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Pedro Sánchez. Un cadáver (político) exquisito

 

Si el  PSOE hubiese seguido la lógica plasmada en las dimisiones de  Joaquín Almunia y de Rubalcaba, cuando obtuvieron unos pésimos resultados electorales, Pedro Sánchez no habría asistido, como secretario general, al Comité Federal del día 1 de octubre de 2016 que le obligó a dimitir. En las elecciones del 20-D obtuvo los peores resultados de la historia del PSOE, que fueron superados por los aún peores resultados del 26-J. Por lo tanto, Pedro Sánchez ya debería ser un cadáver político; si se prefiere, un cadáver político exquisito. Pero no, ahí sigue erre que erre plantando cara al aparato y a los barones del PSOE, dentro del proceso de primarias abierto (en canal) por dicho partido.

‘Cadáver exquisito’ es una técnica por medio de la cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito o  cadavre exquis  en francés. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado “consecuencias” en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración.

El cadáver exquisito se juega entre un grupo de personas que escriben o dibujan una composición en secuencia. Cada persona sólo puede ver el final de lo que escribió el jugador anterior. El nombre se deriva de una frase que surgió cuando fue jugado por primera vez en francés: « Le cadavre – exquis – boira – le vin – nouveau » (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo).

Para algunos un cadáver exquisito tiene la facultad de revelar la realidad inconsciente del grupo que lo ha creado, en concreto los aspectos no verbalizados de la angustia y el deseo de sus miembros, en relación con las dinámicas de posicionamiento afectivo dentro del mismo.  (www.elvisortaller.com)

 Las dinámicas políticas que han conducido a la emergencia en la escena publica del ‘cadáver exquisito’ que nos (pre)ocupa, comienzan con los restos ideológicos de R. Zapatero adaptadas a la nueva situación que se abre en la política española con la aparición de Podemos y de CiudadanosLas consecuencias del proceder de este fenómeno fueron tres negativas:

NO a facilitar el gobierno del partido que ha ganado las elecciones (el PP).

NO a aportar ninguna alternativa política al partido ganador, salvo invitarle, como partido ganador de las dos últimas elecciones, a que negociara la investidura de su candidato a presidente del gobierno con los partidos afines (se entiende que estos son el PNV, la exCDC y Coalición Canaria, además de Ciudadanos), de manera que si los populares lo intentaban generarían la coartada perfecta para que el pétreo Sánchez pudiera intentar ser presidente con la complicidad de Podemos y los partidos nacionalistas e independentistas (las malas lenguas dicen que ese pacto ya estaba avanzado, mediante la intercesión del PSC ante las fuerzas soberanistas catalanas).

NO a convocar al electorado español a las terceras elecciones en un año.

Evidentemente, alguna las tres negaciones eran de imposible cumplimiento en su conjunto, por lo que ante la fuerza de los argumentos para no posibilitar el gobierno de  Mariano Rajoy, y la no verbalización de una alternativa al mismo, se vislumbraba un panorama de lo más surrealista que tenía como horizonte unas elecciones generales como regalo de Navidad. El Comité Federal del PSOE del día 23 de octubre de 2016 ha despejado las dudas al respecto, con el acuerdo que obliga al grupo parlamentario socialista a abstenerse en la votación para investidura de Rajoy, y permitir con ello el gobierno del PP.

Los posibles motivos que habían llevado a Pedro Sánchez a no dimitir, a establecer su hoja de ruta, a bloquear la formación del gobierno por el partido que había ganado las elecciones (fenómeno que ocurría por primera vez en la historia de la democracia española) y, últimamente, a presentar su candidatura en las primarias que han de elegir al secretario general del PSOE, son los siguientes:

Interés personal en la supervivencia política del propio Sánchez, y de su camarilla dirigente. Es decir, seguir  vivito y coleando a pesar de los pésimos y reiterados resultados electorales.

Lucha por la supremacía del ámbito de las izquierdas, ya que buena parte del electorado de la izquierda clásica ha sido seducida por los cantos de las sirenas soberanistas y indignadas, inspirados en las desgracias personales y sociales provocadas por la grave crisis económica. El incremento de votos significativo de la izquierda republicana y soberanista catalana (a costa de la derecha del acólito  Mas) y, sobre todo, la irrupción punzante de Podemos, Pablo Iglesias en plan superstar, han provocado un fuerte sacudida en el PSOE (y PSC), y la fagotización de IU.

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Graffiti por el Parque de Marxalenes, Valencia

Max Ernst observó que el juego del cadáver exquisito funciona como un ‘barómetro’ de los contagios intelectuales dentro de un círculo de creadores. Aplicado a la situación política actual, vemos que los nuevos actores políticos -para reafirmarse en sus posicionamientos- diseñan sus argumentos para tratar de seducir a una sociedad desquiciada por los efectos de la crisis, la corrupción, y la espectacularización mediática de estos fenómenos, así como del debate político:

