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Barcelona: Manifestación de discordia, sectarismo y barbarie

Las primeras reacciones tras los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, hacían presagiar que se iba a imponer en Cataluña un clima de unidad política y solidaridad entre las personas y las entidades cívicas, capaz de iniciar una nueva dinámica en la política española de consenso constitucional y respecto de las relaciones de los gobiernos de Cataluña y España.

Sin embargo, la manifestación celebrada en Barcelona el sábado 26 de agosto, ha significado un paso más en la cristalización de las desavenencias que ya venían produciéndose durante la semana anterior a los atentados terroristas, y aún antes.

Dado que el clima de unidad se consideraba que beneficiaba la posición de las formaciones políticas constitucionalistas -principalmente, al PP– los partidos populistas e independentistas -cuyo objetivo común es la desestabilización y derrumbe del sistema constitucional español- pronto arrimaron el ascua a su sardina, y los líderes que pilotan el denominado procés hacia la independencia de Cataluña aprovecharon el protagonismo de la policía autonómica catalana -los Mossos d’Esquadrapara tratar de ofrecer al mundo entero una imagen de Cataluña como Estado virtual que bien pudieran constituirse ya como Estado real, dada la eficacia demostrada por las fuerzas de seguridad catalanas, a pesar de los fallos cometidos en la investigación sobre la explosión del chalet de Alcanar y después de la comisión de los actos terroristas.

El diseño de la cabecera de la manifestación del 26-A ya fue toda una declaración de intenciones de las propuestas populistas e independentistas -con participación especial del Ayuntamiento de Barcelona, presidido por la angelical (H)ADA (Colau), la CUP y la Assemblea Nacional Catalana-, las cuales se concretaban en otorgar el principal protagonismo a la sociedad civil para retirárselo a la (abominable) clase política, es decir, para tratar de ocultar la presencia del Rey, como Jefe del Estado Social, Democrático y de Derecho, así como la de los miembros del Gobierno de España y demás instituciones estatales.

Esta era una forma práctica -y plástica- de juntar el lema del movimiento de Los Indignados (“No nos representan”), con el rechazo de Los Independentistas a los representantes libremente elegidos por los votantes españoles, catalanes incluidos.

Si a eso añadimos los abucheos dedicados al Rey y al Presidente del Gobierno Mariano Rajoy por una parte de los espectadores y manifestantes, junto con las proclamas sobre su responsabilidad (in)directa en la perpetración de los crímenes terroristas (“Vuestras políticas son nuestros muertos”), la exhibición de estelades independentistas, y el nulo recuerdo a las víctimas del atentado, obtenemos un cuadro político corrompido por la desunión del pueblo catalán, así como por el sectarismo de las fuerzas separatistas que manifiestan su odio a todo lo que huela a español, por muy amable y democrático que se muestre.

Ante tal manifestación de incivismo, la periodista de La Sexta, Cristina Pardo, lanzaba este tuit:

Cómo no, los populistas -liderados por Pablo Iglesiasse sumaban al aquelarre antiespañol y anticonstitucional. Ello se plasmó en la entrevista realizada, una vez finalizada la manifestación, por La Sexta al líder podemita, el cual alabó el clima de pluralidad democrática dentro de la unidad y justificó los silbidos y abucheos al Rey y a Mariano Rajoy como un ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Como telón de fondo, una bandera republicana (del 36), alguna estelada y los vítores y aplausos de una clac entregada.

Acto seguido, esa libertad de expresión alabada por Iglesias fue negada a la dirigente catalana del PP, Andrea Levy por la misma clac indepe-republicana.

De “vergonzoso” fue calificado este acto de intolerancia y sectarismo políticos por los presentadores de La Sexta, una cadena televisiva que se ha caracterizado por aupar a los altares mediáticos a Pablo Iglesias y a toda su cuadrilla (antitaurina, aunque amante de los paseíllos ante las cámaras de TV) de podemitas (ex)indignados.

