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Eurocopa 2016: Guerras de religión

En los tiempos que corren, la evolución del hombre toma el más completo sentido como animal bípedo. Ahora, precisamente, cuando la habilidad para correr, saltar, jugar con una pelota con los pies (y con la cabeza) remueve el corazón -y los bolsillos- de millones y millones de seres humanos en todo el planeta.

Ahora, precisamente, cuando con motivo de la celebración de la Eurocopa 2016, asistimos impávidos ante el televisor que nos muestra las imágenes de hordas venidas de las estepas rusas, de la pérfida Albión y de otros lugares de la otrora civilizada Europa, protagonizando auténticas batallas campales en territorio galo.

Tras la muerte del Dios de toda la vida, declarada por Nietzsche, la gente común había encontrado su sustituto espiritual, primero, en las estrellas del cine, y luego en los cracks del deporte (Maradona es Dios, directamente). Las clases ilustradas, por el contrario, se amparaban bajo el manto filosófico bordado con aguja e hilo prestados por la Ciencia. Sin embargo, al pensamiento científico le falta el sentimiento, incluso, niega la trascendencia, cosas que, por el contrario, sí que son aportadas por la religión.

Y toda religión se nutre de dos polos conceptuales opuestos: por arriba, la promesa de algún Paraíso Celestial para los que han obrado bien; a ras del suelo, o en el inframundo, el castigo para los infractores de los preceptos espirituales.

En estos tiempos que corren tanto, en España -fuera del consenso establecido en torno a La Roja-,  la mayoría encuentra el Paraíso en la Galaxia Merengue (que en periodo de competición internacional disemina sus estrellas por todo el orbe futbolístico), mientras el inframundo queda reservado para todo aquel que está fuera de su órbita celeste. Y así como la redención de los pecados se hace a través de la penitencia (repetir alguna oración en silencio y hacer propósito de enmienda), algunos encuentran una nueva forma de salvación personal -económica- y de ascensión social, en la habilidad demostrada con la utilización de datos, palabras y conceptos específicos de una actividad que se puede considerar poco importante para el destino de la Humanidad, como es el fútbol.

Todos conocemos hombres y -cada vez más- mujeres imbuidos de esta jerga lúdico-profesional integradas en círculos comunitarios que potencian una identidad propia del grupo, o que predican, llenos de carisma, su buena nueva desde púlpitos mediáticos. Dominar la significación de conceptos técnicos, tales como, “sistema 4-3-3”, “centrocampista desequilibrante” “defensa carrilero”, “tridente ofensivo”, “dream team“… Estar a la última de los hechos más insignificantes que les suceden a los “galácticos” (también a los “mediáticos”, sus adversarios), así como -con la mayor naturalidad y simpatía- pasar olímpicamente de las hazañas deportivas de los otros equipos, representa una garantía de cumplir con los deberes de la religión de nuestros días y, en su caso, de atender al reclamo de los bolsillos. A pesar de que algunas personas del universo intelectual puedan declarar estos personajes como individuos con pocas luces, logran ser considerados como eminencias sociales, en el terreno de las tertulias televisivas y dentro del círculo de los que siempre apuestan por el caballo ganador.

Se dirá que, por tratarse de información sobre un juego como es el fútbol, esto no representa un fenómeno social demasiado preocupante. Sin embargo, tendremos que admitir que esa información es bastante sensible para millones de personas en todo el mundo, que tienen depositadas en su corazón las esperanzas de éxito de sus equipos del alma, y que este fenómeno social mueve mucho dinero. También, que -a menudo- la tensión y la violencia que se generan en los campos de fútbol vienen motivadas por una sobreexposición mediática del fenómeno deportivo, y por un tratamiento periodístico parcial, discriminatorio.

Mas la información deportiva no mantiene en exclusividad la pérdida progresiva de la objetividad y la imparcialidad, sino que, en la era del reinado absoluto del dinero, los grandes medios de comunicación generalistas responden de igual manera a las respectivas consignas políticas y partidistas, las cuales se hacen casar con sus intereses crematísticos, por lo que el grado de degradación de los valores éticos (antes casi sagrados) asignados a la profesión periodística ha llegado a niveles muy bajos, por no decir ínfimos. Rodando, rodando, las sinergias propias producidas por la actuación práctica de los sectores económicos, políticos y de los medios de comunicación, han creado una bola con material compartido de aspecto muy sospechoso y que cada vez se hace más y más grande, más poderosa, y sobre la cual ya no hay fuerza social que pueda actuar para detener su caída libre.

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Homenaje de la selección argentina al Papa Francisco. Vitrina de los Museos Vaticanos

Dios aparecía representado en las artes plásticas y en los textos antiguos actuando a través de sus manos, ahora creadoras, ahora punitivas. Dios, sin embargo, no ha muerto definitivamente, tal como preconizaba Nietzsche. No, sucede que Dios ahora se ha hecho humano, demasiado humano, y su fuerza creadora ha descendido de la mano al pie, para hacer rodar el mundo … en forma de balón de fútbol.