  • En primer lugar, se condenan los estragos sociales causados por la crisis económica.
  • Después se rasgan las vestiduras por los casos de corrupción que se generaron, en su mayoría, en la época de bonanza económica, lo que sirve de coartada para crear un cordón sanitario alrededor del PP, en cuanto se le considera como el partido corrupto por antonomasia, pasando por alto la corrupción generada en Andalucía por el PSOE, y en Cataluña por los exconvergentes de Jordi Pujol y Artur Mas, a quien el PSC facilitó el gobierno con su abstención.
  • Finalmente se remata el discurso con la voluntad inquebrantable de conseguir mayores cotas de bienestar social

Sin embargo, si rascamos más allá de la superficie en la que se inscriben las palabras de los políticos, observamos que cada uno (sobretodo si ese uno no ha ganado las elecciones y ha obtenido, sucesivamente, los peores resultados de su partido en la presente era constitucional) no hace más que jugar sus cartas con el objeto de obtener a toda costa la Presidencia del Gobierno de España, y de mantener el poder en el seno de su partido; pues el campo de juego determinado por el sistema capitalista (que nadie cuestiona) deja escaso margen de maniobra para que las diferentes formaciones políticas presenten alternativas socioeconómicas cualitativamente dispares.

Y, con demasiado facilidad, se olvida que son las urnas las que otorgan la legitimidad para ostentar el poder.

Izquierda, izquierda; derecha, derecha… 1, 2… 3

Con motivo de los movimientos tácticos ante el procedimiento para la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno de España, hemos asistido, entre otros, al posicionamiento del PSOE, que durante el mandato de Pedro Sánchez se ha regido por los siguientes principios:

-El PSOE, que es un partido de izquierdas, no puede facilitar un gobierno de derechas.

-Como partido de derechas, el PP es antagonista politico del PSOE, por lo que ha de buscar sus apoyos en sus afines ideológicos (los partidos de derechas).

-Hay que evitar unas nuevas elecciones…

Respecto del segundo punto, aunque no se explicite, los presuntos partidos de derechas serían Ciudadanos, Coalición Canaria y PNV, por una parte, más la exConvergència, al otro lado de la frontera de un país virtual que desea independizarse de España (¿a fin, por tanto?). No deja de sorprendernos que precisamente Ciudadanos y Coalición Canaria votaron favorablemente la investidura virtual (por fallida) de Pedro Sánchez, y con el PNV el PSOE ha cogobernado largos periodos en Euskadi; además los nacionalistas vascos han animado a los socialistas a formar un gobierno de izquierdas PSOE-Podemos. ¿Afines, por tanto?, ¿de quien/es?

En cuanto al encuadramiento ideológico en el campo de la izquierda, traemos a colación la esclarecedora opinión de una persona que proviene de dicho ámbito, el ideólogo de Podemos Manolo Monereo (ahora impulsor del eje arriba/abajo), el cual afirmaba en Público.es que:

El eje izquierda/derecha existe en la realidad como dispositivo ideológico, pero se afirmaba y se sigue afirmando sabiendo que ya no representa la centralidad de la vida pública“.

Cuando se habla de izquierda para referirse a la socialdemocracia, no es otra cosa que propaganda y falsa conciencia. No hay nada más que observar lo que hacen Renzi, Hollande, la socialdemocracia alemana o el laborismo británico. La socialdemocracia sólo parece de izquierdas cuando está en la oposición”.

Se podría decir que el PSOE es el partido ‘orgánico’ del régimen. Hasta ahora es el que mejor ha sabido representarlo, el que mejor ha defendido los intereses del capital en su conjunto y el que mejor ha defendido a la monarquía parlamentaria. Su capacidad de obtener el consentimiento de las clases trabajadoras y de las capas populares ha sido muy alta y, a veces, altísima. Lo fue en la etapa de González y en la de Zapatero. Sólo las crisis recurrentes del capitalismo europeo y español pudieron quebrar sus bases sociales y políticas de legitimación”.

Lo ejemplos son múltiples:

-Bajo la presidencia de Felipe González, España entró en la OTAN, se instauraron los denominados “contratos basura”…

-El presidente Zapatero aprobó la reforma, exigida por la UE, del art. 135 de la Constitución (con la ayuda del PP), congeló las pensiones, rebajó el sueldo a los funcionarios públicos…

Aunque en Grecia, los afines ideológicos del Podemos de Monereo (Syriza, de Alexis Tsipras) no se han quedado atrás en la asunción de reformas impuestas por la Troika europea:

-Recorte del 30% de las pensiones.

-Rebajas de los salarios de los funcionarios.

-Subida de impuestos.

-Venta de patrimonio público estatal…

Esto es así porque, desde que fue aniquilado el sistema comunista en todo el mundo (con el permiso del híbrido político-económico chino, y de Cuba y Corea del Norte), impera el monopolio estructural del capitalismo. Una vez expulsadas de la realidad las fuerzas sociales antagónicas, las luchas partidistas para conseguir el poder local, quedan reducidas a la venta de imágenes atractivas para el electorado, sin proponerse la presentación de un balance de actuaciones y conquistas políticas concretas.

Al tiempo, las disputas partidistas pueden alcanzar unos grados muy elevados de violencia verbal, como reminiscencia política de la amortiguada lucha de clases, y de los conflictos concretos que ya forman parte del relato histórico (pongamos que hablo de la Guerra Civil española), aunque siempre revisitado (revisado) en cada uno de los sucesivos y complejos presentes.

