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El cuarto (poder) será el primero (II). Transparencia

La información se extiende por el globo terráqueo, acelera su velocidad de expansión y produce una sobreabundancia de contenidos.

En la era de la información, en la que estamos inmersos, las redes sociales incrementan los canales de comunicación y amplifican la energía que transcurre a través de ellos.

Siempre se ha dicho que la información es poder. Ahora también podemos constatar cómo la información fragmenta y debilita el poder. Por ello, los auténticos detentadores de poder informativo (el poder absoluto de nuestra época) son las grandes corporaciones propietarias de las agencias y de los medios de comunicación tradicionales, cada vez más centralizados por la absorción y fusión de otras empresas en situación de quiebra económica, y que mandan a sus empleados al paro o a la situación de autónomo en su calidad de analista político o contertulio.

El bien más preciado en la era de la información es la transparencia, en cuanto eliminación de todos los obstáculos que se interponen en la transmisión de la información y en la búsqueda de la verdad en el ámbito socio-político. Se predica que la transparencia es necesaria para luchar contra la corrupción que impregna el tejido de nuestras sociedades y, precisamente, la corrupción se ha convertido en el principal contenido que administran los medios de comunicación, pues los sucesos ligados a la corrupción entran en la categoría de los que denominamos malas noticias que, como sabemos, son las auténticas noticias (los actos de la anodina rutina cotidiana no son noticiables).

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¿Quién pone la mano sobre la nunca de Rodrigo Rato?

Como empresas que son, los mass media incrementan sus beneficios con la venta de noticias (aquello que llama la atención del anónimo ciudadano) y, como acabamos de decir, la corrupción se ha (la han) convertido en la principal noticia. Por ello, se busca el caso de corrupción como auténtica piedra filosofal capaz de lograr dos valiosos objetivos: incrementar los ingresos económicos de las empresas y, lo que es más importante, tener maniatada a la clase política. Ello se consigue a través del afloramiento (controlado) de casos de corrupción que, en su inmensa mayoría, provienen de un pasado más o menos remoto, como aquel en el que se ataban los perros con longanizas, antes del estallido de la crisis económica actual. Y, al contrario de lo que sucede con la lentitud de las sentencias judiciales, las penas de telediario se cumplen al instante, son transmitidas en tiempo real.

El poder de los holdings de comunicación se nutre del sentimiento de indignación, tan extendido en una sociedad que ha sufrido los efectos negativos de la crisis económica, y  genera un fenómeno de retroalimentación que halla en la clase política gobernante el chivo expiatorio culpable de todos los males que atañen a la ciudadanía en su conjunto. Además, los partidos políticos colaboran en dotar de energía a ese ciclo de centrar el debate en la corrupción, pues en ello encuentran un arma arrojadiza contra el adversario político, aunque no son conscientes de que con esa lucha de imputaciones, y el correspondiente debilitamiento de los contrincantes en liza, los mass media absorben más y más energía para acabar constituyéndose en el poder hegemónico de la escena ideológica.

Con la denigración y degradación del papel de los políticos y el incremento de poder de los medios de comunicación, se producen las siguientes consecuencias:

  • El derecho a la información se presenta como la piedra angular del sistema democrático, y dada la acentuación de la potencia informativa, nada puede oponérsele, ni derechos individuales tan básicos como el de la presunción de inocencia.
  • Los platós de televisión se convierten en los parlamentos de la era de la información y de la sociedad del espectáculo, al tiempo que surge una nueva generación de líderes mediáticos (la casta-plasma) que se desarrolla a la luz potente de los focos de la plataforma mediático-política que he denominado #Democracia_Virtual_Ya.

A pesar de que cada medio de comunicación es una empresa capitalista que, como todas las empresas capitalistas, busca el mayor beneficio posible, y de que hay una fuerte competencia, tanto en el campo empresarial como en el ideológico, existen fuertes intereses de tipo corporativo que se manifiestan en los siguientes fenómenos:

  1.  Bajo el eslogan de “perro no come perro”, se evitan las críticas y los ataques entre los distintos medios, y entre los profesionales de cada uno de ellos.
  2. Existe un consenso generalizado entre los profesionales del sector sobre la justeza deontológica de cualquier medio utilizado para obtener información, ya sea a través de la filtración de información que proviene de sumarios judiciales declarados secretos, como de cualquier otros sistema de recepción informativa que tenga como emisor a algún agente inserto en el ámbito de la delincuencia.
  3. En definitiva, los propietarios, directivos y empleados de los grandes medios de comunicación actúan como una clase política más homogénea de lo que puede parecer a primera vista.

Ante tanta exhibición de poder, algunas voces se alzan para intentar poner puertas al campo. Sin embargo, en la era de la información lo más lógico es que el caudal informativo crezca cada vez más, y se difunda con mayor celeridad. Por ello, es de prever  que, como sucede con cualquier otro poder contemporáneo, probablemente, el Cuarto Poder sufrirá los efectos que lo han de conducir a su segmentación y debilitamiento:

  • La obsesión por conocer las retribuciones de los políticos y criticar los gastos efectuados por las administraciones públicas, también podrá extenderse a los miembros de las empresas periodísticas.
  • Se exigirá a los medios de comunicación la misma transparencia y, por lo tanto, la responsabilidad por sus errores, que la reclamada hoy en día a la clase política y a los funcionarios públicos en el ejercicio de sus cargos. Los políticos y los miembros activos de las redes sociales actuarán (de hecho, ya actúan) como críticos de la clase periodística.