Y la patada que elevó el esférico al cielo provocó el eclipse de Dios, de cuyos efectos negativos ya nos ha advertido el Papa Francisco.

La Verdad, herida. Prensa e información

Mucho se ha especulado sobre el concepto de “Verdad”:

¿La verdad existe?

¿Hay una sola verdad, o varias, tantas como individuos tiene la especie humana?

Existen los hechos.

La correspondencia entre los hechos, las palabras y los conceptos, puede ser bautizado como Verdad.

El ser humano ha buscado a través de la historia el concepto de verdad filosófica, en cuanto proceso reflexivo que trata de asentar principios válidos para servir de guía para la vida individual y colectiva. La verdad científica vendría a ser una extensión de la anterior, que trata de establecer las leyes que rigen el universo, mediante la utilización de una metodología propia. Son los instrumentos intelectuales que han facilitado el progreso de nuestra especie.

Denominamos verdad jurídica la dictaminada por el Poder Judicial cuando hacen corresponder unos hechos (probados en un juicio) con los tipos delictivos y las leyes vigentes. De ella penden la propiedad privada, la libertad, e incluso la vida de los individuos.

Y existe la verdad informativa, en cuanto adecuación de determinados hechos con aquello que conocemos como “noticia”. Bebe de los otros tipos de verdad y, por ello, produce los siguientes efectos:

  • Ayuda a las personas a construirse una idea sobre la actuación de determinados individuos y lo que sucede en nuestras sociedades.
  • Facilita los medios para juzgar a las personas y, en particular, a los líderes de la tribu y a las clases dirigentes del sistema socio-político.
  • Orienta el pensamiento de los individuos hacia las diferentes alternativas políticas e ideológicas.

Cada una de las vías de búsqueda de la verdad sigue su camino exclusivo, pero también viven en régimen de colaboración y competencia.

En la era de la información la verdad informativa actúa como hegemónica, ya que se nutre de los descubrimientos filosóficos y científicos, así como de los actos de los órganos jurisdiccionales, los anticipa, los divulga y, en el caso de la justicia, influye en sus decisiones y difunde sentencias firmes entre los miembros de la sociedad, cuando los procesos aún no han sido finalizados.

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Franz Blumauer, figurín de Amfortas, Parsifal, Palau de les Arts Reina Sofia, 2008

 

Hoy podemos observar que, como el rey Amfortas, guardián del Grial, la verdad informativa se desangra, herida de gravedad. Su mal tiene diversos orígenes:

  1. El crecimiento de la masa del contenido informativo y la aceleración de la velocidad alcanzada por su difusión.
  2. La preeminencia de los intereses económicos y, por ello, la pérdida de objetividad e imparcialidad, a favor de concretas tendencias políticas y de las corporaciones omnipresentes y omnipotentes del sistema (empresariales, deportivas, etc.).

Con motivo de la presunta relación de famosos futbolistas con el “caso Torbe”, se expusieron a la luz de la verdad las tendencias marcadas por los medios de comunicación en la difusión de determinadas noticias:

  • ¿Por qué surgió esta información poco antes de que debutase la selección española en la Eurocopa del 2016?
  • Los titulares de la mayoría de las televisiones centraban los presuntos delitos de abusos sexuales en De Gea (fue objetivo de los galácticos) y Muniain, ¿tal vez, como protección al jugador del Real Madrid, Isco,  que también figuraba en el presunto entramado?
  • Tras dos días de ser noticia, esta desaparece de los medios en vísperas del partido que ha de jugar la selección española el lunes, día 13 de junio, y cuyo principal debate ahora se centra en la titularidad de la portería entre el mismo De Gea e Iker Casillas (exjugador del Real Madrid; y ya sabemos que eso imprime carácter).
  • También llama la atención la permisividad demostrada por aquello que denominamos “opinión pública”, ante los presuntos delitos cometidos por las jóvenes estrellas del deporte (caso Torbe, BenzemaMessi, Neymar, Mascherano…) y los clubes que los amparan, así como la nula tolerancia ante los pecados cometidos por la clase política. Los miembros de esta son considerados como los chivos expiatorios de la crisis, mientras que los otros son los actores del circo que hace más llevadero este periodo de escasez de pan.
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Réplica del Grial de la Catedral de Valencia. Exposición ‘Camins del Grial’. Museo del Almodí. Valencia

Ante el sesgo interesado que toma la política informativa en la era de la información, hemos de constatar lo lejos que nos encontramos del estado de pureza reclamado por la profecía en el Parsifal de Wagner, según la cual la redención ha de venir de “un necio puro que adquiriera sabiduría guiado por la compasión“.