Si “Ser de derechas” significa ocupar un espacio ideológico concreto: equivale a “ser conservador”, o sea, apostar por la conservación de las tradiciones y del sistema actual, el capitalismo, ¿qué significa “ser de izquierdas”? Tal vez:

-¿Contribuir a la redacción de las notas al margen en el manual de instrucciones para el mejor funcionamiento del sistema capitalista?

-¿Ser coautor de las Constituciones que recogen los derechos sociales al lado de los principios de libertad y economía de mercado, que ya rigen los destinos de los países avanzados, estén gobernados por partidos de derechas o de izquierdas?

-¿Actuar como mosca cojonera y ceniza (en las dos acepciones del término) que distrae a los agentes económicos y políticos del capitalismo en el desarrollo de sus funciones?

-¿Una forma, como cualquier otra, de marcar el territorio de la batalla partidista y dialéctica para conquistar el poder?

Pues bien, este dispositivo ideológico sustentado en el eje izquierda/derecha funciona la mar de bien en España, aunque sea para (des)bloquear la elección del presidente del gobierno. Tanto es así que hasta partidos con tintes nacionalistas, como Compromís, se alinean bajo estas coordenadas ideológicas (a pesar de quebrar los ejes para dar cabida al izquierdista Ciudadanos, el partido más centralista del Parlamento español), sin plantearse una postura negociadora para solventar de una puñetera vez -y de verdad- los graves problemas y las injusticias que sufre históricamente el pueblo valenciano:

Infrafinanciación (no podemos olvidar que el actual, e injusto, sistema de financiación autonómica fue obra del gobierno del socialista Zapatero).

Escasez de agua (¿cuánto tardó el ínclito Zapatero en derogar el trasvase del Ebro?)

Insuficiente inversión estatal en infraestructuras, Corredor Mediterráneo (ordenación centralista, radial, histórica, del territorio español).

Erradicación del Derecho Civil Foral (único territorio de la Corona de Aragón que no lo recuperó)…

El último sondeo del CIS indicaba que, caso de haberse celebrado unas terceras elecciones, el mapa político quedaría prácticamente clavado al actual, aunque la guerra desatada en el seno del PSOE pudiera favorecer al PP.

No obstante, pase lo que pase, para algunos la vida sigue igual… con el baile (político) de la yenka: “Izquierda, izquierda; derecha, derecha”… Podemos divertirnos. Nivel!

(Foto: Celebración del festival hindú ‘Yadnya Kasada’, en Java. FULLY HANDOKO / EFE)

 

¿Qué ha sido de Junts pel Seny?

No, no crean, Carles Puigdemont no tira la toalla como Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, así como así...

Pues, cuando se produjo la negativa inicial de la CUP para aprobar los presupuestos generales presentados por el Govern de Junts pel Sí, Puigdemont declaró que si hubiese conocido tal desaire con antelación no se habría postulado como President, al tiempo que anunciaba su sometimiento a una cuestión de confianza. Finalmente, se tiró al monte con la guitarra a cuestas, y subió al escenario para acompañar a los rockeros de Sopa de Cabra

Es como si el viento huracanado que trajo la crisis económica, junto con el aroma fétido de la trama corrupta del 3%, y demás, hubiesen conseguido que el seny, tradicionalmente asignado a la sociedad catalana en conjunto y, particularmente a su clase política, se transforme en la rauxa, el otro estado mental imputado, puntualmente, al carácter catalán

Con motivo de la crisis, la clase política catalanista ha querido traspasar los efectos nocivos de aquella al poder central (y centralista), especialmente al PP como partido que representa la unidad de España, que presentó (junto con el Defensor del Pueblo, entre otros) recurso contra el Estatut, y contra el cual se levantó el muro de silencio obra del Pacte del Tinell, convertido en línea roja por el exsecretario general del PSOE Pedro Sánchez, durante el periodo estéril para la elección de presidente del Gobierno de España, bajo el lema “No es no, ¿qué parte del no, no ha entendido Rajoy?Sin embargo, el eslogan de su campaña electoral viró hacia un “Sí”, rotundo a más no poder.
El volumen de las voces soberanistas subió de tono cuando se destaparon las tramas de corrupción, que señalaban al partido que ha gobernado Cataluña durante más de treinta años, como una de las mayores castas extractivas de la política europea, con el exHonorable Jordi Pujol al frente, junto con su familia numerosísima.
Con todo ello, Cataluña  ha sufrido una ruptura en su cuerpo social de difícil cauterización. Sin poseer ni la mayoría cualificada para reformar el Estatut, ni la mayoría de votos como para ganar las elecciones plebiscitarias, que organizaron bajo la etíqueta de Junts pel Sí, las fuerzas catalanistas neoindependentistas proclamaron la República Catalana, dentro de la XI legislatura (?). Y, para hacer realidad sus ilusiones, buscaron desesperadamente el apoyo de la CUP, una formación anti-capitalista y anti-española, que no pega ni con cola con el partido conservador y reformista de-toda-la-vida de Mas-Pujol (+ Puigdemont), y que ahora saca a la luz todas las vergüenzas y debilidades del catalanismo exmoderado.
Además de lograr ‘dividir el país en dos’, la extinta Convergència Democràtica de Catalunya de Pujol-Mas-Puigdemont ha conseguido destruir la eterna coalición con la Unió Democràtica de Catalunya de Duran i Lleida, y una pérdida notable y progresiva de su apoyo electoral, motivo por el que ha terminado en brazos de la ERC de Oriol Junqueras, primero, y en los de la CUP, últimamente.
¿Aún es posible que alguien, de entre las fuerzas soberanistas, sea capaz de poner el seny necesario para frenar la rauxa que divide a los catalanes en dos mitades, que puede iniciar la espiral de la desobediencia entre cada una de las dos mitades de la sociedad catalana, que provoca una gran distorsión en el sistema constitucional español, y que causa desasosiego entre los diferentes pueblos que integrados en él?.

