 

Los resultados electorales del 26J presentan un claro ascenso del PP del veterano Mariano Rajoy, y la pérdida de soporte electoral de las otras tres formaciones que le disputaban su candidatura a la Presidencia del Gobierno: Pedro Sánchez, del PSOE, que vuelve a obtener el peor resultado de la historia de su partido; Pablo Iglesias, de Podemos, que se estanca a pesar de la coalición con la Izquierda Unida de Alberto Garzón; y Albert Rivera, de Ciudadanos que pierde buena parte de los votos que le quitó al PP en las anteriores elecciones.

Estos jóvenes líderes forman parte de la nueva hornada de políticos de la denominada nueva política, caracterizada por el dominio de las técnicas del marketing político y la presencia continua ante las cámaras de la televisión.

Podemos observar en este nuevo paradigma político, que la selección de los líderes de los partidos políticos presenta las siguientes notas características y comunes:

a) Son personas con una buena presencia física.
b) Poseen habilidades en el terreno de la comunicación (saben comunicar, dominan el arte de la retórica)
c) La inmensa mayoría de ellos han empezado a ser conocidos por el público a través de su participación en programas televisivos, en su calidad de contertulios.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habían salido de la factoría de la TDT Party (Intereconomía, 13TV). Pablo Iglesias, Tania Sánchez y Cia., posteriormente, colonizaron el espacio político en Cuatro, Telecinco y La Sexta, al cual se integró, con pujanza, Albert Rivera, líder de Ciudadanos y, con menor intensidad, Pablo Casado, del PP.

De todos ellos, cabe destacar la presencia mediática de los líderes de Podemos. Nunca en la historia reciente de España, una formación extraparlamentaria había obtenido la repercusión mediática de Podemos y sus circunstancias. Como he expuesto en la entrada ‘El candado de la Transición’ (http://wp.me/p5yGMp-8), tal vez la sobreexposición televisiva de Pablo Iglesias se debía, en un principio, a una campaña de debilitamiento del PSOE emprendida por la TDT Party, así como el apoyo hacia Albert Rivera y Ciudadanos buscaba restar votos al PP.

Posteriormente, Mediaset y Atresmedia tomaron el relevo e incidieron en la promoción del fenómeno Podemos, dentro de un entramado político-empresarial en el que destacan los índices de audiencia conseguidos con la presencia de esos líderes, dentro de unos espacios televisivos cada vez más cercanos al color rosa de un ‘Salvemos‘ de luxe, en los que gente cuyo mayor mérito reside en ser -o haber sido- pareja de alguna persona famosa, consigue el Principado del Pueblo.

Por otra parte, en cuanto a los sistemas de selección de los líderes citados -excepción hecha de los pertenecientes al PP-, la preferencia se ha decantado a favor de celebración de primarias. En este procedimiento de selección de líderes destacamos estas nota características:

1) Se da más relevancia al carisma y a la imagen que al programa político (en algunos casos, inexistente, por fluctuante)
2) Los cuadros intermedios y la militancia de los partidos cede su protagonismo a los simpatizantes o a los futuribles votantes, en general.
3) De ello, se infieren organizaciones de tipo presidencialista, por el mayor peso del líder sobre la organización y el programa.
4) Mayor repercusión de estos procedimientos en los medios de comunicación, los cuales agradecen los duelos entre líderes e incluso pueden participar en los mismos, decantándose a favor de uno u otro de los candidatos.

Estos sistemas, importados de la democracia estadounidense, tienen una fuerte componente mediática y, por ello, ineluctablemente, son mediatizados por el entramado mediático. No en balde, los medios y sus profesionales se manifiestan ostensiblemente partidarios del procedimiento de primarias. Día tras día, lo hacen público en sus intervenciones en los múltiples programas de tertulias televisivas, donde establecen diálogos, disputas, en definitiva, relaciones con los posibles aspirantes a encabezar alguna opción partidaria para encabezar una candidatura.

Para lo medios, las primarias son más atractivas desde el punto de vista informativo que los procedimientos burocratizados de selección de líderes, ya que pueden generar debates y conflictos entre varios candidatos, y eso sí que es noticiable, no la normalidad (aunque sea aparente) de la selección burocrática. Además, en las primarias sobresale la política de imagen, lo que viene como anillo al dedo al ADN de la televisión.

No obstante, podemos constatar que la política de ascensión de dirigentes a los altares mediáticos (TV, principalmente) a través de las primarias, genera líderes mediático-dependientes que viven de su presencia en los medios de comunicación. De ahí que estos líderes pueden caer en las redes de intereses de los medios, lo que equivale a decir, en las garras de los dueños de dichos medios, que no son otra cosa que empresas privadas a la búsqueda del beneficio económico.

Todo ello permite a los mass media asegurarse que esos líderes servirán a sus intereses  (haciendo incrementar sus niveles de audiencia) y que circunscribirán su actuación a las preferencias políticas de aquellos, las cuales han de encajar dentro de los parámetros ideológicos y económicos del sistema capitalista, al que tanto sirven y tanto deben.

Probablemente, el contraste entre la gravedad de los hechos acaecidos en la Política Real (salida del Reino Unido de la Unión Europea, entre otros) y la frivolidad demostrada por la Política Virtual ante las cámaras de televisión, haya decantado el voto hacia el PP como partido conservador y responsable.

Mas, durante esta campaña electoral hemos asistido, entre otros hitos mediáticos, a la entrevista que Ana Pastor realizó a Pablo Iglesias en La Sexta, donde le puso en algún aprieto dialéctico, inesperado, por cuanto provenía de fuego amigo.

En definitiva (está pasando, lo estamos viendo), los medios de comunicación quitan y ponen Rey, en ayuda de su señor, que no es otro que Don Dinero, poderoso caballero.

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