De todo ello, podemos sacar las siguientes conclusiones:

  1. Que la cabra tira al monte, y el movimiento independentista llevará hasta sus últimas consecuencias el procés golpista, en el camino hacia la consecución de un Estado propio (virtual o real). La presentación en el Parlament por Junts pel Sí y la CUP de la denominada “Ley de desconexión”, a los dos días de la manifestación de Barcelona, es la prueba palpable.
  2. Que se rompen todos los puentes con el Estado español a la hora de consensuar una salida, lo más digna posible, para los promotores de este reto anticonstitucional.
  3. Que la sociedad catalana está herida de gravedad, como consecuencia de la fuerte división interna causada por la hoja de ruta independentista, lo que se ha plasmado en la menor asistencia a la manifestación de la esperada.
  4. Que el problema catalán ha mutado en cáncer de difícil curación, y su metástasis ya corrompe toda la política española.

A los demócratas y gente de buena fe solo nos queda recordar a las víctimas de los viles atentados terroristas, y mostrar nuestra solidaridad con todas ellas.

Y, como signo de salud democrática, os propongo una exclamación liberadora: “#TodosSomosAndreaLevy“, aunque no comulguemos con sus ideas.

 

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Convergencia para tumbar la democracia

El eco de las notas y el texto antifranquista de L’estaca, del ahora empresario enólogo Lluís Llach (“segur que tomba, tomba, tomba…”), componía la melodía musical con la que concluía la Asamblea Ciudadana podemita de Vistalegre II. Eran maneras de kumbayá fraternal y fondo de purga estalinista contra el sector de la transversalidad errejonista. Antes y después, han proseguido los paseíllos de autoridades y simpatizantes de la causa independentista catalana en apoyo de los principales líderes de la misma (Podemos también se ha manifestado a favor del denominado derecho a decidir), que desembocan ante las puertas solemnes de los tribunales de justicia españoles.

Ambos movimientos de masas son ejemplos de la convergencia de intereses políticos entre el populismo español y el independentismo catalán (la rama autónoma del populismo), a la hora de intentar liquidar el sistema constitucional de 1978, ahora etiquetado como #RégimenDel78 (“si tires fort ella caurà…”) por aquellos líderes de Podemos que, a duras penas, habían nacido con él. Es decir, se intenta acabar con el sistema democrático al que contribuyeron decisivamente las fuerzas catalanistas (con Miquel Roca como padre de la Constitución) y el pueblo catalán en su conjunto en el momento de votar muy mayoritariamente dicha Constitución. También el catalanismo contribuyó en el diseño y el desarrollo de las bases constitucionales a través de la siempre determinante Convergència i Unió, por lo que el encaje de Cataluña en España supuso importantes beneficios para aquel territorio autonómico, en cuanto a inversiones del Estado y al establecimiento de los sucesivos sistemas de financiación autonómica, siempre pactados con las formaciones catalanistas.

Esta singularidad del espaciotiempo político -que define lo español políticamente correcto– en la que conviven lo más plácidamente posible la izquierda antisistema (y de las CUP) con la derecha catalana más insolidaria, surge a consecuencia de la crisis económica y del quebranto de la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, así como de la mengua de los recursos de las Administraciones Públicas y, con ellas, los de las Comunidades Autónomas. En el fragor de la batalla política -a la cual han contribuido a potenciar los omnipresentes y omnipotentes medios de comunicación de masas- entra en escena el movimiento populista que reclama más igualdad social, y vuelve a la misma el irredentismo catalán, insolidario en cuanto pretende la máxima desigualdad autonómica, o sea, la independencia respecto de los demás pueblos que constituyen el Estado Español, ahora que vienen mal dadas.

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(Fuente: Diario crítico)

No es el único momento en el que fuerzas políticas catalanas han pretendido pirarse de España, ni será el último:

  • La guerra dels Segadors de 1640, supuso un breve periodo de independencia con 11 años de insufrible integración en Francia, un Estado más centralista que el español.
  • El Tancament de caixes de 1899, con la célebre sentencia de Manuel Durán i Basno ens entendran mai“. El grito de “Abaix els lladres“, o los silbidos a la Marcha Real  denunciados por Segismundo Moret en 1901.
  • La proclamación en 1934 del Estat Català en la República Federal española, realizada por Lluís Companys…

Es evidente que la corrupción ha supuesto el debilitamiento del bipartismo imperfecto, con el crecimiento de Podemos y Ciudadanos a costa de los partidos de gobierno (PP y PSOE), involucrados en casos de corrupción que han tenido lugar durante la época de bonanza económica, pero que la lentitud de la justicia y la voracidad de audiencias de los medios de comunicación han hecho bien presentes en nuestro afán.