Qué tiempos aquellos en los que  los líderes catalanistas participaban decisivamente en la construcción de la España constitucional (Miquel Roca fue padre de la Constitución y los catalanes la votaron favorablemente con una mayoría aplastante), en la confección de Gobiernos de España (tanto del PSOE como del PP), así como en el diseño del sistema de financiación autonómica vigente (propuesto por el expresidente Zapatero y consensuado con el Govern, y ahora denunciado, justamente, por injusto). Ello, facilitó la consolidación del régimen democrático en España, al tiempo que sirvió para que Cataluña obtuviera beneficios en cuanto a la profundización de su autonomía y a la obtención de recursos destinados a su territorio.

Para cuando se dé por finiquitado el procés, con nuevos interlocutores, tanto de la clase política catalana constitucionalista, como del resto de Comunidades Autónomas, existirá una tarea pendiente y urgente que realizar: la nueva aprobación de un sistema de financiación autonómica que sea justo y que garantice el Estado del Bienestar para todos.

En cuanto a lo demás, así como hay una disposición adicional primera de la Constitución, que mira al pasado (hacia los “derechos históricos de los territorios forales”, también puede existir una disposición adicional quinta (junto con las disposiciones transitorias que correspondan), que mire al futuro, a la realidad nacional de una Cataluña que renueva sus vínculos con una España plural, justa y solidaria.

#Democracia_Virtual_Ya (Acto III). Bipartidismo: “¡Hasta luego, Lucas!”

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(Los triunfadores de la Gala Electoral del 24-M. Fuente: http://www.formulatv.com)

Durante la larga noche de las urnas rotas en las elecciones del 24 de mayo, salía a la palestra catódica la crónica de los (malos) resultados obtenidos por el partido de Rita Barberá, en las municipales. Sin disimular el regocijo por la más que previsible pérdida del cargo de la eterna alcaldesa de Valencia, Antonio García Ferreras, conductor del programa Al Rojo Vivo de La Sexta, exclamó: “Rita, ¡hasta luego, Lucas!

Es de sobra conocido que en cualquier elección, todos los protagonistas encuetran un motivo que les permite manifestar su contento. Así, el Partido Popular —pese a la fuerte bajada en el número de votantes y a la previsible pérdida de sus más importantes bastiones autonómicos y municipales— pregonaba que había ganado a su contrincante principal —el PSOE— en el total de votos obtenidos en las elecciones municipales. El PSOE, a su vez, se consideraba más satisfecho todavía, en boca de su Secretario General, Pedro Sánchez, ya que, aunque había perdido votos, se le habría el camino para la plasmación de pactos postelectorales que le permitirían “alcanzar al PP”, es decir, arrebatarle buena cosa de alcaldías y presidencias de Comunidades Autónomas.

Pero ese positivismo, un tanto postizo, no era nada comparado con la inmensa felicidad mostrada ante las cámaras de televisión por Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de las dos nuevas formaciones que anuncian la buena nueva de traer el cambio a la anquilosada y renqueante política española —hegemonizada por la casta de políticos corruptos—, a fin de abrir una nueva era en el sistema político-constitucional español.

Sin embargo, ¿alguien duda de que los auténticos vencedores en estas elecciones se esconden detrás de los apellidos Ferreras, Pastor & Cia.? ¿Es cuestionable que las cabezas visibles de las potentes plataformas mediáticas han logrado su Objetivo?

Cuatro, Telecinco y La Sexta, fundamentalmente —antes, Intereconomía—, han catapultado al universo catódico a las figuras emergentes de los nuevos partidos que se proponen acabar con el bipartidismo: Podemos, en un principio, para debilitar al PSOE, Ciudadanos, recientemente, para comerle terreno al PP; de paso, los primeros han engullido a IU, y los otros a UPyD. Los mass media les han dado el protagonismo que para sí hubiesen querido partidos con mayor representación parlamentaria y municipal; les han aplicado masajes en forma de entrevistas amables, e invitado a tertulias en las que el debate giraba en torno a sus personas y formaciones políticas…

Esos medios han ido construyendo una especie de democracia virtual, hegemonizada por las tertulias y sustentada en encuestas demoscópicas que anuncian el cambio, en paralelo —y en detrimento— de la democracia real, aquella triste y aburrida pléyade de parlamentarios, concejales y alcaldes, elegidos en elecciones democráticas, de los que algunos renegaban bajo la consigna del “no nos representan” (Ahora, ¿”sí/no nos representan?).