Como colofón a este fenómeno natural de expansión informativa, ¿cómo juzgáis la siguiente propuesta?:

Que se establezca por ley la obligación de levantar el secreto del sumario, cuando se produzca la filtración de parte del mismo (con ello se respeta la libertad de información y, al tiempo, se garantiza el derecho a la defensa  y la presunción de inocencia de las personas).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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#Democracia_Virtual_Ya (Acto IV). O cómo tomar el Parlamento por asalto

Escena primera

Todo empezó un 26 de marzo de 2011, cuando Pablo Iglesias fue presentado por primera vez en un plató de televisión. Fue en TeleCinco.

Perdón. El origen de todo hay que buscarlo en la grave crisis económica, que tiene como hito iniciático la caída del banco Lehmans Brothers en setiembre del año 2008. Y como correlato de la misma, el libro-panfleto de Stéfhane Hessel  ¡Indignaos!, publicado en 2010. Después vinieron las manifestaciones y las acampadas del denominado movimiento del 15-M (de 2011).

Mientras presentaba el programa de televisión La Tuerka y se mostraba como líder del movimento de los indignados, Pablo Iglesias fue invitado al programa La Noria, presentada por Jordi González. Posteriormente -tal vez esperando que esta figura carismática restara apoyos electorales al PSOEIntereconomía lo convirtió en tertuliano habitual del programa El Gato.

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26 de marzo de 2011. «Este caballero es el profesor de la Universidad Complutense, Pablo Iglesias. Espera, que no me han puesto tu nombre. ¿Cómo te llamas?».

 

De ahí a su presencia habitual en Cuatro, TeleCinco, 13TV y, sobretodo, en La Sexta, en el programa de tertulia La Sexta Nocheplataforma mediática a la que he dado el nombre de #Democracia_Virtual_Ya-, donde Iglesias y otros miembros destacados del recién formado partido político Podemos -sin presencia institucional alguna-, se convirtieron en los putos amos del plató.

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El debate sobre el estado de la nación se traslada del Congresos de los Diputados a los platós de televisión, con Pablo Iglesias como antagonista principal del Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, aun no teniendo representación parlamentaria, aún.

Escena segunda

Esta presencia constante en los medios de comunicación, el carisma y la formación en materia política y sociológica de los líderes de Podemos, sobre el substrato de indignación alimentado por la crisis económica, hacen posible que esta formación política obtenga unos buenos resultados en las elecciones para elegir a los eurodiputados. Eso sí, con un programa electoral que prometía el oro y el moro, irrealizable, pero que entraba con facilidad en las mentes de los españoles indignados.

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Spanish Euro Deputy and leader of left-wing political party Podemos, Pablo Iglesias Turrion, attends a debate on the ongoing migration crisis at the European Parliament in Strasbourg, eastern France, on October 27, 2015. AFP PHOTO / PATRICK HERTZOG

Escena tercera

Continuando con su ascenso electoral, en las encuestas y en los platós televisivos, la formación de Pablo Iglesias -con pactos postelectorales con algunos partidos nacionalistas-, hacen posible gobiernos socialistas en gran cantidad de Comunidades Autonómas y de Alcaldías para formaciones de ámbito autonómico o local como Ahora Madrid, Barcelona en Comú y Compromís en la ciudad de Valencia. Eso sí, con un programa electoral que tiraba a la basura buena parte de las anteriores, y utópicas, promesas electorales.

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Ximo Puig, Mònica Oltra y Antonio Montiel, suscribiendo el Acord del Botànic entre el PSPV, Compromís y Podemos, para dar la Presidencia de la Generalitat Valenciana al líder socialista y la Alcaldía de Valencia a Joan Ribó, de Compromís.

Escena cuarta

Entrada triunfal en las Cortes Españolas -con bandas de música, bicicletas, y bebé a bordo incluido-, como consecuencia de los excelentes resultados en la elecciones del 20-D de 2015. El programa electoral es lo de menos; prima el marketing político y los gestos encaminados a llamar la atención de los medios de comunicación, a cualquier precio.

Con ello, se pretende dar a entender que la gente entra en el Parlamento Español, por primera vez desde el inicio del sistema constitucional español; que se inaugura una nueva democracia. Así, hay que devaluar el formalismo solemne que siempre ha caracterizado el funcionamiento de las instituciones que acogen la representatividad democrática del pueblo y, consecuentemente, denigrar gradualmente los valores democráticos, empezando por la seriedad necesaria en estas lides y el respeto debido a los representantes del pueblo.

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Las bicicletas (y la indumentaria informal) son para el Congreso…

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… Y el smoking para la reunión con los colegas (Antonio Resines, entre otros) en la gala de los Premios Goya 2015)

 

Conclusiones provisionales

Gradualmente, los debates políticos se han ido trasladando desde las instituciones parlamentarias (donde reinan la solemnidad y el aburrimiento) hacia el entretenimiento de los platós televisivos, dentro de un plan orquestado por la plataforma político-mediática #Democracia_Virtual_Ya.

Ahora, los actores que copan esos platós han traspasado los umbrales de los Parlamentos, proceden a escenificar la espectacularización de la vida política, a semejanza de lo que acontece en los debates televisivos, de manera que se levantan los puentes que han de facilitar el trasvase de los discursos -y de las formas menos solemnes- entre los platós de televisión y las sedes parlamentarias.

 

A continuación vendrán los gobiernos virtuales…

ministros podemos