También és clar i català que la corrupción autóctona (la de fuerza política del #RègimDel80: la CiU de Jordi Pujol) ha servido de detonante para la puesta en marcha de un procés de desconexión con España que bien podría desarrollarse bajo el título español de la película de Woody Allen: Coge el dinero y corre… (que la justicia española -para más señas- nos pisa los talones. Si logramos la independencia “ens podrem alliberar…” de ese yugo tan indeseable).

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y Carles Puigdemont, President de la Generalitat Catalana -ambos republicanos confesos de las Repúblicas española y catalana, respectiva o simultáneamente-, suscribieron un pacto (¡secreto!) y enviaron una carta al Rey de España (sic) para tratar de negociar una salida al referémdum ilegal convocado por el Govern y aprobado por el método de la trágala en el (1/2) Parlament de Catalunya.

Ahora, cuando todo el pescado está vendido ante las sedes de las Fiscalías y de los Tribunales de Justicia, las fuerzas de la Convergencia que pretende socavar la democracia española, no pretenden otra cosa que marear la perdiz, tratar de conseguir el mayor apoyo popular posible, consolidar los liderazgos personales, así como tratar de evitar las inhabilitaciones políticas y los encarcelamientos que ya están en marcha. Aunque, independentista y populistas no deseen saber que tanto las inhabilitaciones como los encarcelamientos transitan por la senda independiente de la judicatura, como es propio de cualquier sistema democrático que se precie.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Bajo la pátina de progresismo y democracia, se ocultan los viejos relatos (de terror) que, por aquel entonces, “l’avi Siset em parlava“…

 

(Fotografía de la cabecera: El Periódico)

 

 

 

 

 

9, 12 d’octubre… #ResACelebrar

L’any passat, Ada Colau, alcaldessa de Barcelona, va mostrat el seu rebuig a la celebració del 12 d’octubre, Festa Nacional o de la Hispanitat, amb un tuit que portava com a etiqueta #ResACelebrar, atés que eixa data significava un genocidi.

Enguany, els corrents ideológics de l’esquerra indignada renoven a Twitter eixe missatge, amb l’etiqueta en castellà: #nadaquecelebrar.

A més de l’inici d’una conquesta d’un territori habitat pel seus indígens, que com a tal conquesta comportà un  genocidi  i la imposició de la cultura, la llengua i la religió de l’Imperi Espanyol, el 12 d’octubre de 1492 marca la data del descobriment d’Amèrica, la nova visió del planeta Terra tal com el coneguem ara, i el començament d’allò que els historiadors han denominat “Edat Moderna”. Per tant, res a celebrar?

Res de nou davall del sol: qualsevol guerra de conquesta suposa la mort de l’enemic a batre i la suplantació, més o menys plena, del seu món cultural i religiòs per l’importat pel vencedor. Vejau què va passar amb la conquesta del Regne Moro de València per part del Rei cristià Jaume I que, amb tropes procedents de Catalunya, Aragó i d’altres llocs va arrabassar la terra i la vida de milers de musulmans per a fundar una nova entitat política anomenada Ciutat e Regne de València, de la qual estem ben orgullossos els valencians, i per això ho celebrem cada 9 d’octubre.

Evidentment, allò que fan els detractors de la celebració del 12 d’octubre és utilitzar el passat històric com a arma per a combatre en el present l’status quo del règim socioeconòmic actual. Una manera com a qualsevol altra de fer revisionisme del passat -amb ulls d’un ciutadà d’ara- perquè s’és impotent per a proposar alternatives de present i de futur al sistema hegemònic existent. Per això es condemna la massacre dels indis per part dels conqueridors espanyols, i alhora es fa una projecció cap a la societat actual on els indis són els pobres d’ara, i els conqueridors, els capitalistes, responsables de la misèria causada a bona part de la població, que pateix els efectes secundaris d’un sistema que també produïx algun benefici per a les societats contemporànies.