En la sociedad de la (des)información y del espectáculo. En la sociedad de la transparencia y de la vida líquida. En la sociedad basada en la desconfianza de los ciudadanos hacia sus representantes políticos, los nuevos líderes han encontrado en los clásicos a los chivos expiatorios de todos sus males, los cuales, por otra parte, asisten impotentes a la fragmentación y debilitamiento de su poder, mientras se globalizan la información y la economía. En esta sociedad, son los medios de comunicación —en cuanto voceros de las fuerzas económicas hegemónicas — quienes controlan la hoja de ruta política, e iluminan o dan sombra a los líderes políticos.

Mientras, en España (¿solo en España?), la política se traslada de las instituciones y los parlamentos a los platós de televisión. Una España que vive una segunda Transición: aquélla que va desde la Democracia Real, hacia la Democracia Virtual. Sobre la base real de la precariedad socioeconómica extendida por la crisis económica y de la corrupción —que regresa desde el pasado, como los tuits indignos de Zapata & Cia.—, se inaugura un nuevo sistema que desea partidos débiles y cautivos de los medios de comunicación, en cuanto poderosos emporios empresariales que buscan el beneficio económico y, por lo tanto, la consolidación y crecimiento del sistema capitalista. Una nueva democracia protagonizada por líderes jóvenes, carismáticos, mediáticos, encumbrados a partir de su presencia en la brega de las tertulias televisivas.

Dado que, a corto plazo, es improbable que éstos logren asaltar la Moncloa (el cielo deseado), su misión utópica conecta con los intereses de los holdings de la comunicación. De esta manera, se moldean partidos dirigidos por líderes telegénicos  elegidos en primarias (fiestas de la democracia con auténtico sabor americano), y que prometen un sistema electoral de listas abiertas (demandado, dada su mayor complejidad, por los ciudadanos mejor informados). Además, esos sistemas electivos son los deseados por los medios de comunicación porque priman el personalismo y, en la sociedad de la información, se imponen.

En este entorno no hay mejor práctica política que aquella consistente en sustituir los aburridos discursos parlamentarios y las votaciones ya conocidas de antemano (no digamos de las comprometidas asistencias a reuniones y manifestaciones reivindicativas), por las tertulias televisivas que uno puede seguir cómodamente sentado en el sofá.

Productos políticos elaborados a la sombra de una crisis, provocada por el pinchazo de dos burbujas: la financiera y la inmobiliaria —con su correlato de corrupción—, Podemos y Ciudadanos, presentan las características de todo fenómeno inflacionario. Pues, así como los mercados inmobiliario y financiero se desarrollan paralelamente a la evolución de la economía real, para llegar a separarse drásticamente de la realidad socioeconómica —por movimientos especulativos—, hasta que se produce el pinchazo de la burbuja creada, los nuevos partidos —que han crecido al amparo de esa democracia virtual patrocinada por las grandes cadenas privadas de televisión—, pueden ver cortado su desarrollo cuando esos medios atiendan a otras necesidades políticas.

“¡Hasta luego, Lucas!”, exclamó Ferreras en la noche electoral. Tal vez, no era consciente de emitir un mensaje polisémico: “¡Adiós, líderes de una época superada por la corriente de la Historia!”. Pero también, “¡hasta pronto!”, tal vez, “hasta las próximas elecciones”, una vez sea pinchada convenientemente la presente burbuja político-mediática.

El ocaso de los líderes mediáticos

 

Los resultados electorales del 26J presentan un claro ascenso del PP del veterano Mariano Rajoy, y la pérdida de soporte electoral de las otras tres formaciones que le disputaban su candidatura a la Presidencia del Gobierno: Pedro Sánchez, del PSOE, que vuelve a obtener el peor resultado de la historia de su partido; Pablo Iglesias, de Podemos, que se estanca a pesar de la coalición con la Izquierda Unida de Alberto Garzón; y Albert Rivera, de Ciudadanos que pierde buena parte de los votos que le quitó al PP en las anteriores elecciones.

Estos jóvenes líderes forman parte de la nueva hornada de políticos de la denominada nueva política, caracterizada por el dominio de las técnicas del marketing político y la presencia continua ante las cámaras de la televisión.

Podemos observar en este nuevo paradigma político, que la selección de los líderes de los partidos políticos presenta las siguientes notas características y comunes:

a) Son personas con una buena presencia física.
b) Poseen habilidades en el terreno de la comunicación (saben comunicar, dominan el arte de la retórica)
c) La inmensa mayoría de ellos han empezado a ser conocidos por el público a través de su participación en programas televisivos, en su calidad de contertulios.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habían salido de la factoría de la TDT Party (Intereconomía, 13TV). Pablo Iglesias, Tania Sánchez y Cia., posteriormente, colonizaron el espacio político en Cuatro, Telecinco y La Sexta, al cual se integró, con pujanza, Albert Rivera, líder de Ciudadanos y, con menor intensidad, Pablo Casado, del PP.