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Jaume I, el Conqueridor -com Colom-, amb el braç dret assenyala ‘cap allà’, cap a l’aventura d’un futur incert

És clar, que necessitem eixir dels debats simplistes i intentar analitzar amb més profunditat els problemes, a fi d’extraure-hi conclusions més realistes dels conflictes que atanyen els humans, d’ara i de sempre…

Així, si per a les societats avançades en l’aspecte tecnològic i científic sembla impossible el retorn al jardí primitiu de l’Edén, ens hi podem fer les següents preguntes:

  • ¿És inevitable l’assimilació econòmica i cultural dels pobles considerats com a subdesenvolupats, pobres o salvatges, per part dels sistemes globalitzats i depredadors, tot observant el manament bíblic de consagració a l’extermini, ara sí, en nom del nou Déu del progrés cultural, científic i tecnològic?
  • ¿Què és millor per a la qualitat de vida d’aqueixos pobles diferents, la preservació de la seua vida natural, de subsistència, o l’entrada en l’engranatge de la modernitat cultural i econòmica?
  • ¿És més positiva per al desenvolupament de l’ésser humà la vida dels valors de la llibertat de mercat, de la democràcia parlamentària, i del consumisme, posem per cas, o la conservació dels valors tradicionals i l’arrelament en una terra i una cultura determinades?
  • Poden conviure en pau diferents sistemes de desenvolupament econòmic i d’arrelament cultural?

Tot i que les respostes no són gens senzilles, sembla que, pel bé de la salut física i mental de la Humanitat, ens cal protegir la biodiversitat d’espècies animals i vegetals, així com la diversitat ètnica i cultural dels humans. Les societats primitives viuen bé dins els seus paràmetres econòmics i culturals, no necessiten més béns dels que són capaços d’extraure de la Natura i dels que els calen per a l’intercanvi. Quan són colonitzades per societats de científicotecnologiques més avançades és quan pateixen els mals propis de les zones marginals de qualsevol imperi: desarrelament cultural, pèrdua dels valors ètics propis, misèria econòmica, malalties desconegudes…

Les civilitzacions  superiors  funcionen com un virus o un càncer dins d’aqueixes societats: inoculen el seu ADN cultural i tecnològic, al temps que trenquen els esquemes d’organització tribal o política, creen divisions artificials dels territoris, i generen la guerra interètnica i els conflictes socials que porten a eixes societats a la depauperació i a l’explotació intensiva dels seus recursos naturals. Tot això té com a conseqüències últimes la desarticulació de l’entramat social, la proliferació de la malaltia psicosomàtica entre els aborígens, la destrucció de l’ambient natural i, per últim, un procés que repercuteix greument a les metròpolis: la immigració massiva i no controlada, la fugida de la misèria cap al paradís .

D’altra banda, hem de convindre  que la civilització capitalista ha d’aprendre de les societats més arrelades al medi natural, per a poder conservar la vida en el planeta Terra el màxim temps possible (ja sabem que el nostre planeta té data de caducitat). Tenim algun indici d’on ens pot portar el progrés econòmic sense mesura i el consumisme irreflexiu. Per això, haurem de girar la vista cap a d’altres formes de vida fonamentades en valors de creixement interior de la persona i d’arrelament a la tradició cultural i al medi natural.

En eixe sentit, ens caldrà treballar per una entesa entre la lucidesa dels éssers humans occidentals més conscients i èticament més avançats, i els valors ancestrals de les societats primitives, per a fer possible que l’espècie superdepredadora, per consumista i insolidària, fóra considerada com a espècie a extingir (per tal d’extingir-la ideològicament, no per a perseverar en la seua conservació), a través de processos polítics democràtics i dels sistemes educatius i formatius escaients.

Per tant, res a celebrar?.. però, si la vida és una contínua celebració dins d’una immensa vall de llàgrimes!..