De todos ellos, cabe destacar la presencia mediática de los líderes de Podemos. Nunca en la historia reciente de España, una formación extraparlamentaria había obtenido la repercusión mediática de Podemos y sus circunstancias. Como he expuesto en la entrada ‘El candado de la Transición’ (http://wp.me/p5yGMp-8), tal vez la sobreexposición televisiva de Pablo Iglesias se debía, en un principio, a una campaña de debilitamiento del PSOE emprendida por la TDT Party, así como el apoyo hacia Albert Rivera y Ciudadanos buscaba restar votos al PP.

Posteriormente, Mediaset y Atresmedia tomaron el relevo e incidieron en la promoción del fenómeno Podemos, dentro de un entramado político-empresarial en el que destacan los índices de audiencia conseguidos con la presencia de esos líderes, dentro de unos espacios televisivos cada vez más cercanos al color rosa de un ‘Salvemos‘ de luxe, en los que gente cuyo mayor mérito reside en ser -o haber sido- pareja de alguna persona famosa, consigue el Principado del Pueblo.

Por otra parte, en cuanto a los sistemas de selección de los líderes citados -excepción hecha de los pertenecientes al PP-, la preferencia se ha decantado a favor de celebración de primarias. En este procedimiento de selección de líderes destacamos estas nota características:

1) Se da más relevancia al carisma y a la imagen que al programa político (en algunos casos, inexistente, por fluctuante)
2) Los cuadros intermedios y la militancia de los partidos cede su protagonismo a los simpatizantes o a los futuribles votantes, en general.
3) De ello, se infieren organizaciones de tipo presidencialista, por el mayor peso del líder sobre la organización y el programa.
4) Mayor repercusión de estos procedimientos en los medios de comunicación, los cuales agradecen los duelos entre líderes e incluso pueden participar en los mismos, decantándose a favor de uno u otro de los candidatos.

Estos sistemas, importados de la democracia estadounidense, tienen una fuerte componente mediática y, por ello, ineluctablemente, son mediatizados por el entramado mediático. No en balde, los medios y sus profesionales se manifiestan ostensiblemente partidarios del procedimiento de primarias. Día tras día, lo hacen público en sus intervenciones en los múltiples programas de tertulias televisivas, donde establecen diálogos, disputas, en definitiva, relaciones con los posibles aspirantes a encabezar alguna opción partidaria para encabezar una candidatura.

Para lo medios, las primarias son más atractivas desde el punto de vista informativo que los procedimientos burocratizados de selección de líderes, ya que pueden generar debates y conflictos entre varios candidatos, y eso sí que es noticiable, no la normalidad (aunque sea aparente) de la selección burocrática. Además, en las primarias sobresale la política de imagen, lo que viene como anillo al dedo al ADN de la televisión.

No obstante, podemos constatar que la política de ascensión de dirigentes a los altares mediáticos (TV, principalmente) a través de las primarias, genera líderes mediático-dependientes que viven de su presencia en los medios de comunicación. De ahí que estos líderes pueden caer en las redes de intereses de los medios, lo que equivale a decir, en las garras de los dueños de dichos medios, que no son otra cosa que empresas privadas a la búsqueda del beneficio económico.

Todo ello permite a los mass media asegurarse que esos líderes servirán a sus intereses  (haciendo incrementar sus niveles de audiencia) y que circunscribirán su actuación a las preferencias políticas de aquellos, las cuales han de encajar dentro de los parámetros ideológicos y económicos del sistema capitalista, al que tanto sirven y tanto deben.

Probablemente, el contraste entre la gravedad de los hechos acaecidos en la Política Real (salida del Reino Unido de la Unión Europea, entre otros) y la frivolidad demostrada por la Política Virtual ante las cámaras de televisión, haya decantado el voto hacia el PP como partido conservador y responsable.

Mas, durante esta campaña electoral hemos asistido, entre otros hitos mediáticos, a la entrevista que Ana Pastor realizó a Pablo Iglesias en La Sexta, donde le puso en algún aprieto dialéctico, inesperado, por cuanto provenía de fuego amigo.

En definitiva (está pasando, lo estamos viendo), los medios de comunicación quitan y ponen Rey, en ayuda de su señor, que no es otro que Don Dinero, poderoso caballero.

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Entre NiNis y NoNos (representan)

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Felipe González […] es un hombre de negocios en América Latina. Es un millonario que asesora a Carlos Slim y a los multimillonarios del continente americano. Se aloja en hoteles de cinco estrellas y ya no tiene nada que ver con aquel Felipe González de 1979 que hablaba de la democracia del pueblo o con aquel Felipe González de 1982 que apeló a la ilusión de la gente por el cambio. A Felipe González no le gustan los pobres, los odia. Las élites políticas odian al pueblo […] tenemos élites políticas que odian a la gente“.
PABLO IGLESIAS, Conversación con Pablo Iglesias, pág. 112.

Las dificultades económicas de la crisis han hecho proliferar esa especie de joven que se ha dado en llamar nini (ni estudia, ni trabaja) y que -según Eurostat- en España representa a uno de cada cinco jóvenes.

La bondad o la miseria de su status quo habría de dilucidarse a la luz de la encrucijada introducida por la Biblia sobre la concepción del trabajo como maldición, por la caída en el pecado original, y su continuidad en el paradigma marxista, según el cual el trabajo en el sistema capitalista es una lacra psicosocial que conduce al ser humano a la alienación. Por otra parte, también es conocida la postura ideológica según la cual el trabajo se erige como fundamento de la dignidad de la persona (sin trabajo no se pueden atender las necesidades básicas del individuo y su familia; sin trabajo la persona pierde un medio imprescindible para su socialización).
Sin profundizar, de momento, en ese fenómeno psicosocial, imprescindible para comprender nuestra sociedad y poder dar pautas de futuro, debemos destacar que la crisis, también nos ha traído otra clase de sector social, compuesta por jóvenes -y no tan jóvenes-: la de los nonos, aquella que gritaba en las manifestaciones organizadas por la plataforma del 15-Mno nos representan“, y que tuvo un antecedente en el eslógan “no nos falles“, dirigido por los jóvenes socialistas a su líder José-Luis Rodríguez Zapatero, y el posterior “no nos defraudes“, hacia Pedro Sánchez.
El germen del movimiento de los nonos se encuentra en el libro-arenga de Stéphane Hessel ¡Indignaos!: Ante las desigualdades, las injusticias y la miseria que provoca la crisis del sistema capitalista, se convocaba a los jóvenes, principalmente, a la indignación como posicionamiento ideológico y praxis política. Como producto de vistosos fuegos artificiales ante las contradicciones del régimen, el libro no buscaba la raíz de los problemas, ni la coherencia y radicalidad de las soluciones, sino el mero resorte emocional capaz de llevarnos a la indignación y de ahí a la protesta callejera y en las redes sociales.
No nos representan“, es decir, los millones de votos (mayoritarios) a los partidos tradicionales (o no tan tradicionales) ¿eran de peor calidad (por no decir nulos) que los otorgados a las formaciones de nuevo cuño, o respecto de la opción de la abstención y el voto nulo? ¿Pura escoria ante cualquier número de manifestantes, por grande que sea? ¿Nimiedad ante el voto virtual que otorgan las encuestas?
Los no-nos ¿representan a una clase de ciudadanos ética y políticamente superiores a la, por ellos, denominada casta? ¿Quién, aparte de ellos mismos, les ha concedido esa legitimidad para ser “los buenos de la película” y arrogarse la representación de ‘la gente’, de todo un pueblo?
Y, en eso, llegó Podemos a las instituciones, con su petate repleto de indignación y de esperanza, y de jóvenes líderes ya baqueteados en la política de asesoramiento a gobiernos de América Latina, de cuya actividad Juan-Carlos Monedero (el ideólogo del proyecto) y otros dirigentes del partido han conseguido algún que otro emolumento sustancioso. Por cierto ¿no es este fenómeno lo más parecido al Felipe González descrito en la cita de Pablo Iglesias, que encabeza esta entrada? ¿Es el mismo el Monedero-Podemos de 2016, que el de 2011, por ejemplo? ¿Será el mismo, pongamos, que el de 2020? Tiempo al tiempo. La verdad es que el fenómeno promete.
Cierto nivel de insolencia y atrevimiento es propio de la gente joven. Pero, personas ya no tan jóvenes como Monedero, ahora vienen a contarnos el cuento de la Transición (La Transición contada a nuestros padres, se titula un libro suyo). Y así, a quienes tuvimos que tragarnos nuestro miedo para asistir a reuniones clandestinas y correr delante de los grises, nos espeta que nuestro esfuerzo fue inútil y que todo fue una patraña (tal vez, ¿con Franco vivíamos mejor?), y que ahora vienen ellos para romper el candado de la Transición, empezar un nuevo proyecto constituyente y poner todo patas arriba. Pero, ¿para llegar adonde?. No se sabe… De momento, el impasse institucional en el que se encuentra España convierte en tarea casi imposible la formación de gobierno.
También cabe resaltar la transición sui generis de Podemos, aquella que consiste en contemplar en su programa electoral para-entrar-en el Parlamento Europeo la edad de jubilación a los 60 años y el impago de la deuda pública, entre otras propuestas, y que ahora ya no son posibles. O sea, que sin apenas tocar poder, van templando su programa político a las gaitas que resuenan en los mercados, los medios de comunicación y las agencias demoscópicas. En definitiva, ¿más de lo mismo?, ¿más táctica y estrategia para-entrar-en, y para-mantenerse-en? ¿Más Juego de Tronos/as?..
Los fuegos artificiales son un espectáculo pletórico de color y de ritmo que encanta a ‘la gente’. Mas, en cuanto explota la última carcasa, todo el mundo sabe que hay que irse a hacer nono… y que mañana será otro día. Por ello, tan solo queda desear: ¡Felices sueños!

(Ilustración: Graffiti en el parque de Marxalenes, Valencia)

Abrir el candado de la Transición… y del Gobierno de España

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Muerto el Generalísimo, de una manera poco digna, el día 20 de noviembre de 1975, entre tubos y máquinas que alargaron artificialmente su agonía, dio comienzo el posfranquismo, una nueva etapa socio-política llena de incertidumbre y esperanza, a partes iguales.
Ruptura o transición pacífica, fueron las alternativas que se plantearon en ese momento histórico. Al final, se impuso el pacto entre los grupos políticos aperturistas, provinientes del antiguo régimen, y los partidos políticos de procedencia republicana que (mal)vivían, o bien en la clandestinidad impuesta por el régimen franquista (fundamentalmente, el PC), o bien en el exterior y en un prolongado letargo interior (PSOE, principalmente).
Del acuerdo sobre el procedimiento de acceso a la democracia, no sin problemas, dudas, impasses, tanteos y retractos, nació la vigente Constitución española de 1978. Su comisión redactora, constituida por los denominados “Siete Padres de la Patria” (entre ellos, no hay que olvidar, el catalán Miquel Roca i Junyent como miembro destacado), propuso un texto que fue aprobado en Cortes Constituyentes, para ser ratificada, finalmente, por amplia mayoría del pueblo español (catalanes incluidos; vascos, no) a través de la celebración del referéndum correspondiente.
Estado social y democrático de derecho, Monarquía Parlamentaria y Estado autonómico, son los ejes fundamentales sobre los que se ha basado un desarrollo de los derechos y libertades de los españoles, durante un periodo que se puede catalogar como el de mayor y más prolongada estabilidad político-social de la historia de España que —paralelamente al mismo, o como consecuencia de él—, vino acompañado de un profundo desarrollo económico y cultural.
Pero, la actual crisis económica parece haber hundido los pilares socioeconómicos y lleva camino de poner en cuestión los valores ideológicos imperantes durante la Transición y el posterior periodo constitucional, por los motivos siguientes:

-El incremento exponencial del paro, producido por el cierre y debilitamiento del sector empresarial
-El gran número de casos de corrupción político-empresarial (generados en periodos anteriores a la crisis, pero que son revisados ahora, dada la lentitud de la Justicia).
-Las acciones poco ejemplarizantes llevadas a cabo por personas que ostentan los poderes máximos del Estado, de las comunidades autónomas y de las entidades locales (incluida la Corona, símbolo del Estado).

Todo ello, ha provocado la emergencia de movimientos denominados “de indignación” —en referencia al célebre libro de Stéphane Hessel. Así, los movimientos del 15-M, las Mareas blancas, verdes…, se condensaron en la constitución del partido Podemos, con su líder carismático (¿por mediático?), Pablo Iglesias, el cual ha ido obteniendo éxitos notables en las elecciones europeas, autonómicas y locales, y generales.

En su día, Podemos apostó por “abrir (¿con ruptura?, ¿con la llave?) el candado de la Transición”, es decir, por pasar página al periodo constituyente y constitucional plasmado en la Constitución de 1978, y abrir un nuevo melón constituyente, capaz de regenerar la vida política, a través de dotar de transparencia al sistema para acabar con la corrupción, que se considera generalizada.
Al objeto de conseguirlo, se pusieron en marcha los siguientes resortes:

-Procedimientos partidarios proclives al asamblearismo y a permitir una mayor participación de los afiliados y simpatizantes —a través de las redes sociales, en buena parte—, ya que los políticos actuales —tildados como casta— “no nos representa(ba)n”.
-Una propuesta de relevo generacional, imprescindible para conseguir ese objetivo de regeneración política; fenómeno que ya se ha hecho realidad en una parte significativa de las instituciones del Estado, fundamentalmente, con la abdicación del Rey Juan Carlos I, en favor de su hijo Felipe VI, el relevo en la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez, y la entrada en la escena política del joven -aunque no bisoño- Albert Rivera, de Ciudadanos.

Esta aventura iniciada por los movimientos de la indignación —y cuando la estructura del Estado se ha visto debilitada por los efectos de la crisis—, también ha sido secundada por el movimiento soberanista catalán, a pesar de haber sido partícipe activo en el proceso de aprobación de la Constitución española, de la planta constitucional española —sistema autonómico incluido—, teniendo un peso determinante en la gobernanza del Estado, siempre a cambio de réditos en materia de recursos para Cataluña.
Así mismo —aunque de una manera más dubitativa—, el PSOE ha entrado en esta espiral de la indignación (de radicalización), en su intento de contrarrestar la pujanza de Podemos, que hace peligrar su puesto de partido hegemónico de la izquierda española y, por lo tanto, de seguir ostentando el papel de partido de la alternancia en el gobierno. Ciudadanos, por su parte, ha plantado la bandera de la lucha encarnizada contra la corrupción en su exiguo territorio y se niega a admitir en el mismo a sospechosos de la más mínima impureza política.

De momento, los logros de esa añorada Segunda Transición en España se circunscriben al debilitamiento del bipartidismo, y a la -que parece insalvable- dificultad para formar el Gobierno de España, tras dos intentos fallidos derivados de las elecciones del 20-D-15 y en la repetición del 26-J-16.

Esta nueva política -en la que predomina la miopía a la que conducen los intereses partidistas, la bisoñez de la mayoría de los líderes políticos, y la política de mercadotecnia-, en lugar de llevarnos hacia una Segunda Transición, parece que nos dirige hacia un impasse peligroso, dados los retos que debe afrontar el Gobierno de España: salida de la crisis económica, nueva planta constitucional y autonómica, “brexit”…

En fin… a ver quien es el guapo que abre este candado.

(Ilustración: Graffiti de DEIH en el parque de Marxalenes, Valencia)